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Política Sociedad
Archivo, agosto de 2024. · Foto: Mara Quintero

Archivo, agosto de 2024.

Foto: Mara Quintero

“La violencia del poder no pudo impedir que se abrazara la ternura”: se realizó una nueva marcha por los asesinatos del Filtro

Un centenar de personas se movilizó en reclamo de justicia a 32 años del operativo policial que terminó con la vida de Fernando Morroni y Roberto Facal.

“Es como que no pasó nada, pero no. Pasaron 32 años, y es como si fuera hoy”, expresó Norma Morroni, este lunes, antes de una nueva movilización en la que se exigió justicia por la muerte de su hijo, Fernando, y la de Roberto Facal, en el marco de la represión policial que hubo en las inmediaciones del hospital Filtro. “Estoy [hecha] un saco de nervios”, acotó.

Norma marcha, hace ya más de tres décadas, junto a un centenar de personas, en repudio de los hechos ocurridos el 24 de agosto de 1994, durante el gobierno del nacionalista Luis Lacalle Herrera, cuando tres ciudadanos vascos acusados por el gobierno español de pertenecer a la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA), Jesús María Goitia, Mikel Ibáñez y Luis Lizzaride, se mantenían en huelga de hambre, internados en el hospital Filtro, luego de haberse solicitado su extradición a España. Afuera, en las calles, miles de personas pedían por el derecho de asilo político. La Policía reprimió: hubo 100 heridos y dos muertos: Facal y Morroni.

En diálogo con la diaria, Norma denunció la “impunidad total” de la situación, ya que a pesar de que a nivel de gobierno “pasó un cuadro, pasó el otro y pasó el otro”, ninguno de ellos actuó de manera de que pudiese hacerse justicia. “Acá no hay justicia. Para ellos es como que no pasa nada y ahora no sé qué esperar”, lamentó. “Todos saben quién es: un policía de radio patrulla, les dimos nombre, les señalamos la casa y nada. Es no querer”, remarcó, en alusión al policía Waldemar Rosas Ruiz, a quien acusa de ser el responsable del asesinato de su hijo.

En la tarde-noche de este lunes, los manifestantes llegaron de a poco al Obelisco, en Bulevar Artigas y 18 de Julio, el tradicional punto de partida de la marcha. El cielo, despejado, acompañaba. No así las bajas temperaturas de un invierno al que aún le quedan unos días. Sin embargo, y a pesar de todo, las movilizaciones continúan de manera ininterrumpida año tras año, y en una pancarta se afirmó que “los fogones de la memoria seguirán ardiendo”.

Norma arriba temprano al lugar y junto con ella llegan los saludos de un sinfín de personas. Un beso, un abrazo. A través de un altoparlante se define a la marcha como “memoria para seguir luchando” y “organizarse contra la represión”, al igual que se manifestó en la proclama de cierre, en la que los organizadores resaltaron el hecho de que “toda la violencia del poder no pudo impedir que se abrazara la ternura”.

La propia Norma lo reconoce: “Yo la amo a la gente, porque cuando me paro y miro todo ese montón de gente, es como una caricia al alma”. Es así que expresó su satisfacción con el vínculo que guarda con personas “de distintos lugarcitos remotos”, algo que la hace sentir viva. “Me llevo todo ese cariño cuando me voy, aunque haga frío, es lo que me alivia”, expresó.

“Yo soy una mamá que puedo en este momento, por lo que me pasó, tener un micrófono al lado. Entonces, hablo en nombre de todas las madres a las que le pasan cosas y que acá no les dan pelota, porque, si sos pobre, no te dan pelota”.

Luego de agolparse alrededor de ella para intercambiar durante un rato, las personas emprendieron la marcha lentamente, aunque a paso firme, hacia la esquina de Bulevar Artigas y Cufré, donde se encuentra el exhospital Filtro. La movilización fue encabezada por un auto pequeño que transportaba a la mamá de Fernando, quien a su avanzada edad no puede desplazarse por sus propios medios por una distancia tan larga. “Antes andaba, caminaba, corría. Hoy no puedo: por diabética, estoy hipertensa, tengo artrosis”, enumeró, pero puntualizó que marchará por su hijo mientras viva.

Detrás iba una enorme bandera que abogaba por una “solidaridad sin transas” –la consigna para la marcha de este año– y, tras ella, los manifestantes, muchos de ellos jóvenes. Así lo evidenciaban las banderas de una multiplicidad de gremios y centros estudiantiles de educación secundaria y terciaria. “Sin memoria no hay futuro”, rezaba el cartel de una manifestante. “Ningún crimen de Estado proscribe. Condena para los culpables”, acotaba otro.

“Siempre les digo: el mundo es de ustedes, gurises. Nosotros los viejos tenemos que corrernos y dejar lugar, que vengan con su fuerza, con sus ideas y con sus cosas. No arriados”, expresó Norma luego de que se le consultara sobre qué siente al ver que nuevas generaciones adhieren a la marcha. Y subrayó: “Ellos tienen que saber pensar”.