No es “Godzilla”, “Súper”, “Gordo” ni “Recargado”. Como explicó a la diaria Verifica la presidenta del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet), Madeleine Renom, la categorización de El Niño se elabora en función de la temperatura del agua en el Pacífico: “Entre 0,5 y 1 grado es un Niño débil, entre 1 y 1,5 grados es un Niño moderado, entre 1,5 y 2 grados es un Niño fuerte y mayor a 2 grados es un Niño muy fuerte”, indicó.
Aunque ya estuvo en Uruguay e incluso Renom explica que los últimos eventos de El Niño más fuertes fueron en 1997-1998, 2009-2010, 2015-2016 y 2023-2024, el de este año será especial porque combina la categoría muy fuerte y se le añade otro condimento distintivo respecto de ediciones anteriores: “Está superpuesto arriba de un calentamiento de los océanos generalizado debido al cambio climático”, según explica el docente e integrante del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y Física de los Océanos de la Facultad de Ciencias Marcelo Barreiro.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que se prevé una “intensificación” del fenómeno. Actualmente, según las proyecciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, existe “un 81% de probabilidad de que se presente El Niño muy fuerte durante el período de octubre a diciembre” –estaría entre los eventos “más grandes en el registro histórico que data desde 1950”– y un 97% de probabilidad de que sus condiciones “persistan hasta comienzos de la primavera de 2027”.
Pero ¿qué es y por qué importa qué tan caliente esté el mar? El Niño y La Niña son fases opuestas de un patrón climático natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur que, según la OMM, “altera las temperaturas de las zonas central y oriental del Pacífico ecuatorial y, al mismo tiempo, conlleva cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas”.
Barreiro dijo a la diaria Verifica que involucra “tanto el océano como la atmósfera”. Sobre el primero, subrayó que implica un “calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial por encima de lo normal”. En la atmósfera, al calentarse las aguas, las lluvias intensas se “corren” hacia el este, desde el Pacífico oeste al central.
“Tiene implicancias mundiales porque la atmósfera es muy eficiente en transmitir la información desde el Pacífico hasta otras regiones del mundo”, dijo. Lo hace a través de ondas y una de ellas llega hasta el sudeste de Sudamérica: aumenta los vientos en altura y también los de niveles bajos, que traen humedad desde el sur de la cuenca amazónica.
Esa es la receta: “Una vez que tenés aire muy húmedo y cálido en superficie, y además la atmósfera en altura está favoreciendo el ascenso de ese aire húmedo y cálido, están dadas las condiciones perfectas para que haya un ascenso de aire, se formen nubes de gran desarrollo vertical que tengan lluvias intensas”, condensó el experto.
Sus efectos en Uruguay
Respecto de las temperaturas, el impacto de El Niño es en julio, agosto y setiembre y estará representado por mediciones “por encima de lo normal en todo el país, fundamentalmente más al norte que al sur”, señaló Barreiro. A su vez, para agosto, setiembre y octubre la región afectada por el calentamiento pasaría a ser el noroeste, al tiempo que con la entrada de la primavera se espera que “todo el país esté con temperaturas por debajo de lo normal”.
Sobre las lluvias, Renom señaló que las precipitaciones abundantes en julio, agosto y setiembre “se notan más claras en el noreste del país”, sobre la frontera con Brasil. A su vez, en agosto, setiembre y octubre la franja afectada “va creciendo hacia el suroeste” y “se va metiendo más hacia el centro”. En setiembre, octubre y noviembre, la señal de El Niño es clara en “al norte del río Negro y las probabilidades de precipitaciones por encima de lo normal aumentan”.
Sin embargo, los expertos coincidieron en que no solo importa cuánto llueve, sino también cómo. Renom dijo que durante El Niño “aumenta la frecuencia de los eventos de precipitación extrema con montos diarios por arriba de 30 o de 50 milímetros, principalmente en la región norte” y, puntualmente en abril, aumenta la frecuencia de “días consecutivos con precipitaciones más o menos normales”.
Que se hable de “precipitaciones abundantes” lleva a pensar en las inundaciones. La directora nacional de Aguas del Ministerio de Ambiente, Teresa Sastre, indicó a la diaria que trabajan en coordinación con el Inumet y el Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) y su rol es “medir los niveles de los cursos de agua”, correr los modelos y trasladar la advertencia hidrológica. Se pronostican los caudales con cinco días de anticipación.
