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Cultura

Miradas

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Pizarrón mojado

Apenas pasé el empalme de Rocha y enfilé rumbo al mar, la voz de Gonzalo Delgado gorgojeó en la radio que La Paloma era un diluvio. Nunca había llegado a La Paloma un 26 de diciembre. Igual que siempre, mejor que nunca. La neblina ocultaba la punta del forúnculo arquitectónico de 15 pisos que emerge en el centro. En la próxima cuadra una nueva tienda de ropa, exclusiva para ellas y vestida de madera. Pocos autos, poca gente. Y el faro-reloj-de-sol en el mismo lugar, esperando visitas.