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Nicolle Salle (archivo, 2025). · Foto: Gianni Schiaffarino

Nicolle Salle (archivo, 2025).

Foto: Gianni Schiaffarino

¿Qué dice la ciencia sobre los dichos de Nicolle Salle respecto de la mortalidad por la vacunación contra la covid-19?

Las afirmaciones realizadas por la diputada sobre el exceso de muertes y la seguridad de las vacunas contradicen los estudios epidemiológicos y los datos acumulados durante la pandemia.

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En una entrevista concedida al programa Aire rico de la emisora Del Sol, la diputada de Identidad Soberana, Nicolle Salle, explicó que su partido busca acceder a información relacionada con correos electrónicos que, según afirmó, vinculan al financista estadounidense Jeffrey Epstein, asesores de Bill Gates y actores del sistema financiero internacional con proyectos vinculados a futuras pandemias.

Según la legisladora, la aparición de esos documentos refuerza los cuestionamientos que su sector está realizando hace años sobre la gestión sanitaria de la emergencia. “La pata uruguaya es la que deja en evidencia el marco fraudulento de todo lo que tiene que ver con las pandemias y las demandas de vacunas”, sostuvo. En ese contexto, reclamó conocer detalles de los contratos firmados por el Estado uruguayo para la adquisición de dosis contra la covid-19, y cuestionó la actuación de organismos internacionales y laboratorios farmacéuticos.

Ante la consulta respecto de si en Uruguay hubo fallecimientos a causa de la vacunación, Salle afirmó que fueron “más de 15.000 personas, hasta donde sabemos”, porque “se empezó a morir gente cuando empezaron a vacunar”, en referencia al exceso de mortalidad observado entre 2021 y 2022. Según la diputada, esas cifras no pueden explicarse únicamente por la circulación del coronavirus y estarían vinculadas tanto con la enfermedad como con los “efectos secundarios” de las vacunas.

Durante la entrevista, la legisladora cuestionó además la información oficial difundida durante la emergencia sanitaria y sostuvo que “las estadísticas de covid se inflaron”. En esa línea, y en relación con las cifras de mortalidad, afirmó que “aumentaron después de que se empezó a vacunar” y exigió que sea investigado.

Salle también puso en duda la seguridad de las vacunas utilizadas en el país y aseguró que no se realizaron los controles necesarios. Al referirse a posibles efectos adversos, mencionó los casos de miocarditis asociados con algunas plataformas vacunales, y sostuvo que existe “muchísima información y estudios estadísticos en relación a las muertes” que respaldarían sus cuestionamientos.

El exceso de mortalidad y la campaña de vacunación

Ya en el pasado, afirmaciones similares a las de Nicolle Salle sobre una supuesta relación entre la vacunación contra la covid-19 y el aumento de las muertes fueron rechazadas por la comunidad científica. Ante la consulta de la diaria Verifica, desde la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar) señalaron que la evidencia disponible no respalda esa interpretación y que los datos deben analizarse en el contexto epidemiológico en que se produjo la emergencia sanitaria.

Una de las principales omisiones por parte de la diputada fue que el inicio de la campaña de vacunación en Uruguay coincidió con la llegada de la variante Gamma, identificada inicialmente en Brasil, que provocó un fuerte aumento de los contagios y de los casos graves. Según explicaron los expertos consultados, durante los primeros meses de 2021 el país atravesó la etapa más crítica de la pandemia, cuando todavía una parte importante de la población no había completado el esquema de inmunización necesario para alcanzar una protección significativa.

“En el cruce entre esas dos situaciones hubo un montón de personas que no llegaron a estar cubiertas completamente por el mínimo indispensable, que eran dos dosis de la vacuna, y el ingreso de esta variante, que generó un número muy importante de casos”, indicaron, y recordaron que la protección brindada por las dosis requiere tiempo para desarrollarse.

Asimismo, señalaron que los análisis epidemiológicos realizados posteriormente muestran que el exceso de mortalidad se concentró en los momentos de mayor circulación viral y que, una vez alcanzados niveles elevados de cobertura, las cifras comenzaron a descender. “Lo que se observa es que la mortalidad vuelve a niveles esperables cuando la población adquiere protección, tanto por vacunación como por inmunidad generada tras la infección”, señalaron.

Otro de los aspectos cuestionados es la utilización de correlaciones temporales como prueba de causalidad. El hecho de que dos fenómenos ocurran simultáneamente, por ejemplo, el inicio de una campaña de vacunación y un aumento de la mortalidad, no implica necesariamente que uno sea consecuencia del otro. Para establecer una relación causal, explicaron, es necesario recurrir a estudios epidemiológicos diseñados específicamente para evaluar ese vínculo y comparar los resultados con grupos de referencia.

Consultado por este medio, el doctor Alejandro Chabalgoity, director de la Unidad Académica de Desarrollo Biotecnológico del Instituto de Higiene e integrante de la Academia Nacional de Ciencias, se expresó en el mismo sentido. “Decir que las muertes empezaron con la vacunación es tan ridículo como decir que las muertes empezaron cuando las tropas se empezaron a movilizar y no por la guerra”, señaló.