También existe información histórica en el Mapa de Riesgo que la institución elabora con base en “crecidas históricas”. Las localidades de Durazno, Artigas, Paysandú, Mercedes, San José de Mayo, Santa Lucía, Paso Carrasco, Treinta y Tres, Salto, Juan Lacaze, Delta del Tigre y Villas se encuentran en nivel “muy alto”, y San Carlos, San Gregorio de Polanco, Melo, Canelones, Rosario, Tacuarembó, 25 de Agosto, Bella Unión, Montevideo, Colonia del Sacramento, Río Branco, Paso de los Toros, San Javier y Rivera en nivel “alto”.
El Congreso de Intendentes planteó generar un “disparador desde el punto de vista presupuestal”
La noticia no pasó desapercibida: a nivel local, el presidente Yamandú Orsi anunció una revisión de protocolos de actuación ante el Congreso de Intendentes y, en Brasil, el gobierno elaboró un plan de 260 millones de dólares para mitigar su impacto.
En el marco de la Rendición de Cuentas, el presidente del Congreso de Intendentes, Carlos Enciso, dijo ante la Comisión de Presupuestos integrada con la de Hacienda de la Cámara de Diputados que se encuentran “muy preocupados y generando acciones con el Poder Ejecutivo” de cara al evento, según consta en la versión taquigráfica que relevó la diaria.
Enciso planteó la posibilidad de generar un “disparador desde el punto de vista presupuestal” cuando se declare una emergencia departamental porque “no hay previsto un recurso a tales efectos”. Además, indicó que los municipios pueden tener recursos para responder ante roturas de caminería o voladuras de techo pero resultan “muy acotados” frente a “un efecto de varios meses”: “Para un problema de esta envergadura, implicaría tener respuestas globales acordes”.
En la versión taquigráfica puede leerse que el jerarca canario y vicepresidente del Congreso de Intendentes, Francisco Legnani, señaló que ese mismo jueves reiteraron a Orsi “la posibilidad de tener una instancia” para “empezar a prever una serie de recursos” y adelantarse al fenómeno en función de que “las consecuencias pueden durar un largo tiempo”. En esa línea, el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, indicó a la diaria que se encuentran a la espera de la convocatoria de reunión de Presidencia.
Desde el Sinae informaron a la diaria que actualmente la Dirección Nacional de Emergencias se encuentra en “plena etapa de planificación y previsión ante el posible desarrollo del fenómeno de El Niño”: “Desde hace aproximadamente dos meses venimos trabajando en la elaboración de distintos escenarios y estamos próximos a iniciar las instancias de coordinación departamental de cara al evento”.
En paralelo, Renom informó que en el marco de la Red RCC para el sur de Sudamérica perteneciente a la OMM –de la que Uruguay forma parte– se implementarán, a impulso de Uruguay, “reuniones mensuales de discusión sobre tendencias trimestrales”.
La conexión con el cambio climático: no es “de por sí atribuible”, pero amplifica sus efectos
“El Niño y La Niña no son de por sí atribuibles al cambio climático” y “existen con independencia de la acción humana”, remarcó a este medio la directora nacional de Cambio Climático, María Fernanda Souza.
No obstante, lo que los une es el océano: “Cerca del 90% de la energía que queda atrapada en el sistema climático por el aumento de los gases de efecto invernadero es absorbida por el océano. Entonces, ese calentamiento de fondo del océano es el estado base sobre el que se desarrolla cada evento de El Niño y La Niña en su ciclo”. En consecuencia, el fenómeno ocurre sobre un océano que está “progresivamente más caliente”.
En ese sentido, respecto de si el cambio climático modifica la frecuencia o intensidad de los eventos, dijo que “no hay consenso científico”, aunque sí puede “amplificar sus efectos”. “Es el punto que tiene mayor convergencia científica. El calentamiento global de fondo se superpone a cada evento de El Niño y La Niña y carga el sistema con más energía y con más humedad”, afirmó.
Por otro lado, sobre si el cambio climático cambia la variabilidad de las precipitaciones asociadas a El Niño, dijo que “la señal es un poco más firme” y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático concluyó que es “muy probable” que la variabilidad de las precipitaciones asociadas “aumente de forma significativa hacia la segunda mitad del siglo XXI en la mayoría de los escenarios, con independencia de que cambie o no la variabilidad de la temperatura superficial”.
