Cuando se quiere poner un ejemplo que deje bien parado a Uruguay sobre grandes cambios que aquí se produjeron antes que en otras partes, suele citarse un puñado no demasiado grande de casos. El voto femenino, la ley de divorcio, por citar algunas de las cuestiones legales que nos debieran orgullecer; el Plan Ceibal, por mencionar un caso tecnológico-educativo, o la regulación del consumo y producción de marihuana en lo que concierne a las drogas. Sin embargo, hay un ejemplo que nos permite soñar que en este mundo, donde manda el mercado, los pequeños países aún tienen esperanza frente a las grandes corporaciones: eso es lo que nos muestran las osadas políticas antitabaco impulsadas desde 2005 por el presidente y oncólogo Tabaré Vázquez, que desembocarían en un juicio millonario que nuestro país terminó ganando.
Según el estudio Campaña de control del tabaco en Uruguay: un análisis de tendencias basado en la población, publicado en 2012 en la prestigiosa revista The Lancet (con la participación de investigadoras e investigadores locales e internacionales), se reportaba que “la campaña integral de control del tabaco en Uruguay se asoció con una disminución sustancial y sin precedentes del consumo de tabaco”. Sin embargo, no podemos dormirnos en los laureles.
Según la VIII Encuesta Nacional sobre consumo de drogas en población general, del Observatorio Uruguayo de Drogas de la Secretaría Nacional de Drogas, realizada en 2024, y cuyo informe de investigación fue dado a conocer en junio de 2025, “el tabaco es la segunda droga más consumida en Uruguay”, y agrega que “algo más de la mitad de los uruguayos ha consumido esta sustancia alguna vez en su vida”. 28% de las personas entrevistadas declaró haber fumado tabaco por lo menos una vez en los 12 meses previos a ser encuestadas, mientras que 25% declaró hacerlo al menos una vez en los últimos 30 días. “Estos datos muestran que aproximadamente la mitad de las personas que alguna vez consumieron tabaco continuaron su consumo en el último año; es decir, hay una fidelización importante que, en la mayoría de los casos, probablemente esté asociada al poder adictivo de esta sustancia”, sostenía el reporte.
El consumo de cigarros de tabaco “es mayor entre los varones que en las mujeres” (26% versus 22,2% en los últimos 30 días) y también presenta diferencias según el nivel socioeconómico (las personas de menor nivel presentan una prevalencia de 31% en el consumo autodeclarado en los últimos 12 meses versus 17% de las que están “en el extremo superior”). Más aún, una investigación sobre los impuestos a los cigarrillos reportó que, si aumentaran de acuerdo a lo que recomienda la OMS, para 2028 Uruguay tendría 49.000 fumadores menos.
¿Cómo la llevan los jóvenes? Lo mejor que pueden. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas de 2024 sostiene que “las prevalencias de los más jóvenes (15 a 25 años) y los mayores de 56 años son manifiestamente menores a las de los tramos intermedios (26 a 45 años)”, lo que “permite aventurar que, de mantenerse la efectividad de las políticas de tabaco, el consumo continuará descendiendo, ya que las nuevas generaciones muestran prevalencias más bajas”. Aun así, 8% de los menores de 17 y mayores de 15 están fumando (consumo en el último mes). Y cuando se alcanza la mayoría de edad, entre los 18 y los 25 ese porcentaje trepa al 25%.
En este contexto del orgullo de lo que hemos logrado y la constatación de que aún nos quedan cosas por hacer, la publicación del artículo titulado Exposición al humo de tabaco en el hogar e intenciones de fumar entre adolescentes que nunca han fumado en América Latina y el Caribe: un estudio transversal con datos del GYTS en la revista Population Medicine es un insumo relevante.
Firmado por Julissa Llacta, María Ochoa, Raúl Yactayo y Diego Azañedo, de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Científica del Sur, Perú, el trabajo “evalúa la asociación entre la exposición al humo de tabaco en el hogar y la intención de fumar entre adolescentes que nunca han fumado en América Latina y el Caribe”. ¿Por qué es relevante para nosotros? Porque si bien reportan que “no se encontró asociación significativa a nivel regional” entre que se fume ya en la casa y la intención de probar el cigarrillo de los y las adolescentes que viven en ella, sí encontraron asociaciones significativas en seis países. Y Uruguay es uno de ellos. Así que veamos un poco en qué consistió el trabajo.
Mirando datos nacionales
“Si bien la tasa mundial de tabaquismo entre las personas mayores de 15 años disminuyó del 23% en 2007 al 17% en 2019, según informes recientes de la Organización Mundial de la Salud, sigue siendo una preocupación importante”, señalan Julissa Llacta y sus colegas, que agregan que “en América Latina y el Caribe el 70% de los fumadores comienzan a hacerlo antes de los 18 años” (algo que en Uruguay no estaría pasando). El consumo de tabaco por parte de adolescentes, dicen, “es especialmente relevante”, ya que “son más vulnerables a la presión social y la experimentación”, por un lado, y porque en ellos “el consumo temprano de tabaco puede afectar el crecimiento pulmonar y el desarrollo cerebral, aumentar la susceptibilidad a enfermedades respiratorias y reducir el rendimiento físico y la resistencia”. En definitiva, todo eso “subraya la necesidad de estrategias de prevención eficaces”.
