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Cultura Música
Fabián Fata Delgado. · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Fabián Fata Delgado.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Fabián Fata Delgado: “Estamos disfrutando de un revival”

Los Fatales celebran su 30º aniversario con un show en el Antel Arena.

Lejos de las inflexibles estrategias de marketing, Fabián Fata Delgado aprendió a manejar su banda a fuerza de instinto. O eso parece, cuando relata el instante en que se puso a trabajar en una de las actuaciones más ambiciosas en la carrera de Los Fatales. “Fue de carambola”, resume al final de la historia.

“Estaba jugando un partido de fútbol 5, y en otra de las canchas había un cumpleaños infantil. Eran chiquilines de 8 o 9 años, y vinieron a saludarme mientras cantaban ‘Bicho bicho’. Eso lo filmé y tuvo un rebote bárbaro en redes”, cuenta. “Por esos días, además, habíamos actuado en Buenos Aires y noté que Los Fatales estábamos muy entusiasmados. Entonces, si bien ya teníamos la agenda del año cubierta, se me ocurrió hacer una llamada para conseguir una fecha en el Antel Arena”.

“Nos queda el domingo 22 de noviembre”, informaron del otro lado del teléfono. “Dale, vamos con todo”, respondió el Fata.

“Simplemente sentí que teníamos que hacer ese show”, explica el cantante. “Si algo aprendí con el grupo en estos 30 años es a identificar cuál es el momento de las cosas”, señala. “No sé cómo explicarlo”, admite, “Te corre algo por el cuerpo”, se acerca, “y lo mismo me pasa con las canciones: de repente te das cuenta de que una cosa conecta con otra, como cuando largamos ‘Oliendo café’”, apunta.

Un martes a las 18.00, el Fata carga una consola de sonido con la que cruza la calle Ejido hasta una sala de ensayo. En la otra mano lleva una tablilla de plástico de las que usan los técnicos deportivos, y un marcador de amarillo flúo. En el breve camino por la vereda recibe el saludo de una vendedora de tortas fritas con la que intercambia impresiones de la tarde y de sus jornadas laborales. Un rato antes de empezar el ensayo, el popular artista uruguayo seguirá conversando con la diaria.

Me contabas que este festejo de 30 de Los Fatales ya tuvo una fecha en Buenos Aires. ¿El repertorio del grupo sigue siendo tan popular allá como acá?

Estuvimos en el ND Teatro y nos fue muy bien. Acá, que seguimos siempre sin parar, es más fácil que la gente tenga el repertorio presente. Y en Argentina nuestra música quedó como un clásico de las fiestas. Vos pensá que muchos de nuestros temas más conocidos son del 2000. La gente tenía que comprarse un CD o esperar a que sonaran en la radio para escuchar nuestra música en sus casas. Cuando nosotros llegamos a Argentina no había teléfonos celulares. Entonces, esas canciones quedaron en el recuerdo de la gente como algo muy deseado. Igual que pasa acá, en los cumpleaños de 15 de allá también suenan “Bicho bicho”, “Comadre, compadre” y “El baile del pimpollo”, y los más jóvenes las cantan como si fueran canciones nuevas. A la vez, ahora nos llaman de los canales de streaming y mucho de nuestro público llega a través de cortes de sus programas que se ven en Youtube y en Instagram.

Y como Sondor siempre subió nuestra música a Spotify, hay quienes llegan por ahí y nos piden temas que nunca tocamos en vivo. Así es como el nombre de Los Fatales se sigue reactivando. Ahora estamos disfrutando de una especie de revival de nuestros temas.

Para que la idea de un grupo como Los Fatales prosperara, ¿hubo que convencer a alguien?

No. Yo tenía una idea bastante clara. Con Eduardo Rivero [mánager de Karibe con K, la banda anterior del Fata] habíamos ido a tocar al baile de la Sociedad de Fomento y Defensa Agraria, en el Paso de la Arena. Y antes estaba tocando El Gran Combo, una orquesta que manejaba Alberto Blanco, un amigo nuestro. Resulta que Alberto le comenta a Eduardo que iba a desarmar el grupo porque no era una época buena de los bailes, que tenía otro trabajo durante el día y que esa dinámica lo tenía medio desgastado. Y Eduardo le dijo: “Mirá, con el Fata estamos con la idea de armar un grupo con temas de él. Si me pasás los teléfonos de tus músicos, los voy llamando y nos juntamos con ellos”. Y así fue.

Nos juntamos con Eduardo en el bar de la esquina de Audem [Asociación Uruguaya de Músicos], en Maldonado y Río Branco. Y fueron cayendo el Bocha Carlos Pintos, Mauricio López y muchos de los que estuvieron en los comienzos. Como la orquesta era nueva, algunos aceptaron la propuesta y a otros los llamaron de otras orquestas porque todos eran muy buenos músicos. Después con Rivero recorríamos ensayos de carnaval a ver sí veíamos algún otro músico que nos gustara. Lo más bravo era conseguir vientos, porque los de El Gran Combo eran muy buenos y solicitados.

