Colonia Antonio Rubio es el lugar donde vivo. Es una colonia del Instituto Nacional de Colonización ubicada a 70 kilómetros de la ciudad de Salto. En esta zona la mayoría de los productores se dedican a la lechería. Mis padres trabajan en un tambo desde hace más de 20 años. Mi nombre es Tiziana y estoy en quinto grado, tengo 11 años que cumplí en el mes de mayo, concurro a la escuela 83, mi maestra es Mary desde que comencé en Inicial 4.

Mi familia está formada por mamá, que se llama Soraya, mi papá Jesús y los gurises: Jonatán, de 20 años, Richard, de 19, Franco, de 17, y la bebé Sofía, de nueve meses. Antes mi madre me llevaba a la escuela todos los días, pero desde que quedó embarazada ya no lo pudo hacer y me llevan mis hermanos o papá.

En la escuela hay una cocinera que se llama Marta; hace 23 años que trabaja allí y cocina muy rico. Tenemos una hermosa huerta, donde mis amigos plantaron muchas verduras; los que más disfrutan de trabajar en ella son Tadeo y Bruno, que hasta en la hora del recreo se quedan a jugar allí. Muchas veces en la escuela entramos en plataformas como PAM y Crea 2; a mí me encanta trabajar en ellas. Mi madre también asistió a la 83 y era compañera de clase de la que hoy es mi maestra, que también fue alumna en mi escuela. Hasta el año pasado éramos más de 20 niños y se fueron yendo de a poquito, porque sus padres se quedaban sin trabajo en los tambos, y ahora quedamos sólo nueve; también teníamos dos maestros y trabajábamos en dos salones, pero ahora estamos todas las clases juntas en uno solo. Todos los días, un rato antes de la salida, tenemos algún taller de inglés, educación física, música, hacemos actividades en la huerta, manualidades o lectura de cuentos en los que participan las madres. Ahora recibimos unas mochilas con libros de Edúcate, que nos prestan para leer en casa.

El momento que más me gusta es cuando juego en el recreo con mis amigos; cuando jugamos a la maestra soy yo quien la representa, porque es lo que quiero ser cuando sea grande.

A las tres de la tarde, cuando salimos, siempre me voy con ganas de quedarme a seguir jugando y estudiando, porque la escuela me gusta mucho. Cuando llego a casa mi mamá me ayuda a hacer los deberes, después de comer algo voy con ella a la huerta, para comerme alguna de sus frutillas sin que se dé cuenta. Algunas veces voy con Franco, mi hermano menor, a pescar al Tangarupá, el arroyo que pasa por el fondo del campo. Cuando hace calor también nos bañamos y jugamos un rato en el agua.

Otras veces voy con papá al tambo, lo ayudo a darles leche a los terneros y siempre me lleva con él a sacar silo; voy en la pala del tractor, mientras él maneja y me divierto mucho. Después de sacar silo y darles a las vacas nos vamos para la casa, donde mamá nos espera con el mate. Pero antes de entrar yo paso por la plazoleta donde están mis corderas que criamos guachas el año pasado, Peregrina y Chilindrina; siempre juego con ellas y las mimo un rato. Después ayudo a alguno de los gurises a darle la mema a un chanchito que estamos criando guacho, porque estaba muy flaco y la chancha lo apretaba, por eso papá se lo sacó.

En la noche miro tele y cuido a mi hermana mientras mamá prepara la cena. Después me baño y me acuesto a leer el libro viajero que traigo de la escuela. Antes de dormir sueño un rato despierta con cosas que leí en el libro o que me entusiasman de lo que estoy haciendo en la escuela. Esta semana fue sobre la posibilidad de conocer el mar, algo muy lejano de mi realidad y muy difícil de imaginar sólo con lo que veo en la tele, pero con una enorme esperanza de que algún día lo pueda ver. Mi mamá dice que nosotros vivimos en el mar del campo, así que me imagino que el otro es como el Tangarupá, pero con mucho más agua.

Esto que les cuento es vivir en el campo y asistir a una escuela rural.