La inauguración del nuevo edificio del Liceo Rural de San Antonio, en Salto, fue motivo de celebración para la comunidad educativa y los vecinos de la localidad. La jornada reunió a estudiantes, docentes, familias y autoridades, entre ellas, el presidente de la República, Yamandú Orsi, en una instancia que marcó un nuevo capítulo en la historia de una institución que, desde hace 35 años, amplía las oportunidades educativas en la zona.
Durante la ceremonia oficial, la inspectora departamental de Secundaria, Isabel Delgue, repasó los orígenes del liceo y destacó el papel que ha desempeñado en el acceso a la educación media para generaciones de jóvenes del medio rural.
Foto: Romina Simean
Según recordó, la historia de la institución comenzó en 1989, cuando se presentó en el Parlamento una propuesta para acercar la educación media a San Antonio. Dos años después, en 1991, abrió sus puertas el ciclo básico de UTU como anexo San Antonio, con apenas dos salones.
Delgue subrayó que el principal objetivo de aquella iniciativa fue brindar oportunidades a los adolescentes y jóvenes que no podían trasladarse hasta la ciudad para continuar sus estudios. La propuesta también permitió que los primeros integrantes de muchas familias de la zona accedieran a la educación media.
Esta modalidad se mantuvo hasta 1996 y, al año siguiente, la institución comenzó a funcionar como liceo rural de educación secundaria. Desde entonces, la comunidad educativa creció de los 25 estudiantes iniciales hasta convertirse en un centro de referencia, no solo para San Antonio, sino también para localidades y zonas rurales ubicadas en un radio de aproximadamente 60 kilómetros.
La inspectora también destacó la importancia del predio donado por Pedro Ambrosoni, comerciante, estanciero y referente político de la localidad. Con el paso del tiempo, ese espacio se transformó en un punto de encuentro para la comunidad y en un lugar donde se articula buena parte de la trayectoria educativa de sus habitantes.
Foto: Romina Simean
En el predio conviven distintas etapas de formación: desde la educación inicial, que reciben los niños de 3 años en la escuela 15, hasta la educación secundaria en el liceo rural. A esa propuesta se sumó, en 2011, la opción del bachillerato agrario, que amplió las posibilidades de continuidad educativa para los jóvenes de la zona.
Delgue señaló que la infraestructura actual ofrece espacios adecuados y funcionales para las necesidades de la comunidad educativa. La idea de redistribuir los espacios comenzó a gestarse en 2018, junto con las autoridades de ese momento, con el objetivo de mejorar las condiciones para el desarrollo de las actividades educativas.
Al referirse al papel de estas instituciones en el interior del país, la inspectora destacó el valor de la educación rural como herramienta para ampliar horizontes y generar oportunidades. “Este liceo, como otros rurales, se transforma en un centro de oportunidades, quizás la única oportunidad para los jóvenes”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que la mirada sobre la educación rural ha cambiado con el tiempo. “Durante mucho tiempo, la educación rural tuvo una mirada desde la nostalgia y la carencia; hoy la miramos desde la potencia y la oportunidad”, expresó.
Finalmente, Delgue reivindicó la identidad propia del liceo de San Antonio y su vínculo con el entorno, al señalar que no debe entenderse como una versión reducida de la educación urbana, sino como un modelo educativo con características particulares. “El liceo rural de San Antonio no es una versión pequeña de la educación urbana, es un modelo con identidad propia, donde cada estudiante es conocido por su nombre, donde el aprendizaje dialoga con la comunidad y el entorno se convierte en un laboratorio vivo de conocimiento”, sostuvo.
Concluyó que el valor de la institución no reside únicamente en sus instalaciones o recursos materiales, sino, fundamentalmente, en las personas que la sostienen día a día. “A este liceo no lo hacen los recursos materiales, sino la pasión humana que habita sus espacios”, afirmó.
Por su parte, la directora de la institución, Gabriela da Silva, destacó que el liceo recibe a unos 350 estudiantes provenientes de distintas localidades, cada uno con su propia realidad, sus experiencias y un proyecto de vida.
En ese contexto, señaló que la inauguración del nuevo edificio representa una oportunidad para seguir fortaleciendo una propuesta educativa que trasciende las aulas y se construye también en estrecho vínculo con la comunidad.
El desafío, sostuvo, es continuar consolidando un proyecto de centro que combine la formación pedagógica con el papel del liceo como espacio de encuentro, integración y desarrollo para la zona.
