El mundial tiene estas cosas y por eso nos gusta. En apenas un instante, cuando el cronómetro marcaba los 96 del partido que disputaron este sábado Qatar y Suiza bajo el resplandeciente sol californiano, los relatos que después iban a contar las aventuras qataríes en la gran cita mundialista —como éste— sufrieron un giro radical y completamente inesperado.
Porque la selección asiática que dirige el español Julen Lopetegui mostró muy poco en el partido: jugó casi en su totalidad en su propio campo, completamente replegado y sin poder salir, ante un equipo suizo que jugaba con sus zagueros en mitad de cancha y proyectaba a sus extremos para intentar profundizar por las bandas y dañar el arco defendido por Mahmud Abunada, una de las grandes figuras de la tarde del equipo qatarí.
Suiza atacó durante todo el partido. Optó casi siempre por la banda izquierda, en la que jugó Ruben Vargas, el más decidido y desequilibrante del equipo de Murat Yakin. Pero entre las buenas intervenciones del arquero, y las malas decisiones de los atacantes, la ventaja se quedó en la mínima, con un gol de penal que ejecutó con gran maestría Breel Embolo sobre el primer cuarto de hora del partido, después de una clara falta del arquero qatarí dentro del área, en una jugada que por la imagen de la televisión parecía inicialmente fuera de juego, aunque ni el VAR ni la sanción semiautomática del offside denunciaron.
Fue un monólogo de Suiza, pero con el correr de los minutos la propia selección europea fue moderando su intensidad ofensiva, quizá bajo el supuesto, completamente lógico durante todo el partido, de que Qatar nunca le generaría peligro. Las estadísticas marcan 26 intentos ofensivos por parte de Suiza, contra apenas 7 de Qatar.
Entonces, uno podía apelar a cierta continuidad histórica y ligar fácilmente esta deslucida actuación de los granates con aquella del mundial pasado, el primero de Qatar en su historia, en la que ostentaron diversos récords negativos con una de las peores actuaciones que se hayan visto de un anfitrión en una Copa del Mundo. Perdieron sus tres partidos y anotaron un solo gol.
Aunque después la selección qatarí se redimió al quedarse con la Copa Asiática 2023, y además se clasificó para este mundial a través de la competencia y no por cupo de anfitrión, el equipo de hoy se parecía mucho más al del Mundial 2022 que al de esos logros posteriores.
Pero en el minuto 96, cuando Suiza ya se preparaba para celebrar una victoria, que parecía clara y que no hubiera sorprendido si era por uno o dos goles más, todo cambió. El centro vino desde la izquierda del ataque qatarí, una zona que los granates quizá no habían pisado antes en el transcurso del partido. La pelota viajó fuerte al segundo palo, donde esperaba, quizá con la guardia un poco baja, un defensor suizo, y por detrás de él, Boualem Khoukhi, también zaguero, pero en área rival. ¿Cómo llegó el central qatarí a definir al área rival? Esas cosas del fútbol.
Qatar empató y lo celebró como un triunfo, con lágrimas y emoción. Es el primer punto de la selección qatarí en un mundial. Ahora, en el grupo B, en el que ayer empató el anfitrión Canadá con Bosnia y Herzegovina, están todos igualados.
