En el marco del programa Escuelas de Verano, la escuela 55 de Montevideo, ubicada en la avenida José Belloni, participó de una jornada de taller audiovisual a cargo de Divercine, un espacio de formación para niños y niñas que utiliza el cine como herramienta para interactuar, aprender y crear contenidos que promueven el disfrute durante el proceso. La actividad reunió a estudiantes de distintas edades durante una mañana de trabajo colectivo, creación y cine. 

Valentina Ximénez, directora de la propuesta de verano de la escuela, contó en diálogo con la diaria que este año la idea de la institución se enmarca dentro de tres ejes principales: participación y convivencia, conciencia ambiental y recreación. Además, apuntan a poner especial atención en promover la “participación, la escucha y la comunicación con el otro”, así como a la construcción de “entornos colaborativos”. 

Ximénez señaló que la cantidad de niños y niñas que concurren a la escuela durante el verano se ubica entre 75 y 80, lo que implica que los grupos estén a cargo de dos maestras, tal como se estipula para ese rango de alumnos. 

En ese contexto, Ximénez explicó que la escuela 55 contaba en un principio con un cupo para 100 alumnos, pero que al no alcanzarse ese nivel de asistencia, se habilitó la inscripción de nuevos niños y niñas con el objetivo de abarcar la mayor cantidad posible de participantes, a los que se les hace un seguimiento constante de su asistencia para evitar que los lugares queden vacantes.

El programa Escuelas de Verano, con más de 30 años de trayectoria, cuenta en esta edición con 10.500 cupos para niños y niñas que desean participar y que a su vez necesitan de un espacio de cuidado durante el receso estival. La propuesta se desarrolla en 149 escuelas distribuidas en todo el país y las actividades se centran en “el disfrute, la creación y el juego”, dijo Selva Pérez, subdirectora de la Dirección General de Educación Inicial y Primaria (DGEIP), a la diaria durante el lanzamiento del programa este año.

Una propuesta conocida pero diferente

Los días en las Escuelas de Verano siempre comienzan con el desayuno, y en esta escuela todos reunidos en el comedor se notaban expectantes por la actividad que le seguiría al día. Ximénez contó que generar confianza con “los chiquilines” en el transcurso de un verano –o incluso en menos tiempo, a lo largo de un mes– no es tarea sencilla. Sin embargo, demuestra conocer los nombres de todos los niños y niñas que participan en la actividad, sin necesidad de hacer demasiada memoria, y ellos, casi de inmediato, reconocen su autoridad cuando ella llama su atención. 

La propuesta de la jornada los invita a hacer cine y a recorrer las distintas partes de una historia para transformarla en realidad. Con la ayuda de máscaras en blanco –que más tarde estarán pintadas– y diversos elementos de papelería, el objetivo es crear, en el transcurso de unas horas, una escenografía y personajes que permitan contar una historia que luego será filmada y recreada por ellos mismos, con el acompañamiento de los talleristas.

Aunque algunos parecen prestar más atención que otros, porque la actividad de crear un corto audiovisual –por más corto que sea– lleva su tiempo, y los niños a veces –o casi siempre– son fieles devotos de la dispersión, logran comenzar la actividad después de haber formado una ronda para realizar algunos juegos de interacción inicial.

Para esta actividad, y la organización de las actividades generalmente, los alumnos de la escuela 55 se dividen en tres grupos según su edad. Los más chicos, de entre 3 y 6 años; el grupo intermedio, que reúne a niños y niñas de 7 a 9; y por último, los más grandes, de 10 a 14 años, algo a lo que la directora hizo alusión, ya que explicó que en la escuela hay niños que superan la edad esperada y que recién este año pasarán a cursar educación media.

Aunque lo que más les divertirá vendrá sobre el final de la jornada, la invención y creación de los personajes no tarda en aparecer y algunos son elegidos y originados sin demasiada duda. Entre cartulinas, crayolas y lápices de colores surgen gaviotas y dragones. Todos vuelan, escupen fuego y se tiñen de colores. Aunque también hay princesas, y hay monstruos.

Hay explosión por todos lados, en el bullicio de las máscaras llenas de colores y en el bullicio de sus seres, porque lo más divertido, sin duda, será decir “acción”, y la impaciencia por lo que vendrá a veces puede más.

¡A filmar!

“¡Luces, cámara, acción!”, gritan, e inmediatamente el rec empieza a correr. Algunos están disfrazados y actúan el papel que les tocó interpretar, otros –impacientes y haciendo fila– muestran estar bastante compenetrados en el rol de filmación y desean experimentar con la cámara, tocarla, mirarla o estar simplemente ahí, a su costado, observando qué es lo que graba y a dónde apunta.

Uno de los cortos se tituló El monstruo que perdió sus lentes, y mientras alguien sostiene la cámara, otros acomodan la escenografía y ensayan los movimientos del personaje, atentos a la indicación de los talleristas. La historia fue pensada entre todos, a partir de ideas que fueron compartidas durante la creación de la historia y que luego se transformaron en escenas, personajes y movimientos frente a cámara 

A casi todos les gusta indicar qué sigue y cuál será el próximo movimiento. El proceso de filmación es rotativo y se van turnando entre todos los que quieran participar para usar la cámara e indicar cuándo comienza la escena.

Actividad de Divercine en la escuela 55, en la zona del Hipódromo de Maroñas.

Actividad de Divercine en la escuela 55, en la zona del Hipódromo de Maroñas.

