Saltar a contenido
Cultura Música
Pablo Piñeyro y Camilo Gramoso. · Foto: Nadia Iula

Pablo Piñeyro y Camilo Gramoso.

Foto: Nadia Iula

“No estamos en un solo mundo”: Milongas Extremas llega al Antel Arena con su homenaje a Zitarrosa

La banda cierra un año cargado de actividad, que incluyó un tributo al fallecido Robe Iniesta y sesiones de terapia grupal.

Según Aníbal Sampayo, el rasguido doble, esa variante de la milonga que le da ritmo a grandes obras del cancionero popular como “El rancho ‘e la Cambicha” de Mario Millán Medina, “El cosechero” de Ramón Ayala o “Que Pena” y “Nene Patudo” de Alfredo Zitarrosa, fue creado por los hacheros, quienes, al no poder arpegiar debido a sus manos rústicas, producto del trabajo montaraz, inventaron esa manera de rasguear las cuerdas para poder milonguear.

Algo de ese espíritu de punk criollo sobrevuela en la naturaleza de Milongas Extremas, el ahora quinteto que comenzó hace casi dos décadas a montear canciones de Extremoduro para llevarlas al formato criollo y que lejos de detenerse ahí, siguieron hachando y consolidaron una personalidad artística que va mucho más allá del tributo a los oriundos de la ciudad de Plasencia.

Este recorrido queda de manifiesto en su discografía: al disco de 2012 integrado exclusivamente por canciones de la banda española lo siguen dos con autorías propias: Temprano (2016) y El mismo cielo (2020), que contó con la producción de Iñaki Uoho Antón, guitarrista del conjunto ibérico. En su segundo álbum versionan “De no olvidar” de Alfredo Zitarrosa, a quien el año pasado le dedicaron el homenaje homónimo, con siete funciones agotadas en la sala que lleva el nombre del célebre cantor. Para esa cruzada contaron con el respaldo del Archivo Zitarrosa y la compañía, entre otros, del guitarrista Carlos Méndez, a quien convocaron para potenciar el desembarco en el repertorio zitarroseano.

El 2026 los encuentra prendidos fuego. Lo iniciaron con el show Siempre, siempre, siempre, creado a modo de despedida de Robe Iniesta, el cantante guitarrista y compositor de Extremoduro, fallecido el 10 de diciembre de 2025. Además, están preparando dos álbumes nuevos, uno con canciones inéditas y otro con parte del repertorio extremeño que nunca llegaron a grabar; y en noviembre se van de gira a España con el tributo al ídolo recientemente desaparecido.

Pero, en el medio, la familia Zitarrosa insistió: “Ustedes tienen que hacer algo por los 90 años de Alfredo, no puede ser que no”. De esa especie de bendición surge Desde el fondo del tiempo, el espectáculo que los guitarristas Francisco Stareczek, Pablo Paio Piñeyro, Matías Rodríguez, Santiago Martínez Pintos y el bajista Camilo Piquela Gramoso presentarán, junto a una extensa lista de invitados, el 22 de octubre, nada más y nada menos que en el Antel Arena.

Antes de la gala, Paio y Camilo conversaron con la diaria, en un esquinero boliche de copas del Buceo, bajo el tenue sol de la primavera tardía y el relato altisonante de un partido de fútbol que animaba el mediodía del comercio de bebidas espirituosas y comidas al paso.

Supongo que no lo planificaron, pero arrancan el año homenajeando a Robe y lo van a terminar con este tributo a Zitarrosa; de alguna manera, las dos puntas de la madeja.

Camilo: Se nos dio eso. Es lindo porque son las dos influencias que están muy presentes. De hecho, en el show pasado apareció una gurisa con una bandera que decía Milongas Extremas, pero de cada lado tenía un perfil semiiluminado de Alfredo y de Robe. Fue una gurisa que va a ver a la banda, sintió que eso era bueno, es una síntesis bastante grande.

Paio: No estuvo planificado porque, obvio, que se muera Robe no estaba planificado ni a palos, pero creo que sí estamos preparados como para meter un volantazo y cambiar de dirección. Estábamos planificando un disco y lo pusimos en el freezer para hacer lo que tenemos que hacer ahora. Meter esos volantazos y vivir el momento de las cosas es como ser planificado también, es entender que el plan B es el permanente.