Ese principio fue difícil. Con mis hermanos [Osvaldo y Néstor] éramos los tres cantantes y de a poco se fue armando un cuadro estable. Yo venía acostumbrado de Karibe con K, donde estaba todo organizado y solo tenía que saber dónde tenía que ir a actuar.

¿De dónde sale la idea de mezclar, además de candombe, música brasileña?

A mí siempre me gustó la música brasileña. Y justo había viajado de vacaciones a Canasvieiras, en Florianópolis. Estábamos ahí con mi novia, que es mi esposa ahora, y buscando temas escuché “El baile del pimpollo”, que en realidad se llama “Pimpollo”. Le cambiamos el nombre por una costumbre que había acá. Se organizaba, por ejemplo, “el baile del rojo”: las primeras 100 chicas que fueran con una prenda roja no pagaban entrada. Y ahí se me ocurrió ponerle “El baile del pimpollo”, con la idea de que alguien organizara un baile de ese tipo y de meternos en las publicidades de las radios que pasaban música tropical. No era fácil porque nosotros éramos nuevos y sonaban otras orquestas en ese momento. Pero empezamos a tocar ese tema en los bailes, empezó a prender en la gente y un día Juan Bentancourt nos propuso hacer El baile pimpollo en el Interbailable. Les regalábamos pimpollos a las primeras 200 personas que llegaban. El objetivo se logró, pero seis meses después de largar el tema.

Yo descubrí a Los Fatales en el programa de Omar Gutiérrez. Supongo que fue una de las primeras apariciones públicas del grupo.

Omar Gutiérrez fue fundamental para la carrera de Los Fatales. Íbamos a Canal 4, a veces hacíamos dos temas y llegaba un momento en que Omar decía: “Faltaban 20 minutos para terminar el programa. ¿Vamos de vuelta?”. Y hacíamos otros cinco temas. No existía internet, nada. El programa se veía en todo Uruguay. Ese mismo día nos llamaban de todos los departamentos para contratarnos, o del exterior. Y ahí fue cuando apareció el primer llamado para viajar a Australia. Llamaba mucho la atención que incluyéramos candombe, así como la cuidada puesta en escena del grupo. En esa época mandaba afiches por encomienda. Ahora eso lo hacés por Whatsapp. Por eso, después que hice todo aquello, lo que hay que hacer hoy me parece mucho más fácil.

Desde el comienzo, Sondor editó discos fundamentales del grupo. ¿Cómo comenzó ese vínculo?

Fuimos con Eduardo a Sondor y nos hicieron un contrato para grabar un disco y ver qué pasaba. Pero el contrato lo hicieron como a diez años. Cada vez que volvíamos a grabar en su estudio, era especial. Yo siempre me sentí cómodo. Ahí empezamos remando con el Bocha Pintos. Yo le dije al Bocha: “Vos tenés que dirigir la banda”, y les expliqué a todos que había uno que tenía que ocupar ese lugar. Si bien se hacían algunas cosas de manera artesanal, yo venía con la escuela de Karibe, que tenía el profesionalismo de cómo grabar un disco y cómo plantarse arriba del escenario. A eso después le agregué mi gusto musical.

Para mí era un sueño. Veías las fotos de la gente que había grabado ahí: Juan Manuel Serrat, Ruben Rada, Eduardo Mateo, Jaime Roos, Alfredo Zitarrosa. Yo pasé varias noches durmiendo en uno de sus sillones esperando para grabar un coro. Hoy, habiendo tantos estudios, cada vez que vuelvo me siento como en mi casa.

Foto del artículo 'Fabián Fata Delgado: “Estamos disfrutando de un revival”'

Foto: Alessandro Maradei

El mánager de la banda siempre fuiste vos. ¿Sos muy estricto con los que trabajan contigo?

Más que estricto, me gusta que todo se maneje desde el lado del respeto. Entonces, si vos respetás el horario del otro, te gusta que los demás también respeten tu tiempo. Y cuando tenés un grupo de 15 personas y hay tres o cuatro que llegan tarde, hay que hablar: “Estamos todos esperándote, siempre te pasa algo”, le decís. Y así la gente se va acostumbrando a cómo funcionan las cosas en el grupo y entiende que el tiempo de todos vale lo mismo. Cuando alguien llega tarde o se quiere ir más temprano, eso genera mal humor. Entonces lo mejor es hablar esas cosas con todo el grupo presente.

Hace 20 años que tengo esas conversaciones. Tal vez, al principio, cuando éramos más jóvenes y estábamos solteros, nos quedábamos en la cantina del club donde ensayábamos, jugábamos algún pool, y allá a las diez de la noche tocábamos un tema porque nos pasábamos conversando. Y si teníamos una actuación, nos quedábamos viendo a otra orquesta. Ahora los horarios son más concretos. Porque todos tenemos hijos, familias, y queremos volver a casa.