Y entonces señalan que, si bien “el ambiente familiar es crítico para la iniciación temprana del fumar”, “existe evidencia limitada que explore la asociación entre la exposición al humo de tabaco en el hogar y las intenciones de fumar entre adolescentes que nunca han fumado en América Latina y el Caribe”. Para subsanar esto, los investigadores recurrieron a analizar datos secundarios de la encuesta mundial sobre el tabaquismo en jóvenes (GYTS, por su sigla en inglés) que se aplica a al menos 1.500 estudiantes de entre 13 y 15 por país y que se han realizado en varios países de la región.
En concreto, accedieron a datos de 26 países de América Latina y el Caribe tomados en encuestas realizadas entre 2013 y 2021, tomando siempre la más nueva que contemplara sus “datos de interés”. Por “intención de fumar”, que sería la variable dependiente, se definió que sería “la disposición o el deseo de el/la adolescente de fumar en el futuro”. Para ello usaron datos de las encuestas que contenían la pregunta “¿Está de acuerdo o en desacuerdo con la afirmación ‘Creo que podría disfrutar fumando un cigarrillo’?”. La variable se codificó como “sí” cuando se respondía las opciones “totalmente de acuerdo” o “de acuerdo”, y como “no” en las restantes (“en desacuerdo” o “totalmente en desacuerdo”).
La variable independiente sería la exposición al tabaco en el hogar, definida como “presencia de humo de tabaco dentro del hogar debido al hábito de fumar de otros miembros del hogar”. La pregunta para ello decía: “Durante los últimos siete días, ¿cuántos días alguien fumó dentro de tu casa en tu presencia?”. Se tomo como “no” si contestaban “0” y como “sí” todas las demás respuestas (de “1” a “7”). Luego se tomaron otras covariables, como el género y la edad, para ver si incidían o no en la relación entre las otras dos.
Lamentablemente, se debieron excluir por diversas razones los datos de “Brasil, Colombia, Dominica, Haití, Montserrat, México, San Cristóbal y Nieves y las islas Vírgenes y Jamaica”.
El humo del tabaco pesa en el hogar... en Uruguay y otros cinco países
Al analizar los datos, Julissa Llacta y colegas reportan que, en el total, “18,5% de los adolescentes reportó exposición al humo de tabaco en sus hogares”. Y aquí viene un dato que nos debería llamar la atención: “Algunos países reportaron tasas relativamente bajas, entre ellos, Perú (7%) y Honduras (9%), mientras que otros mostraron niveles más altos, en particular Uruguay (29%), Surinam (28%) y Chile (28%)”. De los países cuyos datos fueron tomados en cuenta, Uruguay es aquel en el que los adolescentes reportaron que más se fuma en sus hogares.
Por su parte, “la prevalencia de la intención de fumar entre los adolescentes de los 27 países varió ampliamente, con un promedio de 13,02%”. Esta vez no estamos en los peores de la clase: “Costa Rica registró la prevalencia más baja (4,5%), mientras que El Salvador presentó la tasa más alta (40,3%)”, reportan. Pero tampoco podemos quedarnos tranquilos: el segundo peor lugar, tras El Salvador, lo ocupan Uruguay, Bolivia y República Dominicana (cada uno con una intención del 14,3%).
Acto seguido, informan que “en el análisis de la asociación entre la exposición en el hogar al humo del tabaco y la intención de fumar de los adolescentes, no se identificó una asociación estadísticamente significativa”. Sin embargo, al pasar de lo global a cada país en particular, sí hubo asociaciones significativas. Se dieron en Chile, Barbados, República Dominicana, Santa Lucía, Panamá y Uruguay, donde el hecho de haber sido expuesto a humo de tabaco en la casa aumentaba en 77% las probabilidades de tener intenciones de probar el cigarrillo (en Chile aumentaba 78%, en Barbados 98%, en República Dominicana 96%, en Santa Lucía 82% y en Panamá 58%).
Fumando unas puntas
En la discusión del trabajo aparecen algunas puntas para digerir los resultados. Entonces señalan que todos los países estudiados ratificaron el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS, por lo que la “implementación desigual podría explicar parte de la heterogeneidad observada. El progreso ha sido mayor en el Caribe no hispanohablante, Sudamérica y Norteamérica, pero menor en Centroamérica y el Caribe hispanohablante”.
Más aún, sostienen que “Uruguay ilustra estas brechas”, y agregan, citando datos de 2019, el último año en que se realizó la encuesta GYTS aquí, que “10% de los adolescentes de 13 a 15 años fuma, 41,5% reporta exposición en espacios públicos cerrados y 52,6% de quienes compraron cigarrillos acceden a cigarrillos sueltos, una práctica ilegal en el país”. También dicen que “casi la mitad ve anuncios de tabaco en puntos de venta, y la mayoría se expone a través de los medios de comunicación”, todas “cifras que ponen de relieve las deficiencias en la protección, las prohibiciones publicitarias y el control de acceso”. Y encima nos tiran una punta: “Países como Reino Unido y Francia han reforzado la protección mediante leyes que prohíben fumar en vehículos con menores, lo que demuestra que las regulaciones específicas en entornos privados pueden complementar las leyes de espacios públicos libres de humo”.
Así las cosas, por más que sean datos de 2019 que seguramente en la próxima encuesta GYTS deberían haber mejorado algo, lo que nos dice el trabajo es claro: rendirse nunca, bajar los brazos y pensar que ya lo dimos todo, jamás.
Artículo: Household tobacco smoke exposure and smoking intentions among never-smoking adolescents in Latin America and the Caribbean: A cross-sectional study using GYTS data
Publicación: Population Medicine (2025)
Autores: Julissa Llacta, María Ochoa, Raúl Yactayo y Diego Azañedo.