¿Cómo convive la realización de un disco con esta agenda?

Camilo: Nos cuesta, es una tensión, en el buen sentido. Tenés muchas cosas que atender, un repertorio más enfocado en Extremoduro, otro más enfocado en Zitarrosa y lo otro, que es componer lo nuestro, lleva un tiempo. Lo que estamos tratando de hacer de un tiempo a esta parte es irnos para afuera los cinco, porque ese motor creativo está bueno darle un marco que te ayude, que sea más fácil.

¿Cómo funciona la cocina, cada uno lleva sus canciones?

Paio: Hay varias recetas y en este proceso, que todavía no terminó, que nosotros llamamos “Retiro de canciones”, nos íbamos dos o tres días a una chacra, a papel, hoja y guitarra, a darle. A veces nos separamos en grupitos y se armaba algo, otros venían con otra idea. Y se empiezan a juntar ideas y canciones que en un momento hay más de las que se van a grabar. Ahí va cuál elegimos, con cuáles nos quedamos. Es un trabajo que lo estamos haciendo bastante en colectivo y como taller.

Lo del taller está en la impronta de las Milongas desde su inicio.

Camilo: Sí. El taller como ese espacio donde prima la práctica. Vos llevás un material, llamale una progresión de acordes, un estribillo o algo y tenés la confianza y estás dispuesto a que te lo lleven para cualquier lado. Si uno se abraza mucho de la idea que trae no va a funcionar. Porque hay otras cabezas. Y a veces lleva a la discusión, más o menos álgida, pero siempre el resultado colectivo es mucho más potente que lo que haya traído uno solo.

Paio: Tenemos un par de reglas, tipo “el que va a cantar la canción es el que la cierra”. Si te gusta esta letra, estás convencido que es esa letra, aunque no sea tuya, si soy yo el que la va a defender cantando, bánquenmela.

En una reseña anterior los había comparado con Los Que Iban Cantando, por esto de ser muchos cantantes, pero en realidad ellos funcionaban como un grupo de solistas y ustedes no.

Paio: Ya de bobera Los que iban cantando duraron poco tiempo, nosotros hace 18 años que estamos en esta, eso ya es un cambio sustancial. Y después las épocas, ahí tenías personalidades re fuertes: el Choncho, Trochón, Bonaldi… Estaba difícil hacer equipo ahí, se deben haber agarrado de los dientes. Fueron unos grandes compositores que armaron una conjunción interesante que a mí me encanta, pero seguro que por algo no siguieron.

Camilo: Nosotros hicimos terapia con un psicólogo social, que se encarga de ver un poco la dinámica interna y favorecer el diálogo, es un proceso que quisimos hacer hace un tiempo para cuidarnos. En un momento trabajamos sobre un texto de una tribu que tenía como regla que todos cazaban, pero la regla era que no te comías la presa tuya, el que cazaba mejor, esa presa iba siempre al grupo. Era una forma de organización social y económica que hacía que prevalezca el grupo antes que el talento individual. Yo necesito que Paio haga lo mejor que pueda, no porque le va hacer bien a él, porque nos va a hacer bien a todos. Pasa mucho eso, capaz que uno trae un pedazo de canción, pero termina cantándola otro. El ego uno lo tiene que bajar un poco y ver que esa presa que traes no va a ser para vos.

Eso se transmite hasta escénicamente en sus shows. Nunca hay un frontman.

Paio: Fuimos marcando eso de que cantamos todos. Obviamente que hay diferencias y hay momentos de la vida de cada uno. A veces uno puede dar más o menos, pero tenemos una metáfora interna que es que somos como un pelotón ciclista, vamos todos juntos, si hay uno que está más adelante, empieza a separar, el de atrás queda muy distanciado, y hay que ir como en pelotón, como equipo. Capaz que el de adelante tiene que bajar un poquito la velocidad para que el de atrás se acerque más.

