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Cultura Música
Foto principal del artículo 'La montevideana: Naoko presenta su disco Groupies' · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Foto: Rodrigo Viera Amaral

La montevideana: Naoko presenta su disco Groupies

La artista agota funciones con una estética rockera, feminista y urbana.

Naoko (Julietta Astol) lleva dos discos con pasta de clásicos en su haber. Urbe Vortex y Groupies nacieron sin el apoyo de ningún sello, mánager, dinero familiar o estructura soporte más que la solidez de su obra, amor a lo que hace y un grupo de personas que se embanderan con su causa y la ayudan. Se ha convertido en una de las figuras más interesantes y convocantes que han salido del under montevideano en los últimos años y es normal que llene las salas en donde toca (como este sábado en la sala Rondeau, donde las entradas se agotaron hace semanas).

Me recibe en la casa de Parque Rodó donde vive con María Mir, guitarrista de su banda y una de sus primeras compinches musicales, que va a ser testigo semisilenciosa de la entrevista. Me ofrece café y prender las lámparas, aunque ella prefiere una luz más tenue: “María y yo somos medio vampiras”. Las dejamos así. Le pregunto si le gustan las entrevistas y me dice que sí, que le encanta hablar.

Y no mintió. Es charlatana la gurisa. Habla con pasión y sentimiento. Ama lo que hace. Y se nota. Este es el resumen de una larga charla en la que traté de llevarla en un recorrido desde su infancia hasta su auspicioso presente.

Conectar con la belleza

¿Te acordás de cuál fue tu primera conexión con el arte?

Hasta los 8 años fui hija única, así que en mi infancia era muy de jugar sola. Me gustaba mucho jugar a las barbies. Cuando iba a lo de mi abuela, no tenía juguetes, así que jugaba con los imanes de la heladera y armaba historias. Tengo recuerdos re primitivos de estar jugando con los imanes y estar viendo cómo mi abuela tenía todo divino en la casa. Tenía un centro de mesa con frutas. Recuerdo ver eso ahí y conectar con la belleza. De ver algo muy lindo y querer hacer algo con eso. No sabía si un cuento con esas frutas, un dibujo, no sabía qué, pero quería hacer algo con eso. Y siempre canté, pero a escondidas. No era de cantar frente a mi familia, lo tenía medio guardado. Después, en algún concurso de talentos en el liceo, empecé a cantar más en público, canciones de, no sé, Adele.

¿Tenés formación en música?

A los 15 mi padre me regaló una guitarra, pero no fui a profesor ni nada. Él me enseñó algunas cosas básicas, pero después Youtube y ya está. Lo que fue para mí un antes y un después fue descubrir el Midi, empezar a componer en la compu. Como que ahí dije ʻ¡acá puedo hacer todo! Puedo programar una batería sin saber tocar la batería. Puedo poner un saxo sin saber tocar el saxo.ʼ Empecé a pirar con eso. Como que no había límites. Me abrió un mundo creativo re grande.

Nace Naoko

Julietta conoció a María en la Facultad de Comunicación de la Udelar. Se empezaron a juntar a tocar la guitarra y cantar canciones. “Cuando mi madre se iba para afuera tomábamos vino, cantábamos canciones de otros y las subíamos a un Soundcloud”. Adoptó el nombre Naoko y armó el colectivo Faunas junto con Elena Rosano, Carolina Gil y Belen Sienra, en el que se mostraban canciones unas a las otras. Paralelamente, estudiaba dramaturgia. Nombra muy al pasar esos estudios teatrales y dice que los dejó porque quería centrarse en la música, pero reconoce que la ayudaron en su trabajo posterior, en especial en Groupies, su nuevo disco con ambiciones de tragedia griega.

Aunque ahora no parece muy cohibida a la hora de estar en un escenario, no siempre fue así. “Al principio era re tímida. Me temblaban las piernas. Todavía me pongo nerviosa, pero me dejó de pasar eso de los nervios paralizantes. De hacerme la cabeza. Hoy lo pienso un poco, pero después digo: ʻEsto es lo que quiero hacer. No le voy a dar lugar a eso en mi cabeza, voy a subir al escenario y hacerloʼ”, dice.

Aquí y ahora

Su disco debut, Urbe Vortex, se gestó en tiempos pandémicos. En el proceso de creación se formó La Melancoliga, su banda, integrada por María Mir, Rodrigo Végh y Mateo Wels, con los que dice compartir el mismo sentido del humor. El grupo colabora activamente en su creación.

Con una increíble solidez para un debut, el disco destaca por varias cosas. Abarca muchos géneros musicales (pospunk revival, dreampop, trap), pero tiene una gran unidad conceptual, dada en gran parte por retratar de manera muy clara un Montevideo nocturno, callejero, reconocible, y atravesado por la subjetividad y vivencias de la cantante. Al contrario que muchas bandas de rock que fantasean con otros tiempos u otras ciudades, Urbe Vortex suena directamente a Montevideo y a la época actual. Probablemente ese hecho tan simple haya sido una de las razones de por qué obtuvo una audiencia devota casi enseguida de haber salido a la luz.

“Me propuse hacer mi primer disco y meter todo lo que me gustaba. Dije ʻquiero mezclar todo, porque si a mí me gusta todo eso que me gusta, entonces hay algo en mí que puede unirloʼ. Me salió naturalmente porque me puse en ese lugar de decir: quiero escribir de mí. Quería escribir desde mi lugar. De cómo me sentía yo siendo una mujer montevideana que quería hacer música, pero que siempre sentía como que estaba pidiendo permiso. Fue también un poco eso. Dejar de pedir permiso. Decir ʻesta soy yoʼ”, aclara.

Le ponés mucho cuidado a las letras.

