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Salud Afecciones y tratamientos
Archivo, 2025. · Foto: Virginia Martínez  Díaz

Archivo, 2025.

Foto: Virginia Martínez Díaz

Cirugías de Parkinson en el Hospital de Clínicas: “Cambios drásticos en la calidad de vida”

“Hoy tenemos la máxima tecnología que existe en el mundo para estas operaciones”, dijo el neurocirujano Federico Salle, profesor adjunto de la Unidad Académica de Neurocirugía del centro de salud.

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“Aparecían unos pequeños temblores que no tomaba muy en serio. Y después me fue afectando la vida. Uno se aleja de la gente, me parecía que molestaba a los demás. Perdí amigos, familia y cosas que me gustaban hacer”, cuenta Daniel Sueldo en la pieza audiovisual Un nuevo comienzo: vencer al Parkinson.

“Yo no sabía que el Parkinson además dolía. Se me doblaba el pie y no podía manejar la mano izquierda”, relata Teresita Abeleira, operada del temblor parkinsoniano refractario en el Hospital de Clínicas. “Antes no me podía maquillar, no podía hacer la comida, y ahora no tiemblo, estoy normal”, agrega la paciente sobre los resultados luego de su intervención.

“Te cambia la vida por completo”, apunta Sueldo, en uno de los casos exitosos de este tratamiento alternativo de la enfermedad con nuevas tecnologías que se vienen realizando cada vez más seguido en el hospital universitario. Según cifras del Ministerio de Salud Pública de abril de 2025, “se estima que alrededor de 7.000 a 8.000 personas padecen esta enfermedad en Uruguay”. “Tenemos toda la tecnología, un personal entrenado y formado, y el equipamiento, pero creo que el número de pacientes va a aumentar en la medida en que todos estemos en conocimiento de que Uruguay puede brindar a todos sus usuarios este tipo de tratamientos”, explicó el doctor y profesor Humberto Prinzo, en el video disponible en Youtube.

Desde mayo de 2023, el Fondo Nacional de Recursos cuenta con cobertura financiera para el tratamiento de esta enfermedad.

“Estamos realmente muy felices con el nuevo marco de estereotaxia”, sostuvo el doctor y profesor adjunto de la Unidad Académica de Neurocirugía del Hospital de Clínicas Federico Salle sobre uno de los avances más importantes en la asistencia de salud local aplicada al Parkinson y otras enfermedades, en entrevista con la diaria.

“En el hospital llevo toda una vida. Primero como estudiante, luego como asistente y ahora como profesor adjunto”, dije el neurocirujano y uno de los principales protagonistas de estas cirugías todavía poco conocidas.

¿Qué pasa cuando aparece el Parkinson?

No se sabe exactamente cuál es la causa, pero sabemos que ocurre lo que llamamos denervación dopaminérgica. Eso quiere decir que mueren las neuronas que están en la sustancia negra, que es una parte profunda del cerebro que produce dopamina. Entonces la falta de ese neurotransmisor genera toda una desregulación en los circuitos que controlan y regulan el movimiento en el cerebro. La persona empieza a experimentar lentitud de movimiento, dificultad para iniciar sus movimientos, rigidez, temblores.

Esos son los síntomas motores clásicos. Después hay un montón de otros síntomas no motores y varios otros neurotransmisores y regiones del cerebro afectadas, agregó.

Participaste en la primera operación quirúrgica por Parkinson en noviembre de 2017, que se hizo en el Hospital de Clínicas. El caso de Willian Astengo.

Sí, exacto, él fue con quien comenzamos a hacer las cirugías con uno de mis mentores, que fue el profesor Stéphane Palfi, de Francia. Palfi vino acá a operar con nosotros en el Hospital de Clínicas y operamos a ese paciente que recibió una donación de su dispositivo de estimulación cerebral profunda. En aquel momento no estaba cubierto por el Fondo Nacional de Recursos, como pasa ahora.

¿La operación que se hizo en ese momento es muy diferente a la que se está haciendo ahora?

Bastantes cosas han cambiado en nuestro país. Hace más de 15 años que estamos haciendo cirugías de Parkinson, y realmente en los países en vías de desarrollo con recursos limitados como Uruguay este tipo de operaciones requieren mucha infraestructura: son de alta complejidad, de muy alto costo e implican un esfuerzo enorme.

¿Cómo se ha avanzado?

Una de las cosas más importantes es la adquisición de un nuevo marco estereotáxico de origen sueco, que es de los primeros en América del Sur y alcanza unos niveles de precisión tremendos. Esa es la herramienta principal que nos permite colocar los electrodos. Es como un aro que se ensambla en la cabeza del paciente y permite llegar con mucha precisión a la profundidad del cerebro. Ese es uno de los principales avances en comparación con 2017. Por otro lado, ahora se adquirió un sistema de electrofisiología, que a través de la computadora nos permite detectar la actividad eléctrica de las neuronas con mucho mayor precisión que antes.

