La delincuencia transnacional dejó hace tiempo de ser un problema exclusivo de grandes potencias o de países con extensas zonas de conflicto y se extendió a otras zonas. Según la fiscal especializada en Delitos Económicos y Complejos de Montevideo, Sandra Fleitas Villareal, Uruguay tampoco está ajeno a una realidad que se expande a escala mundial y que encuentra en las fronteras espacios estratégicos para su desarrollo.
La magistrada participó en Salto de una jornada organizada por la Asociación de Abogados de Salto, en el marco de sus 80 años de existencia, donde expuso sobre la actividad de las organizaciones criminales transnacionales en zonas fronterizas.
Fleitas explicó en el programa radial Las tardes en Arapey que su interés por el fenómeno comenzó hace casi dos décadas, cuando realizó una investigación académica sobre lavado de activos. Desde entonces ha profundizado en el estudio del crimen organizado, una temática que considera cada vez más relevante debido a los cambios registrados en la dinámica delictiva internacional.
“Uruguay no está ajeno a este flagelo”, sostuvo, al señalar que la globalización también transformó la forma en que operan las organizaciones criminales.
Aunque el narcotráfico suele concentrar la atención pública, la fiscal sostuvo que constituye apenas una de las múltiples actividades desarrolladas por estas estructuras. “La delincuencia transnacional es como una empresa que tiene distintos emprendimientos”, explicó.
En esa lógica, una misma organización puede dedicarse simultáneamente al tráfico de drogas, armas, personas, lavado de activos, falsificación documental, extorsiones y otros delitos.
Entre los ejemplos más notorios mencionó al Tren de Aragua, organización nacida en una cárcel venezolana que hoy opera en diversos países de América y que incluso comenzó a extenderse hacia Europa.
Según Fleitas, estas organizaciones establecen alianzas con otros grupos criminales regionales, como el Primer Comando Capital (PCC) de Brasil, ampliando su capacidad operativa y territorial.
Uno de los aspectos que más preocupa a la fiscal es el crecimiento de las redes dedicadas al tráfico y la trata de personas. Explicó que muchas personas que intentan abandonar Venezuela en busca de mejores oportunidades son captadas por organizaciones criminales “que les ofrecen ayuda para cruzar fronteras”.
Sin embargo, una vez dentro de la red, quedan sometidas a diversas formas de explotación. “Muchas veces terminan convertidas en esclavas de la organización”, afirmó.
La explotación puede adoptar distintas modalidades: trabajo forzado, explotación sexual, servidumbre, utilización para el transporte de drogas o armas e incluso extracción ilegal de órganos y tejidos.
¿Crimen organizado o terrorismo?
Uno de los puntos más interesantes de la entrevista fue la discusión sobre la evolución del concepto de terrorismo.
Fleitas explicó que, “si bien tradicionalmente el terrorismo se asociaba a motivaciones ideológicas o religiosas, actualmente algunos Estados consideran que determinadas organizaciones criminales también pueden ser catalogadas como terroristas cuando afectan gravemente las instituciones y el funcionamiento de un país”.
En ese sentido, señaló que “Estados Unidos considera al Tren de Aragua una organización terrorista debido a su capacidad para vulnerar políticas migratorias, infiltrarse en distintos territorios y generar situaciones que afectan la soberanía estatal”.
La fiscal aclaró que “no todas las organizaciones criminales encajan en esta categoría, pero advirtió que algunas logran un nivel de incidencia capaz de comprometer el normal funcionamiento institucional”.
Consultada sobre la proximidad de estas amenazas respecto a Uruguay, Fleitas recordó casos concretos que demuestran que el fenómeno no es lejano.
Mencionó la detención en Argentina de Héctor Guerrero, conocido como Niño Guerrero, señalado como líder del Tren de Aragua, y recordó los casos de los narcotraficantes internacionales Rocco Morabito y Gerardo González Valenzuela, quienes residieron en Punta del Este utilizando identidades falsas.
La fiscal sostuvo que las organizaciones criminales aprovechan las ventajas de la conectividad global para operar simultáneamente en varios países, lo que obliga a las autoridades a modificar sus estrategias de investigación.
Para Fleitas, “uno de los principales desafíos que enfrenta la Fiscalía es la coordinación con organismos de otros países”.
Explicó que “los mecanismos formales de cooperación internacional suelen ser lentos debido a los procedimientos previstos en tratados y normas jurídicas”.
Por ello destacó “la importancia de los vínculos directos entre fiscales y autoridades de frontera”.
Durante su experiencia como fiscal en el Chuy, “la comunicación permanente con colegas brasileños permitió actuar rápidamente en casos de homicidios y otros delitos graves cuyos responsables cruzaban de un país a otro para intentar escapar de la Justicia”, señaló.
El miedo y la responsabilidad de investigar
La fiscal también fue consultada sobre los riesgos personales que implica investigar organizaciones criminales.
Reconoció que el temor siempre existe, especialmente cuando se trabaja en casos vinculados al narcotráfico o a la corrupción pública. Sin embargo, afirmó que en sus 27 años de carrera solo necesitó custodia policial en una oportunidad, “luego de impulsar una investigación que derivó en la condena del subjefe de Policía del Departamento de Treinta y Tres”.
Actualmente considera que “los delitos de corrupción pública representan una de las mayores preocupaciones debido a los recursos económicos y las influencias que pueden manejar quienes los cometen”.
No obstante, destacó que “la clave para desarrollar su trabajo ha sido mantener una actitud profesional y respetuosa con todas las personas involucradas en los procesos judiciales”.
Para Sandra Fleitas, “el crecimiento de la delincuencia transnacional obliga a replantear la manera en que los Estados enfrentan el delito. Las fronteras ya no constituyen una barrera efectiva para organizaciones que operan simultáneamente en distintos países y que aprovechan las nuevas tecnologías para expandirse”.
“La comunidad internacional se ha transformado en el verdadero escenario donde se cometen estos delitos”, subrayando que “la cooperación entre países será cada vez más decisiva para enfrentar uno de los fenómenos criminales más complejos del siglo XXI”, concluyó.