¿En esa primera época paraban en algún lugar fijo?

Sí, en el Delta Patín Club ensayamos mucho tiempo. Primero estuvimos en la Asociación de Músicos, y también estuvimos muchos años en Foemya [Federación de Obreros y Empleados Molineros y Afines], en la avenida Agraciada, donde también ensayaban los humoristas Los Carlitos.

Ahora nuestro lugar es una sala de ensayos que alquilamos solo cuando tenemos algo nuevo, como ahora que estamos trabajando en canciones inéditas. Nuestro repertorio clásico está muy aceitado. En el Antel Arena vamos a estrenar una de esas canciones y de ahí va a salir su videoclip. La actuación completa además se va a poder ver por Canal 12 en diciembre.

En una época se decía que el mundo de la cumbia era pesado. Recuerdo un cuento con un revólver arriba de una mesa de negociación. Vos llevás mucho tiempo en el negocio, ¿cuánto cambió?

Nosotros con Los Fatales desde 2009 estamos cien por ciento abocados a hacer fiestas, cumpleaños, casamientos. Todo se da en un ambiente más familiar, y es muy raro que te encuentres con otra orquesta.

Pero con Karibe con K viviste esa otra época. ¿Los cuentos eran solo cuentos?

Un revólver arriba de la mesa me parece demasiado. Nunca había escuchado algo así. Yo nunca tuve problemas con nadie. Tuve la suerte de iniciarme en la movida tropical con Eduardo Rivero, que era un caballero con todos los dueños de los boliches y las discotecas. El tipo era muy respetado, y ni bien te ponías a conversar con él te generaba ese respeto. Era muy educado y te daba gusto escucharlo.

Cuando saqué Los Fatales la gente ya sabía que yo venía de cinco años con Karibe. Yo soy un tipo tranquilo. Nunca fui de agarrarme a las piñas. Entonces, siempre me trataron bien en la madrugada. Este es un trabajo que puede generar envidia o celos, pero a mí no me pasó. Yo voy a jugar fútbol 5 a cualquier barrio y la gente siempre me recibe bárbaro. Y ahí vuelvo a la bandera del respeto, que fue lo que me enseñaron mis viejos.

Rivero tenía una cabeza muy creativa. ¿Aprendiste con él?

Sí, claro. A mí me gustaba todo ese trabajo del cuidado del vestuario; me gusta hasta ahora eso de armar espectáculos y estar en todos los detalles. Con Eduardo aprendí a estar atento a cómo la gente ve lo que vos hacés. Una banda es un producto. La gente lo consume cuando lo escucha y cuando observa tu espectáculo. Lo mismo puedo decir de Óscar Gómez, arreglador y director musical de Karibe con K. Era un tipo estricto para los coros y atento a las notas desafinadas. Ahora se arregla fácil con una máquina, pero antes era el oído de él. Nosotros cantando y él que te decía: “Intentá un poco más arriba”.

Todo lo que yo aprendí con Karibe lo apliqué con Los Fatales: cómo grabar, cómo vestirse y, además, cómo promocionar tu música. Cuando vos sacás al mercado algo nuevo en lo que laburaste mucho, lo tenés que salir a mostrar por todos lados. Por eso yo hago tantas notas cada vez que salimos con algo nuevo.

¿Qué se puede adelantar del espectáculo en el Antel Arena?

Son 30 años y 30 invitados. Van a pasar muchos músicos que vistieron esta camiseta, entre ellos muchos cantantes, como mis hermanos Osvaldo y Néstor, Lito Díaz, Javier Carvalho y El Alemán. Entre los músicos, por supuesto que van a estar el Bocha Pintos y otros de la primera etapa del grupo. Y muchos invitados de la nueva generación: Luana, El Reja, De La Planta, Maxi Álvarez, y desde Argentina vienen Rodrigo Tapari y Luciano Creiner, que son el futuro de la cumbia argentina. Mi mayor satisfacción con Los Fatales es poder llamar a cualquier músico para que venga a tocar con nosotros y que enseguida te respondan que sí.

Supongo que, por todo lo que contaste, le dedicás tu vida a Los Fatales.

Sí, siempre estoy pensando en algo nuevo para el grupo. Nunca sé qué va a pasar con Los Fatales. Mi vida es medio incierta. Después del show en el Antel Arena, voy a tomarme cuatro días para descansar, porque vengo con un palo bárbaro de actividades, pero si uno de esos días me despierto con alguna idea que soñé, arranco de vuelta.

30 años de Los Fatales. Domingo 22 de noviembre a las 21.00 en el Antel Arena. Entradas desde $ 950 a $ 2.450 en Tickantel.