Pocos artistas deben haber logrado el impacto popular en los ámbitos de la protesta política y la creación para infancias como el de Piero, el artista argentino que falleció este miércoles tras días de internación en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires.
Nacido como Piero de Benedictis en Gallipoli (sur de Italia) el 19 de abril de 1945, migró cuando niño a Argentina junto a su familia. Tras concursar en programas de música juvenil, en 1969 consiguió su primer hit tras asociarse con el letrista José Tcherkaski: la melancolía intergeneracional de “Mi viejo” atravesó fronteras e idiomas, y fue la punta de lanza del disco debut de Piero, al que le dio nombre.
Junto con Tcherkaski, Piero redondeó un disco clave de la canción de protesta latinoamericana. Con un equipo que incluía también a Roque Narvaja y Marilina Ross, Para el pueblo lo que es del pueblo (1974) rebosaba denuncias y consignas contra dictaduras pasadas y futuras, de Argentina y de la región. Dedicado a Víctor Jara (incluye una versión de “Te recuerdo Amanda”), asesinado pocos meses antes por el régimen de Pinochet, el disco y sus autores fueron perseguidos por los militares que tomaron el poder en Argentina en 1976. Piero debió exiliarse, primero en España, donde abandonó la actividad musical, y luego en Colombia, donde la retomó.
Antes de partir, sin embargo, ensayó, con sendos discos, dos maneras de aplacar a los represores. Folklore a mi manera (1975) es una obra de versiones del repertorio tradicional. Sinfonía inconclusa en la mar (1976) es considerada una de las obras cumbre de la música para niñas y niños. Conformada en su casi totalidad –la excepción es el tema de Piero que da nombre al disco– por composiciones del sacerdote Alejandro Mayol.
Parte del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, al que Piero había sido cercano en sus años de seminarista, el músico católico había creado un universo poblado de vaqueros bizcos, trenes machacones y otras imágenes del Viejo Oeste, con un irresistible fondo de aires country & western, que había registrado en El far west del Padre Alejandro (1963). Piero versionó la mayoría de ellas. Sin embargo, la tapa del Sinfonía inconclusa en la mar, algo surrealista –creación de Carlos Nine– iba por otro lado: mostraba a Piero, mitad humano mitad pez, dirigiendo a una orquesta submarina.
Con una serie de espectáculos dedicados a ese disco, que fue un éxito en la mayoría de los países hispanoparlantes, Piero, ya octogenario, brindó shows en varios países de América del Sur hasta el año pasado. Antes, tras su retorno a Argentina en la década de 1980, se revinculó con el rock y, sobre todo, con Mercedes Sosa, para quien había compuesto “Soy pan, soy paz, soy más” en 1983.
