Entre la nutrida agenda de actividades de la Expo Prado 2026 destacó la mesa de intercambio “De la cuota al valor: cómo capturar la prima europea”, en la que este lunes expusieron la subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi, el presidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Miguel Sierra, y el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber.
EL INIA, en su rol de institución vinculada a la innovación y a la adopción de tecnologías agropecuarias, convocó a poner la mira en el largo plazo y en qué pasa con la innovación ante las nuevas oportunidades comerciales que se abren a partir de la entrada en vigor del acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE) y de las acciones que lleva adelante el gobierno para abrir nuevos mercados y maximizar los resultados en los mercados que ya adquieren productos agropecuarios o agroindustriales uruguayos.
La apertura de la charla estuvo a cargo de Ferber, quien recordó que “el acuerdo Mercosur-UE lo empezamos a negociar en el 2000, hace 26 años. Demoramos 25 años en concretarlo, hay que tenerlo en cuenta cada vez que hablamos de hacer algo desde el Mercosur; eso también son insumos, son datos”.
A continuación, hizo un análisis comparativo de la coyuntura internacional a principios del siglo XXI y en 2026, enumerando que la UE en ese momento representaba el 23% de la economía mundial, y hoy representa el 16%. Estados Unidos representaba el 28%, hoy el 23,5%. En conjunto, eran más del 50%; hoy son menos del 40%. “¿Qué pasó mientras tanto? Pasó China”.
“China tenía el 6%, y hoy tiene el 19%. El centro de gravedad de la economía mundial se va desplazando, y eso lo tenemos que entender. El Mercosur creció también, obviamente, en lo que produce. En el Uruguay la producción se multiplicó por cuatro, lo que capturamos en dólares, pero éramos el 3,4% y hoy somos el 2,8% del mundo; el mundo creció más rápido que el Mercosur”, dijo.
Según Ferber, la facturación de Uruguay por sus exportaciones hace 25 años era de “23.000 millones de dólares y hoy factura 85.000 millones. Seguimos siendo la misma cantidad de personas”. También destacó que la importancia relativa de los mercados de destino de los productos uruguayos se modificó, al punto que hoy China es el primero, situación totalmente distinta a lo que era en el 2000. El presidente de la ARU aseveró que el acuerdo Mercosur-UE “llega en un mundo completamente distinto de aquel para el cual comenzó a negociarse”.
No obstante, “si no hacemos acuerdos y no buscamos dónde colocar nuestros productos y, sobre todo, si no buscamos formas de diversificar riesgos, vamos a empeorar con el resto de nuestros competidores; como vimos, el mundo crece más rápido de lo que crece en nuestra región. Europa sigue siendo un mercado extraordinariamente atractivo, alrededor de 450 millones de consumidores con alto poder adquisitivo, y donde atributos que Uruguay puede ofrecer, como calidad, sanidad, trazabilidad, seguridad alimentaria, libre de deforestación y sostenibilidad, tienen un enorme valor. Entonces, es un mercado que, por más que pueda parecer que nos exige mucho, exige lo que nosotros podemos dar”. Según Ferber, “para nuestro sector agropecuario existen oportunidades muy concretas”, en especial para carnes y arroz, tal como destacó.
“Los acuerdos nos dan la llave de la puerta, depende de nosotros abrirlas y generar los negocios y buscar dónde sacarle mayor fortaleza al acuerdo. Para atravesarla necesitamos competitividad, infraestructura, costos razonables, investigación, sin duda, capacidad logística y reglas que permitan producir y trabajar”, concluyó el titular de la ARU.
Por su parte, Csukasi expresó que poder hablar en esta instancia del acuerdo Mercosur-UE es como “sacarse un peso de encima. Hoy podemos decir que superamos esa etapa (de 25 años de negociación), no sin trauma, pero la superamos, y ahora nos toca no dormirnos en los laureles”.
La subsecretaria afirmó que “ya empezamos a ver sectores que se benefician por la reducción de sus aranceles”, e hizo mención especial a la pesca, “un sector en Uruguay que ha estado muy afectado y que no tenía un mercado, y que con este acuerdo vuelve a tener una potencialidad de exportación muy grande”.
Para la diplomática, Uruguay debe asegurar, mantener y reforzar su presencia en los mercados internacionales, pero fundamentalmente anticiparse a nuevas coyunturas. En este sentido, mencionó que “hay toda una etapa de investigación, de acompañamiento, de publicidad que creo que es una tarea que no podemos dejar pasar y que tenemos que empezar a desarrollar con más seriedad. El final no fue la entrada en vigor del acuerdo. Esto lo tendríamos que haber hecho antes; 25 años de negociación no nos podrían haber dejado un 1° de mayo de 2026 mirándonos entre nosotros diciendo ¿y ahora qué? Debería haber un montón de programas y de proyectos que hubieran acercado este acuerdo a la producción y a la exportación uruguaya, pero eso no sucedió. Ya pasó, no podemos hacer nada para cambiarlo. Pero lo que sí podemos hacer es intensificar la tarea interinstitucional y la público-privada para asegurar que este acuerdo genere oportunidades para quienes ya están presentes en Europa, pero también para aquellas empresas que hoy no son internacionales”.
Obviamente, Csukasi recordó que están negociándose otros acuerdos comerciales con bloque o países, fundamentalmente asiáticos, “que nos vinculan con esa Asia del crecimiento, con esa Asia de los nuevos mercados de consumo, y para la cual nos podemos ir preparando, porque va a requerir mucho trabajo entender qué se consume, cómo se consume y cómo se presenta lo que se consume” en esa región. “No nos podemos conformar; tenemos deberes para hacer”, concluyó.
En tanto, el presidente del INIA retomó conceptos de Csukasi y vinculó ese desafío con el papel de la investigación. “Este acuerdo habilita y genera un nuevo espacio comercial sin aranceles, pero los espacios hay que ocuparlos. Para capturar la prima de valor necesariamente hay que asociar los productos uruguayos a atributos diferenciales valorados por el consumidor europeo. Y ahí entra el INIA y la investigación, aportando evidencia científica para verificar dichos atributos”, planteó. Señaló que las exigencias europeas se modifican con el tiempo e incorporan parámetros vinculados a temas ambientales, ética, bienestar animal, huella ambiental y salud del suelo, todos componentes que el instituto trabaja.
En ese marco, apuntó que “desde el INIA estamos comprometidos a generar indicadores, medirlos y dar soluciones tecnológicas que estén a la altura de los estándares mundiales”, y concluyó que el instituto debe “tener una agenda de investigación de mediano y largo plazo, y otra agenda más táctica que se adecúe a las necesidades que tenga el sector y para que los productores puedan capitalizar las oportunidades que trae este acuerdo”.