Foto: Alessandro Maradei

Mientras tanto, hay quienes igualmente prefieren mantenerse al margen de la acción y se quedan jugando a un lado o se acercan a conversar, dicen su nombre y cuentan sobre sus disfraces. Entre ellas aparece una “princesa maravilla” que cuenta que tiene un poder especial: “volar”, y que además comparte que le gustan las películas y recuerda que la semana anterior fueron al cine con la escuela a ver una película que les gustó mucho, jornada que también recuerda Ximénez como la primera ida al cine para muchos de los alumnos. 

Por momentos, el silencio aparece por unos segundos, lo justo para grabar la escena, que, si no sale del todo bien, se vuelve a intentar. Algunos celebran cuando queda lograda, otros proponen cambios a gritos entusiasmados para la siguiente toma. 

Aunque la directora comenta que las actividades que más disfrutan son aquellas que implican “paseos” para conocer otros lugares, al momento de poner la cámara en funcionamiento y comenzar a grabar, la concentración está allí y actuar y conocer ese dispositivo que los retrata se transforma en actividades plenamente disfrutables.

El cine como herramienta de aprendizaje en la escuela

Daniela Wortman, una de las talleristas de Divercine que forma parte de la actividad, cuenta a la diaria que es el tercer año que realizan esta propuesta con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y que se desarrollará en 15 escuelas seleccionadas en esta edición. Por su parte, la directora de la institución agrega que esta es una actividad impulsada por Unilever Uruguay.

Mediante esta propuesta se busca “reflexionar sobre los intereses de las y los participantes y generar un espacio de participación dando voz y protagonismo a las opiniones y sentires de niñas y niños”. A través de sus talleres, Divercine busca “fomentar y difundir el cine para niñas y niños a través de la creación de contenidos que generen el disfrute”.

A su vez, en la actividad se propone que, luego de filmado el material de la jornada y de terminada la actividad, cada escuela recibirá editados los cortometrajes producidos por las niñas y niños luego de 48 horas para ver los resultados.

¿Qué implica participar en Escuelas de Verano para quienes están a cargo de las escuelas?

La experiencia no se agota en el taller de cine. Mientras los niños y niñas avanzan con la filmación, el trabajo de gestión sostiene la jornada desde otro lugar. Coordinar grupos, organizar horarios, garantizar los espacios compartidos y acompañar a los equipos docentes forma parte de una tarea cotidiana que se intensifica durante el verano. Para quienes están a cargo, Escuelas de Verano implica pensar la escuela desde una lógica distinta, atravesada por el cuidado, la convivencia y la flexibilidad que requiere el receso estival. 

En ese marco, la directora de la propuesta cuenta que este es su segundo año gestionando proyectos en Escuelas de Verano, una experiencia a la que volvió porque le resultó “sumamente significativa” y que, a su entender, constituye “un espacio diferente e innovador” con propuestas que “habilitan otros tiempos” en comparación con los que predominan durante el año lectivo.

Con base en esto último, explicó que los distintos tiempos de aprendizaje que se dan durante el verano implican otra “velocidad”, ya que es necesario llegar a poder “formar un vínculo con las familias y los niños” en un tiempo menor. A su vez, señaló la importancia de poder dejar algún aprendizaje a partir de las propuestas que combinan lo lúdico con lo curricular.

La directora cuenta que, por lo general, quienes se suman a la propuesta de verano son familias que necesitan de este espacio de cuidado para sus hijos, ya que sus tareas laborales les impiden pasar ese tiempo con ellos durante el receso. Además, señala que la propuesta del programa Escuelas de Verano ha ido cambiando con el correr de los años y recuerda que en un comienzo se presentaba como Verano Solidario, una iniciativa que implicaba un apoyo más puntual vinculado a la “alimentación escolar”, y que con el paso del tiempo fue mutando hacia lo “lúdico-creativo” hasta convertirse en la propuesta que se desarrolla hoy.

“Me parece sumamente entusiasmante”, expresa Ximénez mientras la jornada avanza, y explica que esta experiencia le permite acompañar las trayectorias educativas desde otro lugar; así como también destaca el trabajo en equipo que se construye cotidianamente con quienes forman parte de la institución. 

También señala que la escuela 55 es una institución que, dentro del colectivo docente, suele ser reconocida desde un criterio de “estigmatización” y cuenta que antes de presentar el proyecto hubo quienes se alarmaron por su decisión. Sin embargo, más allá de las incertidumbres iniciales, Ximénez considera que la experiencia representa una “apertura de posibilidades” para niños y niñas de distintos contextos socioeconómicos.

A su vez, comenta que la propuesta “viene funcionando bien” y que están “contentas” con los resultados obtenidos hasta el momento para quienes están inscriptos. Sin embargo, señala que el trabajo también “es cansador”, ya que implica una tarea extra respecto al trabajo habitual del año, que debe ser desarrollada en poco tiempo y que el intentar conocer las realidades de los niños en ese período de tiempo también supone un desgaste.

Siempre hay más

Más allá de las jornadas de todos los días que se llevan adelante en la institución, los paseos a otros espacios forman parte de una planificación más amplia y también están enmarcados en la experiencia de las Escuelas de Verano. Es así que Ximénez cuenta que los grupos de mayor edad también participan en actividades acuáticas, como las jornadas en la piscina de la Plaza 8 y, además, se desarrollarán otras propuestas que incluyen salidas al Espacio Modelo, una recorrida por el lago Calcagno en Canelones y un campamento final que dará cierre a las actividades en febrero.