Tierra de Mujeres, el programa del Instituto Nacional de Colonización (INC) que busca facilitar el acceso de las mujeres a predios rurales, celebró este jueves su segunda edición con el lanzamiento de una nueva convocatoria.
Esta política pública, enmarcada en el Plan Nacional de Género en las Políticas Agropecuarias del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, fue creada en 2021 con el objetivo de fomentar la autonomía económica de las mujeres en el campo, reconociendo la existencia de desigualdades de género en la ruralidad, por ejemplo, en el acceso a las tierras.
En la primera edición, el INC aprobó la propuesta de cinco llamados específicos para mujeres. Las beneficiarias lograron acceder a tierras en las diferentes modalidades de adjudicación: Unidades de Producción Asociativas, integradas por un mínimo de tres personas, y Unidades de Producción Familiar, que son individuales.
La actividad contó con la presencia del presidente del INC, Alejandro Henry, la directora del instituto, Karina Henderson, y cuatro de las beneficiarias de la edición inaugural, quienes compartieron sus experiencias como adjudicatarias y alentaron a otras mujeres rurales a “que se animen”.
Resultados de la evaluación y segunda convocatoria
En 2023, la Unidad de Seguimiento y Evaluación del INC propuso, en conjunto con el Colectivo de Estudios Interdisciplinarios de Mujeres Rurales (Ceimur) de la Universidad de la República, realizar una evaluación de la primera edición del programa y analizar su desarrollo “con foco en el diseño y la implementación”.
Verónica Camors, antropóloga y gerenta de la unidad, compartió algunos de los “hallazgos” de la evaluación y destacó el impacto positivo que tuvo el programa. Los resultados reflejan desafíos aún pendientes, como la falta de herramientas de diagnóstico para detectar la potencial demanda en el territorio, debilidades en el proceso de planificación -particularmente carencias en la emisión de los apoyos financieros- y ausencia de metodologías de seguimiento específicas.
En tanto, valoró que el programa “evidencia un avance histórico para la equidad en el campo uruguayo”. Con respecto a la segunda convocatoria, la antropóloga aclaró que mantiene el mismo enfoque que la anterior: apoyar a mujeres rurales en el acceso a la tierra, tanto en unidades de producción familiar como asociativas.
No obstante, este año se incorporaron “algunos ajustes”, como el diseño de una tecnología de relevamiento de demanda de tierra para mujeres con el objetivo de crear instrumentos confiables y sistemáticos que permitan conocer las orientaciones productivas, los perfiles y las necesidades en la demanda de tierra de las mujeres en todo el territorio.
Para Henderson, única mujer integrante del directorio del INC, Tierra de Mujeres “revaloriza” el rol de las mujeres en el medio rural como productoras y como beneficiarias de políticas públicas orientadas a lograr su autonomía económica.
Colona a los 30
Victoria Guyer tiene 30 años, es técnica agropecuaria y vive en la zona de Porvenir, una pequeña localidad en Paysandú. En 2023, el INC le adjudicó una fracción de tierra, a pocos kilómetros de la chacra en la que vive. Se dedica “principalmente” a la cría vacuna y ovina.
En 2021, ella presentó su proyecto al programa Tierra de Mujeres. Lo escribió sola y a mano. Recordó lo “complicado” y “desafiante” que fue darle forma, aunque también “fue ponerle voz a ese sueño que una venía siempre teniendo, a esa ilusión”, expresó.
Otro de los desafíos fue empezar a asumir responsabilidades, “ya no trabajás para alguien o con alguien […] Es esa responsabilidad de que empezás a hacer una empresa. Como mujer, a mi edad, fue desafiante, pero muy lindo y de mucho crecimiento personal”, destacó.
Un logro de a tres
En 2024, el INC adjudicó al grupo El Trébol Verde, conformado por Evelin, Rosario y Marcela, la titularidad de 397 hectáreas, ubicadas a unos 20 minutos de Quebracho, en Paysandú.
“A los 50 años, gracias a Colonización, accedí a una fracción para poder empezar a expandirme y a hacer lo que siempre soñé: seguir siendo colona y seguir estando arraigada en el campo”, manifestó Evelin Bertinat.
Su compañera, Rosario Gallo, vivió toda su vida en el campo. “Es lo que me gusta y lo que quiero seguir haciendo”, aseguró. “Cuando salió este llamado grupal, nos presentamos y tuvimos la suerte de ser adjudicatarias. Cuando nos avisaron que habíamos salido seleccionadas para esa fracción, como que no bajábamos los pies a la tierra de que lo habíamos logrado. Estamos muy felices, trabajando bien y progresando”, relató.
