Entrevistada por La mañana de la diaria, la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi, habló sobre el diálogo entre el gobierno uruguayo y el estadounidense para recibir a personas deportadas por la administración de Donald Trump. Dijo que el tema se debate desde “hace un año”, pero “la discusión del refugio siempre fue parte de la agenda con Estados Unidos”. En este caso, no existen plazos ni habrá acuerdo hasta que no haya algo que pueda ser “defendible desde el punto de vista de los derechos humanos o del derecho internacional”, además de que el margen para negarse “está escrito en todos los acuerdos” que llegaron como ejemplos.
“A Uruguay entra quien quiere, no quien es forzado”, dijo Csukasi, y señaló que, el año pasado, Estados Unidos tomó la decisión de negociar acuerdos de “tercer país seguro”, un concepto que Uruguay no acompaña porque implica que la persona abandonó su país y, desde un país seguro, la “quieren sacar” para enviarla a otro. “Cualquier país obviamente es libre de decidir quién puede ingresar o no a su territorio, pero no creemos que la gente tenga que ser tratada como una bolsa de papas”. Ante el planteo, la cancillería señaló que no compartían esa visión pero estaban dispuestos a “trabajar en opciones de retomar los canales de cooperación que existían”, lo que “no es lo mismo que están planteando desde Estados Unidos” y, por ese motivo, “hoy no hay un acuerdo”.
“Partimos de dos visiones de la migración que son completamente distintas. Uruguay no cree en la criminalización de la migración, nosotros no aceptamos hablar de la migración ilegal –para nosotros la migración es regular o irregular, pero nunca es ilegal–, nosotros no aceptamos la revictimización de quienes han optado voluntariamente o muchas veces forzadamente por irse a tratar de hacer su vida en otros países”, listó. Se trata de “dos concepciones filosóficas que desde el vamos son muy distintas”.
la diaria informó que el documento menciona a uruguayos deportados y el concepto de “reunificación familiar”. Al respecto, Csukasi dijo que los textos que recibió la cancillería son “el ejemplo de lo que podría ser”, pero no se está negociando su redacción. Los uruguayos son “un núcleo muy pequeño” y el país registra 140 deportaciones en su historia, mientras que la reunificación familiar es uno de los proyectos que quedaron “medio desfinanciados” y que permiten a cualquier nacionalidad “aplicar más rápidamente a la regularización” para traer a sus familiares.
Csukasi consideró que están “todos de acuerdo” en los límites frente a un eventual acuerdo con Estados Unidos, como han planteado desde el FA, pero la diferencia radica en que “nos quedamos con lo que decía un diario extranjero sobre lo que estaba pasando y no nos dimos el tiempo de conversarlo más en detalle”, consideró, por lo que asumió la responsabilidad de “no haber hablado con la fuerza política y los movimientos sociales más rápidamente” durante el proceso. “Uruguay no compromete su política de derechos humanos, Uruguay no compromete su visión del derecho internacional, en ningún tipo de discusión”, cerró.
“Humanamente yo creo que es muy interpelante, y ahí tenés que encontrar el equilibrio entre decir: están los principios, está la protección del derecho humano, pero ¿de verdad no vas a tratar de ver una forma, como Uruguay, de ayudar a esa gente que está encerrada en centros de detención?”, se preguntó. En su opinión, hay que “seguir intentando a través de los organismos válidos”, porque la negativa podrá “ser muy buena desde los principios”, pero no para una persona que enfrenta “la opción de que termine en África”.
Lo anterior “de ninguna manera” significa “doblar” los principios ni validar el tratamiento a los deportados, y reivindicó “la necesidad de entrevistar”, porque “no podés arrancar a alguien” de donde está. Además, sobre el día después de su llegada, se preguntó “qué está pasando hoy” con desalojos como el que se dio en Ciudad Vieja la semana pasada, en los que “cientos de migrantes que entraron al país con la esperanza de tener un futuro mejor” vivían hacinados y sin condiciones mínimas. Dijo que el episodio puede servir para plantear “los grandes debes” y pensar lo que pasa hoy con los migrantes.
Uruguay debe generar “tranquilidad de nuevo en el barrio” desde la presidencia del Mercosur
A finales de junio, Uruguay asumió la presidencia pro tempore del Mercosur. Para Csukasi, una prioridad desde ese lugar debe ser “generar un poco de tranquilidad de nuevo en el barrio” y “volver a recuperar confianza” en “momentos bien complicados de tensiones permanentes”. La diplomática reivindicó lo necesario del bloque y señaló que el espacio es un “espacio de diálogo privilegiado en donde conocés a todo el mundo”, por lo que, “independientemente de lo que suceda en ese momento con el gobierno de turno” en cualquier país, los funcionarios que han dedicado “una vida” a la integración tienden “a creer en y a defender el proyecto”.
Uno de los problemas de cohesión está entre Argentina y Brasil. La jerarca dijo que Uruguay se tiene que “ofrecer” y “estar abierto” a que, si “sirve de algo”, se pueda mantener una reunión entre las autoridades de ambos países en Montevideo, no “para que Uruguay se ponga la cocarda”, sino para “generar tranquilidad en el vecindario, para que a Uruguay le vaya bien”.
En paralelo, rige el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Aunque los primeros meses son “un testeo”, evaluó los resultados como “muy buenos” y señaló que los primeros sectores beneficiados son los que ya están instalados en el mercado europeo –carne, arroz, cítricos, miel y pesca– porque entran en “mejores condiciones” y pagan menos aranceles.
Está pendiente trabajar cómo expandir hacia “otros sectores que tal vez no son los más tradicionales de venta a Europa”. A su vez, el Mercosur aún no define la distribución de las cuotas de acceso al viejo continente, lo que es “increíble” y refleja “inmadurez”: “¿Cómo le explicás vos a la gente que, después de 25 años de pelearte con la Unión Europea para tener este acuerdo, pasan los meses y todavía no encontrás una fórmula que deje satisfechos a todos los países para una cuota que tampoco es la más relevante del mundo?”, se preguntó.
Este año y el siguiente se repartirán “menos de 10.000 toneladas”, cifra que crecerá, y “recién en el año seis va a llegar a 99.000”, indicó. La disputa se da en “pequeños equipos técnicos”, lo que “permite esconder pequeñas miserias”, ya que si hay muchas propuestas, pero todas implican que haya un claro beneficiado, eso “no es muy productivo ni muy conducente a la discusión efectiva”. Aunque Uruguay opta por “propuestas realistas”, del otro lado “los otros tres a veces se turnan” para elaborar iniciativas desproporcionadas.
