La más reciente edición del pequeño festival Piriápolis de Película transcurrió del viernes 16 al domingo 18 en el Argentino Hotel, de Piriápolis. Buena parte de las películas que tuvieron allí su estreno uruguayo difícilmente vayan a tener una programación regular en cines locales y quizá ni siquiera lleguen a las plataformas a las que solemos tener acceso. Es poco probable que se conviertan en películas de esas que “hay que ver”, o que lleguen a figurar en algún libro de historia del cine. Sin embargo, no me tocó ninguna que no haya valido la pena ver: cada una de ellas me dejó algo significativo y me despertó ganas de comentar y recomendar.
Dos de Brasil
Las que más me entusiasmaron fueron dos entregas de ficción de Brasil. La ecuación es una película de cámara, que transcurre casi toda entre cuatro paredes con dos personajes. Es la ópera prima de Guilhermo Marcondes, que tiene antecedentes como actor, director de casting y preparador de elencos. Según me contó en los pasillos del hotel (un privilegio de este festival), el planteo inicial era el de una obra teatral, pero, en lugar de producirla, optaron por expandir mínimamente el ámbito de la idea y realizarla en cine. Lo hizo con una extraordinaria sencillez: cámara en mano, planos y contraplanos, con unos pocos encuadres en que aparecen ambos personajes. El énfasis está en la historia, las muchas cuestiones morales y afectivas que revuelve, y las actuaciones de Lucas Capri y Dani Marques.
Como suele pasar en ese tipo de narrativa, hay una doble tensión temporal: el diálogo nos va revelando en forma estratégicamente dosificada las circunstancias del pasado, frente a las cuales se resignifican nuestras expectativas con respecto a qué va a pasar. La película contornea totalmente esos vicios broadwayescos de personajes hipersusceptibles llevados a explosiones emocionales calculadas para competir en los Tony o los Oscar. La historia de Daniel y Nora es realmente extrema, los diálogos son excelentes y la película es tensísima. La actuación de Dani Marques es la más sensacional que haya visto en una pantalla en varios meses, y se merecería todos los premios habidos y por haber.
Cinco tipos de medo (Cinco tipos de miedo) tiene un tono más ligero, si podemos hablar de ligereza en una trama que involucra asesinatos varios, incluso el de una embarazada. Es una nueva sorpresa que llega desde la región centro-oeste de Brasil, donde parece estar emergiendo una movida muy interesante (el año pasado, también en Piriápolis de Película, pudimos ver, de la misma procedencia, Oeste otra vez, de Érico Rassi). El inicio usa un artificio que recuerda a Magnolia, de Paul Thomas Anderson (1999), o Mi tío de América (Alain Resnais, 1980): una disquisición de tipo científico sobre la naturaleza del miedo, acompañada de breves imágenes ilustrativas que resultan ser, todas ellas, parte de las historias que veremos enseguida.
La película es coral, pero las distintas líneas se anudan unas con otras, y la cronología barajada va administrando nuestra conciencia de esas interacciones y aclarando en qué punto de la línea de tiempo se ubica determinada escena –el orden de aparición en la trama lleva a asumir que una escena ocurrió después de la anterior, pero luego constatamos que no fue así–. Hay mucho aquí del Tarantino de Pulp Fiction (1994), y no solo en el tratamiento del tiempo, sino también en el espíritu lúdico en que termina ganando visos humorísticos cierta acumulación delirante de eventos plausibles pero improbables (un abogado que busca una manera de asesinar a su propio cliente, un violinista tímido que se convierte en líder de un motín carcelario). El espíritu es menos explícitamente jocoso y canchero que el de Tarantino, pero sigue siendo juguetón. Hay mucho suspenso e ingenio, muy buenas escenas de acción, un final sentimental conmovedor, muy buenos diálogos y actuaciones y un panorama crudo de la expansión del crimen organizado por todo Brasil.
Dos de Argentina
El infierno está encantador: Gulp, 1985, de Lisandro Carcavallo, es un documental sobre la realización del primer LP de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Para los curtidores de la banda, quizá el valor principal sean los fragmentos en video, previamente inéditos, del espectáculo de lanzamiento del disco en el histórico boliche Cemento, mostrando ya la fuerte receptividad que obtenía la banda, aunque todavía lejos de la masividad que alcanzaría poco después.
Esos fragmentos funcionan como intermedios musicales para una estructura que es esencialmente de cabezas parlantes –formato desprestigiado por la mayoría de los esteticistas de la no-ficción, pero que muchas veces es ideal para construir un relato documental–. Dados los quilombos varios, no declararon el Indio Solari ni Skay Beilinson, pero sí están el artista plástico Rocambole, Lito Vitale (que tocó teclados y grabó el disco), Katja Alemann (de Cemento), y suman entre todos una idea del relato que da cuenta del contexto en que se grabó y del espíritu de independencia radical que supo cultivar la banda y que sería parte de su personalidad y significado. La voz tan articulada del Indio aparece en algunos materiales de archivo, “visualizados” con animaciones hechas especialmente para esta película.
