Hace dos semanas se publicó en plataformas digitales La certeza del dolor, el cuarto disco de Mocchi, que contiene ocho canciones. Lo primero que viene a la mente al escucharlo es que se trata del álbum más visceral de Mocchi, y el músico coincide totalmente con esa apreciación. Recuerda que cuando grabó 1990 -su disco anterior, editado en 2022-, no lo planificó, y este nuevo álbum, todavía menos, porque le estaban pasando algunas cosas personales, dolorosas, y no se sentía muy bien.

“Me fui de mi casa, en plan ir yirando por ahí, y en un momento tuve que bajar toda esa data. Estaba en Argentina, le escribí a los músicos en Uruguay: ‘Vénganse, grabamos un disco’, se hicieron los arreglos y, cuando quisimos acordar, estábamos haciendo un disco. Fue como ‘o esto lo pongo en un disco y redondeo todo lo que sucedió en este tiempo, que siento que no terminé de procesar, o me muero’. Surgió de un momento a otro, espontáneo, pero a la vez las canciones ya habían sido tocas un montón en vivo, habían sido digeridas”, cuenta Mocchi. Agrega que por eso el disco se llama así, porque habla mucho de sus dolores, pero “desde el lugar de lo que viene después: el aprendizaje, el crecimiento, poder ver la cicatriz y no la herida”.

“Todes buscamos las mismas cosas / y nadie sabe bien qué es; / si es el olor o la espina de la rosa / lo que nos mueve los pies”, canta Mocchi al principio de la sentida “La oruga y el cogollo”. El músico subraya que esa canción habla de todo lo que vivió, y comenta que “lo buenísimo a veces te puede destruir, porque hay que saber muy bien cuál es el límite”, como en todos los ámbitos de la vida, y agrega: “Cuanta más exposición tengo, más ansiedad tengo; todo cogollo tiene su oruga, son parte del mismo ecosistema y hay que ver cómo convive todo: la obra, el ego... Al final estás todo el tiempo pensando en un montón de cosas para no perderte en lo que es hacer algo que es público y conlleva mucha presión”, reflexiona.

El álbum cuenta con arreglos de cuerdas -la santísima trinidad de violín, viola y chelo- y bases de piano, que terminan de pintar el cuadro de una música melancólica, algo que ya de por sí tiene la obra de Mocchi. El músico recuerda que a fines de enero, en una gira por el interior de Argentina con toda la banda -con la que no suele presentarse mucho fuera de Uruguay-, tocaron en un festival en el que el público estaba “para bailar”, y Mocchi cayó “con la puñalada”, pero se dio cuenta de que funcionaba. “Si bien las canciones no son bailables, emocionan también al que quiere bailar”, acota. Agrega que a la hora de armar la lista de temas del nuevo disco la veía con esta formación, de tinte más acústico, “no con batería y bajo, sino más el dolor clásico”.

El tango siempre sobrevoló la obra de Mocchi y en este disco directamente aterriza en varias canciones. Quizás las más tangueras sean “Bicicletas” y “Carmen”. Según cuenta el músico, ambas canciones eran boleros que se convirtieron en tangos. Y bien tanguera también es la canción que cierra el disco -a sola voz y puro piano-, nade menos que una versión de “Pibe cantina”, aquel himno de cumbia villera de los albores de este siglo, de los argentinos Yerba Brava. La grabó porque tiene una letra que le gusta mucho, que trata de un personaje que “puede ser cualquiera”, y solía tocarla en vivo. Hace muchos años Mocchi la interpretó en Estados Unidos, en plan “jodiendo, con la guitarra”, se le acercó un yanqui y le dijo “qué buen tango”. “Este no tiene ni idea”, pensó Mocchi. “Pero después me puse a pensar, y la cumbia villera y el tango tienen un montón de cosas en común, vienen desde un lado marginado; quizás la cumbia villera es el tango del futuro”, acota.

La grabación de las voces de casi todo el disco fue de una sola toma. Mocchi resalta que hubo varias canciones que para todos los músicos resultó muy difícil grabarlas, porque las sintieron -lo visceral atravesó a toda la banda-, algo que “nunca” le había pasado “en ningún disco”. Por ejemplo, cuando Mocchi cantó “Amichi” en la grabación, les dijo a los demás: “No me pidan que la cante de vuelta porque no puedo, esto me duele, me está doliendo ahora”. En la coda de la canción, arropada por las cuerdas, Mocchi canta y repite: “Cuidate bien el corazón, / que ese que te tocó se fabricaron pocos”.

Mocchi cuenta que le costó “un montón” llegar a sus vísceras, artísticamente. Este año se cumple una década de su primer disco, La velocidad del paisaje, al que hoy ve como “muy metafórico”. “Me encanta mi primer disco, pero estaba descubriendo mi voz y el mundo, y las letras son de una lírica más onírica. Después, en mi segundo disco [Mañana será otro disco, 2016] ya entré a contar algunas historias, y en el tercero empecé a hablar en primera persona, me saqué la careta. Y este disco es 100% ‘yo estoy acá y me pasa esto’, como que Barney se sacó el traje y ahora vemos quién es”, dice.

El teatro Solís será el lugar donde este sábado y domingo Mocchi presentará su flamante álbum; para la función del sábado las entradas se agotaron en cuatro días; quedan para el domingo. “Para mí es un viaje, todavía no lo entiendo”, finaliza Mocchi.

Mocchi presenta La certeza del dolor este sábado a las 20.00 y el domingo a las 19.00 en el teatro Solís. Entradas por Tickantel (quedan para el domingo, desde $ 500 a $ 1.200).


Juan Casanova y Víctor Nattero

El dúo fundamental de Traidores se presenta este sábado a las 19.00 en el Auditorio del Sodre, en formato acústico, donde reinterpretará las legendarias canciones que pintaron parte del oscuro paisaje del rock posdictadura y explorarán nuevos sonidos. Las entradas se consiguen por Tickantel a $ 900.

Arquero en Inmigrantes

El hiphopero Diego Arquero se presenta este sábado a las 22.00 en el boliche Inmigrantes (Juan Paullier y Guaná); hará un recorrido por las principales canciones de su trayectoria, acompañado por pistas de teclado y guitarra eléctrica, y con muchos invitados. Las entradas se consiguen por Redtickets a $ 450.

Ciclo internacional de piano

El domingo a las 18.00 en el teatro Solís habrá una nueva función en el marco del Ciclo Internacional de Piano. En esta oportunidad se presentará el pianista uruguayo Mario Lamela, con un repertorio integrado por obras de Mozart, Schubert y Albéniz. Las entradas se consiguen por Tickantel a $ 200.