Y la tercera cosa es un sistema de planificación quirúrgica, un software alemán muy avanzado, de la empresa BrainLab, que va a llegar en breve al Hospital de Clínicas a través de una colaboración con empresas privadas que han permitido hacer eso posible. Ellos no quieren que yo los nombre, pero Blue Cross y Blue Shield son los que, la verdad, nos permitieron acceder ahora a este software.

Esas tres nuevas herramientas posicionan a Uruguay en un nivel de primer mundo. No tenemos nada que envidiarles a Europa, a Estados Unidos. Hoy tenemos la máxima tecnología que existe en el mundo para estas operaciones.

¿La operación consiste en la destrucción del tejido dañado?

Antiguamente la operación consistía en eso: se realizaba una quemadura, una lesión térmica en el cerebro, que era algo irreversible. Se destruían, digamos, las neuronas que estaban funcionando mal. El sistema nuevo de estimulación cerebral profunda que estamos aplicando no es destructivo. Es completamente reversible y ajustable en el tiempo cuando va evolucionando la enfermedad. Lo que generamos es un campo eléctrico que sincroniza esos circuitos que estaban desincronizados, por así decirlo, y hace que las neuronas funcionen correctamente sin tener que destruirlas.

A través de un audiovisual el hospital ha difundido los casos exitosos de Daniel Sueldo y Teresita Abeleira. ¿Podés contar sobre sus mejorías?

Si, creo que ahí es importante diferenciar, por un lado, la mejoría de los síntomas motores y, por otro lado, la calidad de vida. Estas cirugías, cuando el paciente ya no puede manejarse con medicación, realmente permiten controlar muy bien los síntomas motores. Principalmente, el temblor. Luego, la rigidez y la lentitud en un grado variable, dependiendo de cada paciente.

Y, por otro lado, también mejora la calidad de vida en personas menores de 70 años, eso es importante aclararlo. Las mejorías pueden llegar a un 60-70% en comparación al preoperatorio.

Federico Salle, Hospital de Clínicas (archivo, junio de 2026)

Federico Salle, Hospital de Clínicas (archivo, junio de 2026)

Foto: Alessandro Maradei

¿Cómo vivís el vínculo con estos pacientes?

Pasa algo muy lindo, diferente de la neurocirugía funcional. Uno se involucra mucho con las historias de vida de cada paciente, y una vez que se implantan los electrodos, quedan vinculados conmigo para el resto de su vida, por visitas, ajustes de programación del aparato implantado. En otros casos, vos operás a alguien y no lo ves más.

En el caso de Teresita, ella estaba muy retraída socialmente, no quería salir a ningún lado, y empezó a estar muy deprimida. Su temblor no le permitía agarrar un vaso, vestirse, las tareas básicas de la vida diaria, y después de la operación cambió completamente. Ahora la veo venir y viene con otra cara, sonriente, hasta se viste mejor, se maquilla, sale, está con las amigas, volvió a ser la persona que era antes. Esas son las cosas más lindas que un médico puede vivir.

¿Qué relación hay entre la depresión y el Parkinson?

El Parkinson comienza por lo que se llaman los síntomas premotores y uno de ellos es la depresión. Otros son la pérdida de olfato y la constipación o estreñimiento, porque en realidad empieza en las neuronas del intestino.

Hoy en día está muy de moda todo esto de la microbiota intestinal, la neuroinflamación y neurodegeneración. Y realmente es así, empieza por esos síntomas o con alteraciones del sueño REM. Y varios años después, cuando ya murieron más del 80% de las neuronas de la sustancia negra, recién ahí uno empieza a ver el temblor y los síntomas motores.

Ahí se concentra gran parte de la investigación, que es tratar de detectar esto antes de que lleguen los síntomas motores, para poder proteger esas neuronas que están muriendo.

La clave de la dopamina...

Exacto, esas neuronas que mueren producen dopamina, pero cuando aparecen los síntomas motores ya es demasiado tarde. Esta cirugía lo que hace es permitir controlar los síntomas durante unos años más, pero la enfermedad sigue avanzando, no la podemos detener, y llega un momento en que incluso con cirugía los síntomas van a progresar.

¿Podés profundizar sobre la operación? A partir del casco (marco estereotáxico) se ubica un punto en el cerebro.

Exacto. La operación puede ser con anestesia local, con el paciente despierto, o con anestesia general. Depende un poco en qué parte del cerebro vayamos a operar y si tenemos que evaluar el temblor durante la cirugía. Ahí sí o sí precisamos que el paciente esté despierto.

Para las operaciones de Parkinson convencionales yo pude aprender en Francia una técnica que se hace con anestesia general, y la empezamos a aplicar acá, a partir de imágenes de muy alta calidad. Hoy en día tenemos la colaboración del Cudim [Centro Uruguayo de Imagenología Molecular] y del Círculo Católico, que tienen resonadores de muy alta potencia con excelentes imágenes, y que nos permiten ver ese grupo de neuronas en el cerebro, y ya no precisamos que el paciente esté despierto.

Entonces, con una anestesia general, se coloca el marco estereotáxico en la cabeza, que se fija al cráneo por cuatro puntos, y ahí llevamos al paciente al tomógrafo.