Le presto mucha atención a escribir. Siento que eso es parte de escribir bien. O sea, no rendirte en la primera frase que se te ocurre. Cuando escribo, no es que me baja el pai y escribo de corrido. Como que lo pienso. Le presto atención. Y creo que estoy conectada con las cosas que me gustan. Entonces, si yo puedo reconocer por qué me gusta cómo escribe Lana del Rey, puedo de alguna forma reproducirlo y encontrar eso en mí también. Pero no puedo escribir como ella. Porque Lana del Rey no es montevideana.

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Escribís con una perspectiva femenina casi inédita para la tradición de rock local. Lo que es muy loco, porque estamos en 2026 y esto ya debería haber sucedido antes.

A mí también me llama la atención. Y creo que por eso también lo empecé a hacer. Esto de la falta de modelos femeninos a quien seguir. Que después vas creciendo y te das cuenta de que no es tan así, que sí había, solo que yo no las conocía. Capaz estoy medio obsesionada con eso, pero hablaba de mi propia experiencia. Cuando era adolescente, nadie me invitaba a cantar. O si me invitaban a cantar, me ponían ahí a hacer unos coros agudos. Yo quería hacer otra cosa y encontrar mi propia voz. Me pasa en muchas cosas de mi vida. Quiero escuchar algo específico y no lo encuentro. Entonces digo: “Lo tengo que hacer yo”.

¿Sos autoexigente? ¿Sos disciplinada?

Soy autoexigente, no sé si disciplinada. Soy autoexigente caótica.

La tragedia de Jenny

El año pasado sacó un EP de tres canciones llamado Las Furias, inspirado en las criaturas mitológicas griegas Las Erinias. Esto sirvió de tentempié para Groupies, un ambicioso disco conceptual de grunge pop con estructura de tragedia griega que narra la travesía de una chica llamada Jenny para transformarse en Elektra. Pasa de groupie a tomar el lugar de su ídolo matándolo, y al hacerlo, de alguna manera se mata a sí misma. Cada tema del disco está acompañado por un videoclip dirigido por Selene Benzano, lo que convierte al disco en también una pequeña película.

La idea nació de una salida con amigas en la que, de lo aburridas que estaban, fueron al recital de una banda de varones que ni siquiera les gustaba. Todo les parecía horrible y patético. Borrachas y hastiadas, decidieron festejarles un tema como si fuesen las más fans del universo, pero solo por amor a la perfo.

“Fui al baño y me dije ʻtengo que escribir sobre estoʼ. De este lugar en donde a veces nos ponemos solo para divertirnos. Empecé a hacer una investigación sobre las groupies. Me obsesioné con el tema. Leer. Ver documentales. Tratar de entender cómo eso forma parte de la mitología del rock. Estuve pila de tiempo haciendo esa investigación sin componer ni media canción. Ya en ese momento, pensaba que este disco tenía que ser diferente, con un sonido más orgánico, más furioso, como más irreverente. Después fui armando una historia y los momentos que quería que tuviese. Primero estuvo esa estructura narrativa, después las canciones”.

Aunque el universo fantástico de Groupies parece contrastar con el realismo de Urbe Vortex, Naoko señala: “Me parecía que desde la hipérbole y desde cómo construir esa fantasía me era más fácil también hablar de otras cosas que sí son reales. Como una historia de amor con asimetría. Esa cosa de idolatrar y de querer parecerte a la otra persona. Hay un punto en el que te preguntás ¿qué está pasando acá? ¿Quiero ser la novia de esta persona o quiero ser esa persona? ¿Quiero tanto a esta persona que la voy a destruir y ocupar su lugar? O en relaciones en las que hay ambición de las dos partes y como esa cosa de medirse todo el tiempo. Que a veces no hay lugar para las dos personas. Y bueno, alguien tiene que morir”.

Remarla

Naoko está haciendo toda su carrera de manera totalmente independiente. Sin apoyo de ningún sello, usando su tiempo libre, sus ahorros y la ayuda de un colectivo de gente dispuesta a ayudarla porque le gusta lo que hace.

¿Te interesa estar en algún sello o vivir de la música?

Hasta ahora ningún sello me ha ofrecido nada bueno. Si alguien me ofreciera plata en serio, lo intentaría. Creo que lo que estaría bueno sería pegarla con un tema en la radio. Cobrar Agadu el resto de mi vida y ser una zángana. ¿Sabés lo que me gustaría hacer en serio? Escribirles temas a otras personas. Le re escribiría temas a Luana, me gozaría. Me gustaría vivir de la música o cualquier otra forma de creatividad. Con María tenemos escrito medio musical.

Durante la charla, le señalo que me parece interesante lo segura de sí misma que se mostraba, y cómo eso destacaba en un ambiente muchas veces chato y donde es común que el querer sobresalir sea castigado. Plantearse hacer un disco conceptual como si fuese una tragedia griega, por ejemplo, tiene cierto grado de audacia poco común acá. “¡Es que, si no, me re aburro! ¿Qué voy a hacer si no? ¿Un disco de canciones? ¡Qué embole!”, contesta.

Le pregunto si ya tiene pensado el próximo disco. “No, nada. Y estuve pensando los últimos días que capaz nunca más se me ocurre nada. ¡Te juro!”. María acota desde su lugar para tranquilizarla: “Estás con depresión posparto, chiquilina”.

Antes de irme, me muestran una de las partes favoritas de su casa: el barcito donde Julietta guarda con orgullo un whisky que se compró en oferta y una foto de la actriz del Hollywood clásico Mae West con la frase “Un gramo de hechos vale más que kilos de promesas”.

Groupies de Naoko. Julietta Astol, 2026. En plataformas.