“El desafío es el ser mujer y que te tomen en cuenta como colona, como productora […] Siempre estamos a la sombra del varón, del compañero, del esposo”, cuestionó, pero acceder a esa fracción de tierra le dio la confianza necesaria para “hacer las cosas con más ganas” y “demostrar” su capacidad.
Arrancar con poco
María Picardo, integrante del grupo La Guachera, de Sarandí Grande, se dedica a la cría de terneros holando. Como hija de asalariados rurales, no se imaginaba que iba a llegar a ser colona.
“Arrancamos en un momento en que el ternero holando estaba bastante devaluado. Teníamos muy poquitas hectáreas. Nos presentamos a un llamado, pudimos acceder y para nosotras fue una buena oportunidad para poder meterle un poco más de kilos a esos terneros y que nos generara más rentabilidad de la que traía”, contó.
“A veces, en el campo estás como en una burbuja en la que tu vida gira en torno a la familia y a los animales, y un montón de propuestas o proyectos pasan por al lado tuyo y no te enterás”, observó y destacó que el trabajo colectivo, la asistencia a cursos y mesas de desarrollo la hicieron “crecer mucho como persona”.
Además de dedicarse a la cría de terneros, María pudo acceder como titular a una fracción lechera y comenzar a dedicarse también a la lechería. “Está muy bueno que se le dé la oportunidad a mujeres que realmente tienen ganas de salir adelante y que no necesitan estar a la sombra de nadie para hacerlo”, concluyó.
Abrirse paso y romper estructuras
En Uruguay, el acceso de las mujeres a las tierras “ha estado restringido por estructuras marcadas por mandatos sociales y culturales”, dijo Henderson y agregó que “históricamente” las mujeres rurales han trabajado en la producción, “además de encargarse del trabajo reproductivo de sus familias, que habitan y viven en el medio rural”.
En esta línea, recordó que “hasta no hace mucho tiempo atrás” el agro “invisibilizaba” el trabajo de las mujeres, que carecían de autonomía económica, “y la tierra quedaba exclusivamente a nombre de los varones, entendidos por la sociedad como los jefes de hogar”.
En las últimas décadas, esta situación cambió. “Las mujeres comenzamos a participar en las organizaciones locales y nacionales, a ocupar cargos dirigenciales, a proponer, a generar acciones y a ser escuchadas”, valoró.
Este proceso, indicó, fue acompañado por políticas públicas. En 2014, el INC comenzó a implementar la cotitularidad en la tierra y en 2019 se efectivizó a través de la Ley 19.781, garantizando la cotitularidad de hombres y mujeres en los predios de Colonización.
Para finalizar, la jerarca valoró el “trabajo dedicado” que las mujeres sostienen “día a día” en sus predios defendiendo el derecho a la tierra.
Por su parte, Henry hizo hincapié en la “importancia” del acceso a la tierra, como elemento “imprescindible” para llevar adelante el desarrollo rural. Asimismo, condenó la discriminación que sufren las mujeres en el medio rural, al que calificó como “seguramente el más machista de nuestra sociedad”.
A las que vendrán
Victoria celebró que se vuelva a abrir una convocatoria para que las mujeres puedan acceder a tierras y, como ella, cumplir sus sueños. “Los que venimos del campo y que nos criamos en eso, soñamos con criar a nuestros hijos ahí y quedarnos. Lo que necesitamos es la tierra, que me parece que es la principal herramienta, después lo demás se va acomodando”, consideró.
“Ojalá que sean un montón de mujeres más las que puedan cumplir ese sueño de vivir en el campo y de vivir del campo, porque a veces vivimos en el campo y tenemos que trabajar en otro lado”, explicó y recomendó a las mujeres que se presenten a este segundo llamado “siempre” recurrir a los técnicos y consultar.
Al igual que Victoria, Evelin les aconsejó que se apoyen en los técnicos y en otras productoras rurales, y que, a pesar de la edad, se animen y tengan confianza.
Trabajar en el campo “es difícil”, dijo Rosario. “A veces peleamos con el clima, a veces peleamos con los precios. Muchas veces no tenemos feriados o fines de semana, pero es un trabajo que nos gusta y que hacemos con pasión”, agregó y alentó a aquellas mujeres que comparten esa pasión “a comprometerse, a seguir y no perder la esperanza; en algún momento llega”.
Por último, María, se puso a las órdenes y se sumó a las palabras de Rosario: “No es fácil, pero se sale adelante. Se lucha contra el clima, se lucha contra problemas personales, pero no hay que desviarse de los objetivos”.
