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La masacre de Flores.

La masacre de Flores.

Supervivencia frente a la maldad: la miniserie La masacre de Flores

La producción de Juan José Campanella recrea un crimen sostenido en el tiempo.

La expresión “tristemente rica” para definir la historia policial argentina tal vez se deba a la intersección entre un país siempre vertiginoso, marcado por profundas tensiones políticas, cambios sociales acelerados y un ecosistema mediático que transformó el delito en un objeto de consumo cultural masivo.

La abundancia de casos policiales no es un fenómeno solamente criminológico, sino la consecuencia de una combinación de factores históricos que ha dado figuras que no solo conmovieron a la opinión pública, sino que expusieron las grietas, los prejuicios y las patologías de distintas épocas: desde Cayetano Santos Godino (“El petiso orejudo”), Carlos Eduardo Robledo Puch (“El ángel de la muerte”), el clan Puccio, Yiya Murano (que mereció el documental Muerte a la hora del té) a Ricardo Barreda (centro de la película [Barreda]https://ladiaria.com.uy/cultura/articulo/2026/9/barreda-de-idolo-a-femicida/), los casos reales alimentaron una tradición literaria y audiovisual de gran nivel. El policial negro argentino trasciende los moldes estadounidenses y europeos, encuentra su propia identidad en la impunidad local y la corrupción burocrática e institucional, y funciona como una eficaz herramienta para hacer una radiografía social y diseccionar las contradicciones de un país.

“La masacre de Flores”, uno de los casos criminales más resonados y atroces de los últimos tiempos, es narrado a través de la miniserie homónima dirigida por Augusto Tejada, con producción ejecutiva de Juan José Campanella y ágilmente contada en primera persona por Matías Bagnato (ex Gran Hermano), único sobreviviente de la tragedia, que en el momento tenía 16 años. A lo largo de sus tres episodios, se recrean los hechos ocurridos durante la madrugada del 17 de febrero de 1994 en el barrio porteño de Flores, en los que se eliminó a la familia Bagnato.

El atacante, Fructuoso Álvarez González, un comerciante español cercano a la familia, roció con combustible e incendió intencionalmente la casa mientras todos dormían. El brutal asesinato múltiple fue el desenlace trágico de meses de acoso y amenazas sistemáticas con los que el agresor exigía el pago de una supuesta deuda económica. En el incendio murieron José Bagnato (el padre, 42 años), Alicia Plaza (la madre, 40 años), Fernando Bagnato (hijo, 14 años), Alejandro Bagnato (hijo, 9 años) y Nicolás Borda (amigo de Alejandro que se había quedado a dormir esa noche, 11 años).

Relatada testimonialmente por Matías, entrevistado por Campanella con una calidez y empatía increíbles, y sostenida en un valioso material de archivo que incluye fotos, videos, pericias y el propio expediente (uno de lo más emblemáticos de la jurisprudencia argentina), La masacre de Flores nos traslada no solo a esa fatídica noche, sino a la situación de hostigamiento que la familia vivía antes del crimen y a todo lo que vino después. La compleja causa judicial en la cual Álvarez González fue condenado a prisión perpetua para luego ser extraditado a España por su condición de ciudadano de ese país y posteriormente devuelto a Argentina sin que nadie notificara a Matías (para volver a amenazarlo), las décadas de convivencia de Matías con el miedo, y su incansable lucha por que se haga justicia. La miniserie expone las graves fallas de un sistema de justicia que desoyó decenas de amenazas de muerte del victimario a la familia Bagnato y cómo el acoso que vivieron durante meses no fue para nada tenido en cuenta, cuando quizás hubiese evitado la tragedia.

El trabajo de recopilación y montaje del archivo es brillante y logra un efecto muy profundo: no apela al golpe bajo ni sensacionalista, sino a la demostración precisa de pruebas y memoria, convirtiendo al material documental en una estructura casi de thriller dramático. El verdadero corazón dramático de la serie es el contrapunto entre dos posiciones éticas. Por un lado, el archivo desnuda una forma de la maldad particular, no la del arrebato impulsivo, sino la de la perversión sostenida en el tiempo de alguien que buscaba dañar y exterminar simbólica y físicamente a toda una familia. Por otro lado, el relato de resiliencia encarnado en Matías, pero no como un acto heroico edulcorado ni de romantización del sufrimiento, sino como una resiliencia trágica y obligada.

“Una película se termina cuando se derrota al villano. En la vida, ¿cuándo termina?”, pregunta Campanella a Bagnato. “Esto es perpetua”, responde él, parafraseando el icónico final de la obra maestra El secreto de sus ojos, que dirigió el mismo Campanella en 2009. La masacre de Flores logra trascender la crónica roja al ofrecernos un poderoso ejercicio de memoria que enfrenta la perversión de un crimen calculado con la dignidad de la supervivencia. La reconstrucción documental expone que convivir con la ausencia no es olvidar, sino aprender a habitar el vacío mientras la justicia actúa como la única brújula frente a la impunidad. La resistencia de Matías Bagnato no solo transforma su tragedia individual en un legado colectivo, sino que recupera las vidas de su familia para sacarle al victimario, en su último acto de justicia, el poder de la palabra final.

La masacre de Flores. Tres episodios de 45 minutos aproximadamente. En HBO Max.