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Trabajo Empleo y producción
Gustavo González. · Foto: Martin Hernández Müller

Gustavo González.

Foto: Martin Hernández Müller

Gustavo González: “Trabajamos en tres dimensiones: social, ambiental y productiva”.

El director de la Agencia de Desarrollo Rural de la Intendencia de Canelones que sostiene las políticas públicas hacia los pequeños productores, los productores familiares y los asalariados rurales contó a la diaria sobre lo que vienen haciendo en el departamento y alguno de los proyectos que tienen de cara al futuro.

¿Cómo es el organigrama interno en el que se mueve la unidad que dirigís, y cuáles son los planes de trabajo que se vienen desarrollando en el departamento?

La Agencia de Desarrollo Rural tiene ya unos años de creada, tiene historia y ha sido consecuente con refrendar la identidad de la producción familiar, de la producción chacarera que se celebra en la Fiesta de la Chacra y, a la vez, con avanzar en varios programas. Hay dos directores que me acompañan y hay una estructura piramidal, como son todas las estructuras gubernamentales. Estamos trabajando en tres dimensiones: una que tiene que ver con lo social, una con lo ambiental y la otra con lo productivo, y dentro de cada una se describe una cantidad de programas distintos.

Dentro de la dimensión social tenemos un trabajo fuerte con la educación rural, con la discapacidad en la ruralidad, que es algo que se oculta mucho y no se trabaja bien. Con esto de la educación rural tenemos componentes de inclusión social, porque tenemos un programa que va hacia todas las escuelas rurales. Vamos a alcanzar a 74 escuelas; ahora estamos más o menos en 40 y llegamos con elementos para la producción de plantines, se plantan frutales y se releva si hay invernáculo: si hay uno que está en malas condiciones, se repara; si no hay, hacemos uno. Eso va acompañado de cursos, un programa que es interactivo, y lo hacemos a través de las localidades de las escuelas rurales y pasan cosas muy pero muy ricas. Incorporamos apicultura recientemente y actividades culturales como llevar a los gurises al [Complejo Cultural] Politeama a ver alguna obra, entre otras cosas. A esa población, particularmente, hay que atenderla muy bien y ponerle a disposición una cantidad de cosas. Son muchas las escuelas rurales en Canelones, y además hay escuelas agrarias.

Estamos trabajando con [la escuela agraria de] Montes en el suministro de agua, vamos a hacer un pozo semisurgente allí. También con [la escuela agraria de] San Ramón, donde estamos haciendo un tratamiento de efluentes para el tambo junto con [la dirección de] Gestión Ambiental. Es un proyecto de un estudiante: lo propuso y lo tomamos. También colaboramos con el Centro Agustín Ferreiro, ahí tenemos la Tecnicatura de Producción Familiar.

Quiero destacar, además, que cuando vamos a las escuelas a hacer esos invernáculos lo hacemos con personas privadas de libertad que salen de la Unidad 7 de Canelones, a los cuales se les dio primero un curso para que aprendieran a hacer esa tarea. También salimos con cuadrillas de privados de libertad a diferentes lugares para provocar la interacción y proponer la rehabilitación, con otro montón de cosas que hacemos en la chacra policial, como producción de huevos, apicultura, cursos con el Inefop [Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional].

En esa dimensión social, sobre todo este mes, hemos tenido muchísimas actividades con las mujeres rurales, en las que se procura rescatar la identidad, pero a la vez la agenda de derechos y las plataformas que proponen. También somos la única intendencia que tiene un convenio con el sindicato de asalariados rurales, de trabajadores que se desempeñan en la agroindustria, vinculado a diferentes zonas del departamento. Pero pasándole raya a toda la dimensión social, lo que nos importa es la participación organizada. Procuramos que la gente esté organizada a través de las sociedades de fomento rural [SFR], la Red de Mujeres, en las mesas de desarrollo rural, que es un ámbito donde toda la institucionalidad se reúne. En Canelones funcionan muy bien: hay dos mesas, la del oeste y la del noreste, con participación de 32 agrupamientos, además de toda la institucionalidad. Eso nos permite trabajar mucho más cómodos en lo que tiene que ver con la construcción de política pública.