Camilo: Estamos hablando de música, pero estamos hablando de la vida, de todas las vicisitudes que nos han pasado desde que nos conocemos. Estamos alrededor de los cuarenta y nos conocemos desde que tenemos diecisiete; más o menos todos nos conocemos desde ahí, al Mati lo conozco desde los tres años. Hemos pasado nacimientos, muertes, mudanzas, separaciones, casamientos, cualquiera de las cosas que te pasan en la vida cotidiana y tenemos por suerte la canción que es lo que nos une como forma de transitar la vida.

Paio: Además, hemos trabajado en otras bandas y el clic de la cuestión es lo grupal. Se juntan cinco personas y se pelean al año y medio, por decirlo de alguna manera, es un común denominador. Es muy loco que pase eso siempre, no puede ser que te juntes con un grupo de personas y al toque haya quilombo. Por eso hicimos terapia grupal, para trabajar eso, porque las convivencias que tenés cuando te vas de gira, cuando armás un show o hacés un disco son tan fuertes que, o te hacen bien o te cagan a palo.

Camilo: Las responsabilidades son más grandes que al principio. Lo consideramos un trabajo más allá de lo artístico. Funcionamos como una cooperativa, nos vamos dividiendo los roles. Nosotros ahora estamos acá y hay dos en el estudio porque estamos haciendo el segundo volumen de canciones de Extremoduro.

¿Zitarrosa se escuchaba en sus casas de chicos, tienen ese recuerdo?

Ambos: ¡Sí!

Cuando afrontaron a Extremoduro era relativamente desconocida la banda, pero Zitarrosa es una institución.

Paio: Estamos haciendo este show ahora porque necesitábamos hacer el recorrido que hicimos para llegar a este homenaje. Afianzar personalidades, equipo. Y animarse a hacer el homenaje que Milongas Extremas está para hacer.

Camilo: Es un prócer y además es un formato similar, entonces no es el chiste de Extremoduro, una banda recontra de rock punk transgresivo que estás llevando para otro lado, ya la dicotomía te hacía parte del gustito. Acá estás hilando más fino porque el material sonoro coincide mucho: guitarras de cuerdas de nylon. Y ninguno canta como Zitarrosa. Hay que hacer el ejercicio desmedido de no caer en la imitación. Son esas voces como la de Jaime Roos, muy poderosas, tenés que cantar el tema, pero lo tenés que cantar vos, no podés caer en la del imitador.

Paio: No sé si no podés caer, nosotros no queremos caer en esa.

Camilo: Además esto de que nos pega porque nosotros somos la generación salida de la dictadura, eso no es menor. A nuestros familiares le pasó muy por arriba la dictadura y Zitarrosa fue un eslabón. La vuelta de Alfredo al Uruguay, irlo a buscar al aeropuerto. Como símbolo de la vuelta a la democracia, la vuelta de Zitarrosa es un símbolo en sí mismo. Nos pega porque es nuestra historia: Padres exiliados, padres que militaron en Serpaj y en los derechos humanos años. No nos es ajeno esa parte de la historia de Zitarrosa: el cantor comprometido con su pueblo, con su historia, con su presente y que se la jugó en carne viva al exilio.

Paio: Y todo su registro artístico es muy fuerte también. Porque vos podés tener tu historia artística y después tu militancia por otro, pero en él se engloba todo. Sus exilios, su vida, su obra.

En ese sentido: ¿cómo se arma un repertorio? Porque podés hacer 10 horas de canciones de Zitarrosa.

Camilo: Lados A, algún lado B. Tiene muchos hits Zitarrosa y algunos no van a estar, pero son temas que están vivos, tampoco nos vamos a hacer la que nosotros somos lo que sacamos a relucir a Zitarrosa, está súper presente. Eso te da la tranquilidad de que no sos el responsable de nada, podés bucear la obra y ver qué estilos nos queda a nosotros, qué estilo queda mejor con qué cantante, porque este homenaje no es solo nosotros. Y no es menor que los temas de Zitarrosa convivan con temas nuestros, inclusive con temas de Extremoduro. Es un cocktail que fue una apuesta de riesgo alto.