El ciclo Fantapiria, de cine fantástico, fue la ocasión para la proyección de una copia HD remasterizada del clásico de culto Moebius, de Gustavo Mosquera. La película se había estrenado el 17 de octubre de 1996 y la proyección en Piriápolis se hizo en el trasnoche del 16 al 17 de octubre, a exactos 30 años. Basado en un cuento de Armin Joseph Deutsch, cuenta la historia de un subte que desaparece (con todos sus pasajeros), aunque sigue activando señales de su presencia. El topólogo protagonista terminará concluyendo que el tren pasó a otra dimensión. Hay unos cuantos anticipos de Matrix (1999) en el clima, en la perspectiva pluridimensional y en uno de esos personajes serenos que proponen ideas “filosóficas” a propósito de la revelación de esas dimensiones insospechadas. La realización es formidable, y el visual (fotografía, iluminación y arte) es muy llamativo.
En la conversación con Mosquera, luego de la proyección, nos contó sobre las increíbles circunstancias de la producción, íntegramente financiada por la Universidad del Cine, y tuvo un costo nimio. Con la excepción del director, la productora y los actores principales, todos los involucrados en la realización fueron estudiantes de cine. El visual alucinante y los efectos especiales se obtuvieron con un par de cámaras vetustas, recursos artesanales y mucho ingenio.
Varios de Uruguay
Se proyectaron, por primera vez en el departamento de Maldonado, algunos largometrajes nacionales estrenados este año en Montevideo. Tuve mi primera chance de ver dos de ellos, muy interesantes, ambos documentales de y sobre mujeres ya comentados en la diaria: [Mamá está acá]((https://ladiaria.com.uy/cultura/articulo/2026/4/mama-esta-aca-el-documental-uruguayo-que-entrelaza-historias-personales-maternidad-y-accion-creadora/), de Claudia Abend y Adriana Loeff, sobre distintas formas de maternidad , y [Cuerpos en tránsito]((https://ladiaria.com.uy/cultura/articulo/2026/8/demasiado-cerca-el-documental-cuerpos-en-transito/), de Victoria Giménez, rodada en una cárcel de mujeres y abordando algunas de las circunstancias de esas personas privadas de libertad.
A efectos de este artículo, fueron más especiales las funciones de cortometrajes, un ámbito que suele quedar por fuera de la cobertura crítica. Como parte del Fantapiria se exhibió 99 fantasmas, de Gonzalo Torrens, que viene teniendo buena recepción en festivales de distintos países y mereció una mención en el último Festival de Cinemateca. Una jovencita encuentra en su casa una vieja caja con casetes que parecen estar registrando sesiones de invocación de espíritus de personas muertas. Algunas de esas grabaciones son inquietantes, porque sugieren que puede haber pasado algo grave. La joven invita a dos amigas para replicar el juego entre ellas.
No estoy tan seguro sobre qué pensar del tramo final de la película, pero toda la parte inicial es sensacional, entre otras cosas por unos diálogos muy naturales y súper uruguayos. Al clima de miedo creciente colaboran, además, los trabajos de sonido y cámara –esos planos de detalle del casetero, mostrado por fuera y por dentro, como si sus entrañas mecánicas participaran en la conexión con el más allá–. Brillan las tres protagonistas: Paulina Xavier, Julieta Spinelli y Lucía Blasco. Esta última, protagonista también de los excelentes La hora azul (2022) y Mala facha (2024), se viene estableciendo como la “joven aterrorizada” oficial del cortometrajismo uruguayo, saludable indicio de que la producción local de cine “de género” viene ganando cuerpo suficiente como para que una joven talentosa acumule una filmografía llamativa.
En la competencia de cortos, el jurado oficial otorgó el premio de mejor película internacional al español Afasia, de Álex Marín (que no pude ver). Los premios al mejor corto uruguayo, tanto del jurado oficial como del jurado estudiantil, fueron para Bichos locos, de Juan Pablo Bornio. Es una curiosa película de animación stop motion con unos muñecos rústicos hechos con objetos reciclados (trompo de madera, escoba, un champión, etcétera). Los muñecos están ensayando Hamlet, que se supone que deberían tener preparada cuando lleguen los humanos que los van a liberar del encierro en que viven. Hay todo un juego complejo, porque los personajes son conscientes de ser lo que son, es decir, muñecos hechos con desechos, y creados por un tal William (que puede ser William Moreira, quien efectivamente hizo los muñecos en nuestra realidad empírica, o William Shakespeare). Se puede ver en Vimeo.
El jurado estudiantil puso como mejor película internacional también a una uruguaya, la muy interesante Complacientes anónimos, de Pedro Duarte. Acá se fantasea sobre una reunión con la metodología y ritual de Alcohólicos Anónimos, pero de gente a la que le cuesta imponer su voluntad y decirles que no a los demás. Llevados a extremos de farsa, esos rasgos de comportamiento generan situaciones maravillosamente absurdas, y además la película está muy bien escrita y actuada. Está en Youtube.
Quitando los últimos dos cortos, no es muy fácil acceder a la mayoría de estas películas, que son más interesantes que buena parte de lo que está en cartelera y, con una razonable promoción, podrían llevar un buen público. Ojalá que haya oportunidades.