¿Qué acciones se despliegan en el marco de la dimensión ambiental?

La dimensión ambiental es bien importante no solo por el fenómeno de El Niño, que vimos ahora, o por el cambio climático, sino porque al haber tanta gente en el campo, pasan cosas y hay cuestiones que son muy delicadas y que hay que preservar. Sobre todo hay un laburo muy fuerte en la cuenca del río Santa Lucía, en la cuenca de la laguna del Cisne, también en las áreas protegidas del Solís Chico y del Solís Grande. Canelones tiene una base importante, el ordenamiento territorial, en lo que seguramente ya estamos en período de revisión, pero en definitiva procuramos que no cambien mucho esas cosas, porque son las herramientas que tenemos para defender algunas cuestiones. Cada vez se instala más el tema de los conflictos relacionados con el medioambiente, que tiene que ver con sistemas productivos intensivos, con actividades industriales, que a veces se quieren instalar, y hay que ver si se puede o no se puede. Tiene que ver con un fenómeno nuevo, pospandemia, que es la residencia en el campo. Canelones creció mucho en población, y parte de ese crecimiento se terminó radicando en el campo. Ahí tenemos que atender una cantidad de asuntos, porque los estándares de servicio que se requieren son otros, pero a la vez hay problemas graves de convivencia entre las actividades rurales y la residencia. Nosotros tenemos una perspectiva optimista, queremos apostar a esto de la convivencia, pero para eso generamos herramientas trabajando, articulando con otros a nivel nacional, en particular con la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial. También es necesario procurar la convivencia, que no todo sea blanco o negro: hay algún gris en el medio.

Tenemos una problemática con la evolución del rendimiento inmobiliario y de los terrenos en zonas más pobladas, que son muy caros, sobre todo en la costa, y la gente busca, con el mismo dinero, comprar unas cuantas hectáreas y vivir en otro ambiente. Por ejemplo, a partir de la protección de la laguna del Cisne se da la situación de que en tan solo diez años hay más vocación residencial que productiva en el entorno, porque la gente elige ir a vivir a un lugar donde el medioambiente está cuidado. Antes teníamos toda la laguna rodeada de un monocultivo que provocaba un montón de problemas, mientras que hoy por hoy empezamos a enfrentar otro problema, que es la residencia. Por eso se están dictando normas, pautas y se busca minimizar los efectos. Eso a manera de ejemplo.

Producción familiar en San Antonio, Canelones (archivo, abril de 2026)

Producción familiar en San Antonio, Canelones (archivo, abril de 2026)

Foto: Mara Quintero

Queda la dimensión de lo productivo, ya que hablamos de cultivos.

Canelones es productor de alimentos de calidad. Tiene cercanía con el área metropolitana, lo cual lo fortalece con la comercialización. Pero en materia de comercialización nosotros proponemos otras cosas, como las compras públicas del Estado. En eso venimos laburando y articulando. Ya la intendencia está haciendo compras a los productores hortícolas; después, a nivel gubernamental, tanto cerdo como pollo están llegando a diferentes lugares, y aspiramos a que lo hortícola también vuelva a llegar a más lugares, por eso venimos hablando con el Instituto Nacional de Rehabilitación, por un lado, y con los ministerios de Salud Pública y de Defensa [Nacional], por otro. En esto también están los circuitos cortos. Nosotros trabajamos con los mercados de cercanía, que se ha transformado en una red. Hay cinco en Canelones y próximamente se empezará a construir uno en Ciudad de la Costa, que también tiene la característica de la venta directa a los consumidores de productos muy frescos. Preferentemente pedimos que haya producción orgánica o agroecológica. Para nosotros son estratégicos, porque el diálogo entre productores y consumidores es más que benéfico. Pasa una cantidad de cosas que son positivas, y vamos a seguir trabajando en esa línea. Son los mismos productores los que comercializan directamente en esos mercados, tienen un aval de su SFR si son productores familiares.