Esas imágenes se fusionan con resonancias magnéticas que se hacen en el preoperatorio. Y ahí pasamos un rato largo en la computadora planificando todo: dónde tienen que ir los cables, por dónde van a atravesar milímetro a milímetro el cerebro. Y después se hacen dos incisiones pequeñas, dos orificios en el cráneo y por ahí se colocan los electrodos con la ayuda de la electrofisiología. Luego se tunelizan unos cables por debajo de la piel, en el cuello, hasta la batería, que va en un bolsillo subcutáneo, bajo la clavícula, igual que si fuera un marcapaso cardíaco.

Ahí se ubica el generador de corriente, que tiene una batería que dura 15, 20 años. En una hora y media el paciente lo puede recargar una vez por semana, o cada diez días, con un dispositivo inalámbrico. Y lo que hace es enviar impulsos eléctricos a la profundidad del cerebro para que se sincronicen esos circuitos que están funcionando mal.

Y luego los pacientes continúan el tratamiento con controles.

Claro. Si bien hay mejorías inmediatas, el proceso lleva un período de dos, tres meses de posoperatorio, en el que nosotros vamos ajustando el estimulador, subiendo el voltaje de a poquito, bajando la medicación. Ahí hay que llegar a un equilibrio entre lo eléctrico y lo químico, donde buscamos que mejore lo motor, pero siempre mantenemos algo de medicación, porque la dopamina no es solo motora, sino que también regula mucho la motivación, el comportamiento, la felicidad, básicamente.

Los rápidos cambios en la tecnología hacen suponer que en estos temas también se podrá avanzar en un futuro próximo.

Sí, todo el tiempo esto avanza. Cada año hay cosas nuevas. Ahora están por venir nuevos electrodos que permiten estimular dos lugares a la vez y programaciones con inteligencia artificial. Sin dudas, es una esperanza para estos pacientes que sufren una enfermedad como el Parkinson, que es muy debilitante y va mucho más allá de un temblor.

¿Este tipo de operaciones también se pueden instrumentar para trastornos comportamentales?

Exacto. Se aplica en trastornos comportamentales y en otros trastornos del movimiento. Además del Parkinson, con este tipo de cirugía de estimulación cerebral profunda se operan otros trastornos del movimiento como la distonía, que es una enfermedad bastante más rara que el Parkinson, y el temblor esencial, que no tiene nada que ver con el Parkinson u otros temblores.

Por otro lado, con estas operaciones aplicadas a trastornos del comportamiento o trastornos psiquiátricos los pacientes pueden mejorar mucho. En primer lugar, está muy probado en el trastorno obsesivo compulsivo, y está en desarrollo y en investigación la estimulación cerebral profunda para la depresión y la depresión grave. Esos son los principales. Luego, también hacemos cirugías para el trastorno de agresividad irreductible, autismo muy grave, epilepsia o retardo mental, agresividad incontrolable. En estos casos, la operación puede generar grandes beneficios.

Es importante que la gente tenga bien en claro que estas son operaciones muy modernas, muy selectivas de los circuitos del comportamiento y que no generan un daño cognitivo.

Cuando a uno le hablan de cirugías del comportamiento, a la mayoría de las personas lo primero que se le viene a la cabeza son las lobotomías, esas cosas del pasado que tiñeron un poco la historia de la neurocirugía psiquiátrica, pero que hoy en día no tienen nada que ver con eso. Realmente es una opción muy buena para personas que sufren mucho y que no tienen otra salida de tratamiento.

¿Quiénes entonces pueden acceder a este tipo de operaciones?

Para todo lo que se llama neurocirugía funcional primero tiene que haber un diagnóstico claro y una situación de cronicidad. Luego la gran palabra acá es la refractariedad: eso quiere decir que se intentaron todos los tratamientos farmacológicos, y psicoterapéuticos, en el caso de enfermedades psiquiátricas, todo lo convencional, y que nada de eso permitió manejar los síntomas.

En caso de que la persona cumpla con esas condiciones, ingresa a un protocolo de estudio que instrumenta un equipo multidisciplinario de neurólogos, psiquiatras, neuropsicólogos, neurocirujanos, asistentes sociales, y en el que se utilizan evaluaciones imagenológicas. Todo ese proceso lleva varios meses.

No se puede hablar de cura, pero sí de cambios que mejoran la calidad de vida.

Sí, eso es lo que hay que evitar, porque no existe una cura. Lo que a nosotros nos interesa transmitir es que Uruguay ha incorporado tecnología de punta y que esa evolución permite cambios drásticos en la calidad de vida de los pacientes con Parkinson y enfermedades psiquiátricas.

¿Y quiénes llegan al hospital con la inquietud de estas operaciones?

Los pacientes que crean que necesitan esta cirugía deben hablar con su neurólogo primero, y el neurólogo les va a hacer un pase, si es que considera que el paciente está en esta etapa o que es pertinente una evaluación de nuestro equipo. Si es así deben enviar una foto del pase al correo electrónico de nuestro equipo ([email protected]), así ya pueden ser incluidos; y está todo cubierto por el Fondo Nacional de Recursos, no tienen que pagar absolutamente nada.