El preacuerdo logrado esta semana en el sector de la construcción por un convenio colectivo a cinco años, que incluyó la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, fue considerado como “histórico” por el movimiento sindical y “muy importante” por representantes de las cámaras empresariales, y en el Ministerio de Trabajo lo ven como un modelo de negociación sobre un tema complejo que esa cartera busca impulsar. Pero también generó inmediatas reacciones entre dirigentes empresariales de otros sectores de la economía que se apuran en aclarar que no es extrapolable a otras áreas de trabajo.
El Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (Sunca) convocó a una asamblea general para el jueves 13, en la plaza 1º de Mayo, para poner a consideración el acuerdo, que en su Consejo Directivo aprobaron por aclamación. El texto incluye ajustes salariales anuales y otras cuestiones no salariales que van desde la entrega de ropa de trabajo hasta inversiones en un centro para la primera infancia en Maldonado vinculado a los trabajadores de la construcción, pero sin dudas el punto que más resonó fue la cláusula quinta, por la que se acuerda la disminución de las horas semanales trabajadas de 44 horas a 40 en un plazo de cinco años y sin reducción salarial: a partir de agosto de 2027 se trabajarán 43 horas semanales y año a año se reduce una hora hasta llegar a 40.
Esta cláusula, además, deja en manos de cada empresa la implementación de la reducción horaria: actualmente, en la construcción se trabaja de lunes a jueves nueve horas y los viernes ocho, y se habilita a reducir una hora diaria de lunes a jueves año a año o bajar de a una hora y hasta cuatro horas, año a año, el horario de los viernes. Para el subsecretario de Trabajo, Hugo Barreto, profesor grado 5 de Derecho del Trabajo, este punto es una “señal muy interesante” porque, a su entender, se logró “un muy adecuado equilibrio entre lo que es la mejora de las condiciones de trabajo y la conveniencia de la empresa de arbitrar de la mejor manera posible la reducción del tiempo de trabajo con base en las necesidades de la producción”.
Ruibal: “Me costó entender y digerirlo”
Alejandro Ruibal, presidente de la Cámara de la Construcción, una de las cuatro gremiales que representan a los empresarios en el acuerdo (las otras son Liga de la Construcción, la Asociación de Promotores Privados del Uruguay –cuyo representante fue el exinspector de Trabajo en el gobierno pasado, Tomás Teijeiro– y la Coordinadora de la Industria de la Construcción del Este) consideró que fue “un acuerdo trabajoso, con temas grandes” como la reducción horaria. “Me costó entenderlo y digerirlo, a mí y a los empresarios, porque represento a una cámara. Con las otras tres gremiales también tuvimos discusiones internas y finalmente nos alineamos todos. Hubo idas y vueltas, y la semana anterior se puso tensa la negociación” dentro del sector empresarial, contó. En diálogo con la diaria, expresó que también recibió comentarios “del espectro político y empresarios de otras ramas con miedo que se les contagie y haciendo razonamientos sin conocer mucho lo que estábamos negociando”.
Por ejemplo, una de las críticas que recibió es que este acuerdo encarecería las obras, al trasladar el beneficio a los precios, lo que Ruibal negó. “En cuanto a las pautas establecimos la del Ministerio de Economía y Finanzas, que aseguran la no pérdida de salario real. Todo lo que está por fuera de eso, no tenemos coeficiente para trasladar a las paramétricas”, que es la fórmula con la que se ajustan los contratos de obra tanto a nivel público como privado.
Ruibal comentó que, cuando el Sunca mantuvo el reclamo, la cámara encomendó un estudio al exvicecanciller Nicolás Albertoni sobre la situación del sector de la construcción en Finlandia, Francia, Italia, Chile y Colombia, que menciona que hay una convergencia hacia jornadas semanales de 40 horas, con tendencia a la reducción, y también estudiaron las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo sobre la jornada de 40 horas semanales. “Empecé a entender cómo se está manejando”, comentó, y se planteó “no ser necios” y estudiar “con amplitud”. La negociación incluyó propuestas para reducir a 42 horas semanales, y también se planteó la extensión del convenio colectivo a cinco años, algo poco frecuente y que apunta a la ausencia de conflictividad laboral en el sector. Además, destacó que “de la manera en que incorporamos la flexibilización, lo que pensamos hacer es un uso eficiente de la reducción de esas horas. Hay que tener en cuenta que somos una industria al aire libre, las horas de lluvia, por ejemplo, son pagas”, marcó.
Un modelo de negociación
Entre las reacciones empresariales, dirigentes de la Cámara de Industrias y de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay (CCSU) fueron los primeros en señalar que, en sus sectores, no estaban dadas las condiciones para avanzar en la reducción de la jornada laboral: “Todos entendemos que son sectores distintos”, dijo el presidente de la CCSU, Julio César Lestido, a la diaria Radio. “El comercio es un sector muy variado, básicamente lo que predomina son las pequeñas y las microempresas, entonces, es muy difícil poder aplicar esos sistemas ahí, y además en la actividad de comercio tendríamos que cambiar el comportamiento de compra de los uruguayos”, mencionó.
El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) impulsó la discusión de la reducción del tiempo de trabajo en el ámbito del Consejo Superior Tripartito, en concreto, creando una comisión con representantes del gobierno, empresarios y trabajadores para avanzar en lineamientos sobre el tema. Pero para Barreto el preacuerdo alcanzado en la construcción es “una especie de modelo, tanto en cuanto a la solución final, por estos dos sistemas que se establecen, que no son acomodables o extensibles a todas las actividades, pero sí como modelo de negociación de un tema complejo y de salvaguarda de los distintos equilibrios, entre el bienestar de los trabajadores y las necesidades productivas de la empresa”.
Barreto además citó antecedentes de reducciones horarias en otros sectores en Uruguay (en la construcción en 2008 se redujo de 48 a 44 horas semanales), en el sector naval o metalúrgico, y recordó que no hubo dificultades en materia de empleo. “No hubo efectos negativos en los niveles de empleo. Las dificultades que algunas empresas pueden tener no refieren a las condiciones horarias, o sea que esos procesos micro que se han dado en algunos sectores no han sido negativos en los niveles de empleo”.
Ruibal asegura que, en los diálogos con empresarios de otros sectores, “porque todos me han estado llevando la carga, les digo que no puedo opinar de otros sectores, pero yo tuve que tomar decisiones en función de la Cámara –la construcción es muy particular–, y no me arrepiento de nada”.