En lo productivo también creemos que Canelones tiene un montón de condiciones para hacer una plataforma país en la producción de semillas y genética. Estamos muy sorprendidos con la eficiencia que tienen las cabañas canarias. Además, este año en la Rural del Prado recibieron una multiplicidad de premios, varias razas de ovinos, conejos, y hay una dedicación total. Eso tiene que ver con que en Canelones son productores chicos, productores familiares, hay muchas horas de trabajo sobre el tema y hay mucho acceso a la información. Se hacen un montón de jornadas, la gente se va tecnificando con todo esto. Creamos la mesa de cabañas canarias y ahí nucleamos todas las cabañas que hay en el departamento, en un trabajo mancomunado. Entonces, hay ayudas puntuales que tienen que ver con registros, con estudios veterinarios. No hace mucho, había 14 millones de ovejas en el país, hoy quedan cuatro millones. Creemos que Canelones puede colaborar a recuperar la majada y al desarrollo de producciones nuevas, como la lechería ovina y la quesería ovina. Los queseros artesanales en general vienen trabajando bien y se los viene acompañando.

En lo que tiene que ver con las semillas, tuvimos algunos contactos con un centro tecnológico en China, donde estuvimos estudiando las posibilidades que hay, porque hace unos cuantos años que se planta soja para consumo humano –soja no transgénica– y cómo se puede hacer que eso crezca. Hay que trabajar con el tema de la semilla; en particular, hablan de que habría cabida para soja no transgénica. Nosotros también apoyamos planes de pastura, planes de [cultivo de] alfalfa u otro tipo de pasturas. Estamos promoviendo la línea de la transición agroecológica. Recientemente los núcleos agroecológicos territoriales [NAT] empezaron a funcionar, también junto con Montevideo, para dar apoyo particular, para que se fortalezcan y puedan desarrollarse varios proyectos. Lo estamos haciendo junto con la Comisión Nacional de Fomento Rural. Los NAT ya presentaron una serie de proyectos que se están valorando; fuera de eso, nosotros tenemos el apoyo con la entrega de compost chipeado. Canelones tiene un convenio con Bioterra; ellos llevan ramas, estas ramas se transforman en compost con otros agregados, un compost de buena calidad.

Después tenemos participación en el Congreso de Intendentes en la UAM [Unidad Agropecuaria Metropolitana], donde tratamos de acompañar en algunas cosas. El sector frutícola ya es fuerte por sí mismo, y el sector hortícola está muy tecnificado. Estamos procurando que no se bajen los brazos con los apoyos al sector. Creemos que el potencial está, hay que insistir en el concepto de ser poblador rural, que la vida sea mejor y que el arraigo sea más fuerte. Por eso nos metemos un poco con todas estas cosas. Y después hay un trabajo más que hace la agencia, que transversaliza todo esto, que tiene que ver con los problemas de agua. Nosotros tuvimos una sequía muy grande, se entregaron unos cuatro millones de litros de agua este último verano. Y con el intendente decidimos trabajar de manera de no tratar la emergencia, sino buscar las soluciones. La agencia se dotó de un presupuesto interesante como para buscar una cantidad de soluciones. Por otro lado, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca también va a estar haciendo alrededor de 60 pozos surgentes, más otras soluciones de agua. Había alguna gente que no accedía por diferentes motivos a esos planes; detectamos que había 225 familias que no tenían agua, directamente, y nos pusimos a trabajar en varias soluciones, vamos a hacer unos 100 pozos semisurgentes durante el período, estamos con limpiezas de tajamares, con maquinaria propia y subsidio de gasolina en otro caso. Estamos también promoviendo la colecta de agua de lluvia; antiguamente se colectaba mucha agua de lluvia en aljibes, etcétera, algo que de alguna manera se perdió.