El caso de Amparo Fernández se convirtió en uno de los femicidios más emblemáticos de 2019 en Uruguay, tanto por la violencia del crimen como por la ausencia, hasta hoy, de su cuerpo. Enfermera, madre de tres hijos y de 36 años, residía en Paysandú cuando, el 29 de junio de ese año, viajó a Sarandí Grande, en Florida, para encontrarse con Luis de Orta, un hombre con quien mantenía un vínculo. Ambos compartían el gusto por los caballos y, durante ese encuentro, él le regaló uno.
El regreso de Amparo estaba previsto para el domingo 30 de junio. Tenía pasaje de ómnibus para volver a Paysandú, pero nunca abordó el servicio. Tampoco respondió las llamadas ni los mensajes de sus familiares, lo que despertó una inmediata preocupación entre sus allegados y dio inicio a una intensa búsqueda.
Con el correr de los días, de Orta ofreció una primera versión de los hechos. Sostuvo que ambos habían sufrido un “accidente”, que Amparo había fallecido de forma accidental y que, presa del miedo, decidió arrojar el cuerpo al río Yi. Sin embargo, la investigación penal desmontó ese relato y permitió a la Fiscalía reunir un conjunto de pruebas e indicios que apuntaban a que la mujer había sido víctima de un femicidio.
A lo largo del proceso judicial, el imputado modificó en reiteradas oportunidades su relato sobre lo ocurrido aquella noche. Ninguna de las versiones permitió establecer el paradero del cuerpo de Amparo Fernández, que continúa desaparecido. Esa circunstancia no impidió el avance de la causa, que se apoyó en evidencia testimonial, pericial e indiciaria para reconstruir lo sucedido.
De acuerdo con la investigación de la Fiscalía, durante el sábado 29 de junio la pareja realizó distintas actividades en Sarandí Grande. Esa noche mantuvieron una discusión que, según declaró el hermano de de Orta, fue escalando en intensidad. En medio del conflicto, Amparo manifestó su intención de adelantar el pasaje de regreso a Paysandú para abandonar el lugar ese mismo día. Según la reconstrucción realizada por los investigadores, ambos subieron luego a una camioneta y, desde ese momento, no volvió a saberse nada de ella.
El 17 de noviembre de 2020, la Justicia condenó a Luis de Orta como autor de un homicidio muy especialmente agravado por femicidio y le impuso una pena de 26 años de penitenciaría. Un año después, en setiembre de 2021, el Tribunal de Apelaciones en lo Penal de 2° Turno confirmó íntegramente la sentencia.
Pese a la condena, una de las principales deudas del caso permanece abierta: el cuerpo de Amparo Fernández nunca fue hallado. A más de siete años del crimen, su familia continúa sin poder despedirla, mientras el condenado nunca aportó información que permitiera localizar sus restos.
En diálogo con la diaria, Anahí Fernández, prima de Amparo, y Román Machado Fernández, su hijo mayor, de 22 años y estudiante de profesorado, coincidieron en que la principal expectativa de la familia sigue siendo la misma que hace siete años: que Luis de Orta revele qué hizo con el cuerpo de Amparo.
“Sentimos que ese es el único poder que todavía tiene sobre todos: no decir qué hizo con ella”, expresó Román. Para la familia, el silencio del condenado prolonga el sufrimiento y les impide cerrar una etapa marcada por la incertidumbre.
Anahí señaló que la ausencia del cuerpo continúa teniendo profundas consecuencias para toda la familia, especialmente para los padres de Amparo, quienes hoy son adultos mayores. Contó que ambos han asumido un rol fundamental en la crianza de sus nietos: Román, de 22 años; María Pía, de 19; y Bautista, de 11.
“La madre piensa que algún día Amparo va a regresar. No hay un duelo cerrado, no se cerró el círculo. No hay un lugar adonde llevar una flor”, afirmaron los familiares.
Aunque la Justicia condenó a de Orta por el femicidio en 2020 y la sentencia quedó firme al año siguiente, para la familia la causa continúa incompleta. La desaparición del cuerpo mantiene abierto un dolor que, aseguran, ninguna resolución judicial ha logrado reparar.