El investigador recordó que durante 2020, antes de que existieran vacunas, la covid-19 ya había provocado decenas de miles de muertes en todo el mundo y había colapsado sistemas sanitarios en numerosos países. “Las vacunas aparecen como respuesta a un problema que ya estaba causando una enorme cantidad de fallecimientos”, sostuvo.

Chabalgoity agregó que los datos internacionales muestran una tendencia opuesta a la planteada por la legisladora y que “las muertes no empezaron a aumentar con la vacuna, sino que bajaron”, afirmó. Según explicó, numerosos estudios realizados en distintos países concluyeron que las campañas de inmunización redujeron significativamente las hospitalizaciones, los ingresos a cuidados intensivos y la mortalidad asociada con la enfermedad.

El investigador señaló además que existe una enorme cantidad de información acumulada desde el inicio de la pandemia. A diferencia de los primeros meses de 2020, cuando el conocimiento sobre el virus era limitado, actualmente se dispone de bases de datos internacionales, estudios clínicos, investigaciones observacionales y análisis poblacionales que permiten evaluar con mayor precisión el impacto de las vacunas. “La evidencia es abrumadora en cuanto a que tuvieron un efecto protector”, resumió.

Qué se sabe sobre los efectos adversos

Respecto de los posibles efectos secundarios ocasionados por la vacuna señalados por Salle, los especialistas consultados coincidieron en que los eventos adversos existen y fueron objeto de seguimiento permanente por parte de las autoridades sanitarias y de la comunidad científica, pero indicaron que ello no respalda la hipótesis de una mortalidad masiva asociada con las dosis administradas durante la pandemia.

Desde la Facultad de Ciencias explicaron que uno de los aspectos más estudiados fue la aparición de casos de miocarditis y pericarditis en “determinados grupos de edad y población”. Sin embargo, precisaron que esos episodios fueron detectados principalmente en varones jóvenes vacunados con plataformas de ARN mensajero, particularmente Pfizer, y que se trató de eventos muy poco frecuentes. Además, señalaron que la gran mayoría de los pacientes evolucionó favorablemente y que los cuadros fueron generalmente leves en comparación con las complicaciones que podía generar la propia infección por coronavirus.

Asimismo, desde la institución consideran que la identificación de esos efectos adversos demuestra precisamente que los sistemas de vigilancia funcionaron. “Se detectaron porque se estaban monitoreando”, explicaron, y agregaron que, una vez que surgieron las primeras señales de alerta, distintos organismos reguladores internacionales analizaron la información disponible, emitieron recomendaciones específicas y actualizaron las evaluaciones de riesgo cuando fue necesario.

También remarcaron que la posibilidad de riesgos están presentes en todo tipo de medicamentos y vacunas y que “no existe ninguna intervención médica que tenga riesgo cero”. Por tal motivo, las decisiones sanitarias se toman considerando el balance entre beneficios y posibles efectos adversos. En el caso de las vacunas contra la covid-19, la evidencia mostró que el beneficio de prevenir hospitalizaciones y muertes fue ampliamente superior a los riesgos identificados.

Por otra parte, la existencia de reportes de eventos adversos no implica automáticamente una relación causal con la vacunación. En muchas ocasiones, los sistemas de farmacovigilancia registran cualquier problema de salud ocurrido después de una inmunización para luego investigar si existe o no un vínculo real. “Que un evento ocurra después de una vacuna no significa necesariamente que haya sido causado por ella”, resumieron.

Chabalgoity coincidió en ese punto y recordó que ninguna intervención médica está exenta de riesgos. “Cualquier medida de salud puede tener efectos secundarios”, sostuvo. Sin embargo, señaló que durante la pandemia las autoridades debieron tomar decisiones frente a una enfermedad que estaba provocando una emergencia sanitaria sin precedentes recientes.

“Desde el punto de vista de salud, nosotros teníamos un problema que resolver, que era que la gente se estaba muriendo. Eso es incontrastable”, afirmó. El investigador recordó que los hospitales de numerosos países enfrentaron situaciones críticas y que la búsqueda de herramientas para reducir la mortalidad era una prioridad sanitaria global.

A juicio de Chabalgoity, uno de los errores más frecuentes en los discursos críticos sobre las vacunas consiste en analizar únicamente los posibles riesgos sin compararlos con las consecuencias de no intervenir. “La pregunta relevante no es si existe algún efecto adverso, sino qué ocurre cuando se compara ese riesgo con el riesgo de la enfermedad”, explicó.

El científico sostuvo que “se administraron miles de millones de dosis” en todo el mundo y los sistemas de vigilancia sanitaria han generado una cantidad inédita de información sobre seguridad y eficacia. Según afirmó, los datos disponibles no muestran un aumento de la mortalidad atribuible a las vacunas, sino que permitió “alivianar” la cantidad de casos graves, las internaciones y las muertes provocadas por la covid-19.

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