Paio: En el proceso de investigación el Archivo [Zitarrosa] nos dio mucho material y empezamos a escuchar entrevistas y cosas. Y en un momento Alfredo te decía: “La milonga que vino de España” y no sé qué, nos dio un pie para decir: “acá entran dos temas de Extremoduro, vamo’ arriba”. En el show lo hacemos parte, se apagan las luces, Alfredo te habla de la creación colectiva y los amigos y hacemos un tema nuestro. El otro día encontramos una presentación de una canción y esa canción entró a la lista porque la presentación que hacía Alfredo era hermosa.

¿Se sienten parte de la tradición de las guitarras criollas, se sienten parte de esa conversación?

Paio: Sí y no.

Camilo: Parte de la conversación, sí. Alfredo lo toma de Amalia de la Vega, pero lo hace diferente, después lo que queda como alfrediano tampoco queda todo el tiempo porque él mismo rompió cosas. Hay que romper un poco, ese es el diálogo. Recibir, reconocer el aporte y después ver qué te interesa, qué no y qué podés hacer. Las limitaciones en el arte son muy importantes, te diría que es uno de los factores de originalidad.

Paio: Creo que las Milongas coquetean con muchos mundos: el mundo de las guitarras y los arreglos, pero también con el mundo del rock, de las bandas y también con el mundo de la composición, somos todos compositores. No estamos en un solo mundo. Yo soy saxofonista, el Mati es percusionista y en algún show aparece la guitarra eléctrica también. Quisimos ser lo que somos, cuando sentimos que va por ahí, va por ahí.

Camilo: Para mi ese resultado es también parte de la conversación y de la tradición de la guitarra criolla, porque la guitarra criolla es por suerte Julio Cobelli, pero también todos los otros, el Molécula. Y también todo lo que viene: es Tallo de Tacuarembó metiéndole autotune a una milonga. Esa conversa es muy amplia.

Paio: Nosotros además tenemos varios roles cada uno, cuando canto yo, no hago la puntera, pero cuando canta el otro capaz que sí y eso en la escuela de los guitarristas no sucede, siempre se respeta el lugar porque eso te genera un sonido y un timbre, pero como eso te genera un sonido, que haya roles cambiantes también te lo genera. Yo, Paio, me siento más identificado más con la escuela de las bandas, del ensayo, del garaje por decirlo de alguna manera, con el formato del cuarteto de guitarras, en este caso un quinteto con un bajo, pero llevándolo mucho a lo eléctrico.

La distorsión está en Milongas Extremas, aunque no suene.

Camilo: Tiene que ver con el ataque. Le ves la tapa de madera a los gurises y tienen surco con la púa. El Mati ha pinchado tapas de tanto raspar.

Paio: A veces hay arreglos que hemos llegado a decir: "este queda más lindo, pero en el vivo, como tocamos nosotros, este rinde mucho más". Eso recontra pasa, tocá así porque el arpegio no tiene esa fuerza, o tocar con la púa o los dedos, te lleva a ese lugar.

Camilo: Pero esa forma de tocar, viene un Carlos Méndez y convive. Es verdad que es una bifurcación, pero como el tronco de donde sale es muy robusto; en realidad, el diálogo sigue tranquilo.

¿Qué les parece que hubiera pasado si en una mesa como esta de boliche se cruzaban Robe y Zitarrosa?

Paio: Uh, hermoso.

Camilo: Son dos personas muy críticas con el status quo de la sociedad y el avance horrendo del capitalismo en la vida de las personas.

O sea que se hubiera podrido.

Paio: Yo creo que no se hubieran entendido [risas].

Camilo: Hay una pata re común ahí. Seguramente se hubiesen tomado unas buenas cañas y capaz que de a ratos se hubiesen fastidiado entre ellos, de a ratos se hubiesen entendido profundamente y sobre todo hubiesen compartido la sensibilidad poética que tienen los dos, que coinciden en ver la belleza en un mundo que está totalmente comido por el pisarle la cabeza al que tenés al lado para sacarle una ventaja. No ha cambiado eso en España desde la época de Robe en los ochenta y no ha cambiado acá desde la época de Zitarrosa en los setenta.

Zitarrosa - Desde el fondo del tiempo. Jueves 22 de octubre a las 21.00 en Antel Arena. Entradas desde $1.200 en Tickantel. 2 x 1 para la diaria