Frente a la transición digital y verde, el verdadero desafío de Uruguay no está solo en la incorporación de nuevas tecnologías, sino en las capacidades de la población para apropiarse de ellas y más concretamente las infancias, dijo a la diaria el doctor en Economía especializado en innovación, ciencia y tecnología Carlos Bianchi.

“Creo que la política más importante de innovación y de desarrollo productivo para el futuro es la política de infancia y educativa. Toda la transformación tecnológica se basa en personas que desarrollan sus capacidades y las aplican. Ese tipo de políticas, en general, no están etiquetadas bajo el rótulo innovación, sino de políticas sociales, pero estrictamente son acciones innovadoras implícitas porque son fundamentales para el desarrollo del conocimiento”, afirmó Bianchi, quien es profesor e investigador universitario y fue uno de los autores del informe “Uruguay en la economía del conocimiento: desafíos ante la transición verde y digital”, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El experto sostuvo que tanto la transición verde como la digital abren oportunidades para el país, pero también desafíos estructurales vinculados a la desigualdad, la productividad y, especialmente, la situación de la infancia. “Para Uruguay es clave la situación de las infancias”, remarcó.

En ese sentido, explicó que el vínculo entre desarrollo tecnológico y capacidades humanas es central: “Tenemos un país con problemas serios de productividad, con una estructura demográfica tan envejecida, y que nos cuesta sumar gente capacitada. Si seguimos con los problemas de pobreza y de acceso a nivel de infancia, probablemente sea una transición muy desigualadora”.

En esa línea, dijo que el país debe “hacer mucho más” por la primera infancia. “Creo que el principal desafío que tiene Uruguay como proyecto sostenible de sociedad es atender a las infancias, la educación y los problemas que empobrecen a los niños, niñas y adolescentes. La innovación y el conocimiento deberían aportar a resolver ese problema”, indicó.

El experto dijo que en el futuro se va a requerir más personas capacitadas, pero advirtió que frente a la situación actual de las infancias, que no reciben los apoyos educativos y nutritivos básicos, difícilmente los menores estarán preparados para los requerimientos del mercado laboral.

“Hay un dilema claro. Se agudiza la demanda de capacidades y los problemas de acceso a esas capacidades de una población del futuro. Más allá de los aspectos éticos, sostener un país que envejece y donde seis de cada diez niños no van a poder participar creativamente en esa economía, en ese mundo que está transformándose, pone en cuestión el proyecto nacional”, indicó.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de mayo de 2025, en 2024 el 32,2% de los niños menores de 6 años vivía en situación de pobreza, casi el doble del promedio general (17,3%). Estos datos representan que un tercio de los menores de 6 años es pobre.

Sobre el informe

A finales de octubre, el PNUD publicó un informe llamado “Uruguay en la economía del conocimiento: desafíos ante la transición verde y digital”, en el que se señala que la transición digital y verde no es solo un proceso tecnológico, sino un punto de inflexión en el modelo de desarrollo.

El reporte planteó que “la doble transición va más allá de un proceso de cambio tecnológico y se requiere un nuevo modelo de desarrollo”. En ese marco, el desafío no radica únicamente en adoptar nuevas tecnologías, sino en definir cómo esas transformaciones impactan en la estructura productiva, la distribución del ingreso y las condiciones de vida de la población.

El informe señaló que estos procesos “afectan a todos los habitantes y regiones del planeta, pero lo hacen de forma desigual en diferentes sociedades, grupos sociales y actividades económicas”, reforzando la idea de que la transición puede ampliar brechas si no es acompañada por políticas activas.

En ese contexto, Uruguay parte de una posición con fortalezas relevantes, pero también con tensiones. “Uruguay ha avanzado notablemente en energías renovables y tiene gran potencial para el desarrollo del hidrógeno verde”, al tiempo que “los avances en finanzas sostenibles son también destacables y evidencian un modelo interesante de financiamiento de políticas ambientales que otros países podrían replicar”.

También en lo digital, “la cobertura de fibra óptica, el Plan Ceibal o la transición digital en el sector bancario uruguayo destacan la importancia de abordar los cambios no solo como una cuestión técnica, sino también social y organizacional”.

Sin embargo, estos avances conviven con limitaciones: “Uruguay cuenta con un marco institucional estable, pero también enfrenta retos en la gobernanza ambiental, como la gran dependencia de financiación internacional o la falta de coordinación entre sus ministerios”, lo que puede dificultar una implementación coherente de la doble transición. “Uruguay ha tenido importantes avances tanto en la agenda verde como en la digital, sin embargo, ambos componentes no han sido, hasta ahora, abordados de manera integral”, agregó.

El documento plantea una pregunta central: “¿Cómo financiar una transición justa para Uruguay?”. En la investigación se sugiere que la respuesta pasa por avanzar hacia una estrategia nacional integral, con coordinación de políticas, acuerdos políticos y sociales, y una orientación clara de los recursos para evitar que la transformación profundice las desigualdades en lugar de reducirlas.

La importancia de la transición verde y digital

Bianchi sostuvo que “la transición verde y digital es clave para el futuro en cualquier parte del mundo, porque son procesos diferentes que van a marcar cómo se produce y cómo relacionarse en todas partes”.

En particular, destacó que la digitalización “puede generar efectos muy positivos, incluso aumento del bienestar de las personas, mayor transparencia, más productividad y acceso a servicios de salud”.

“La transición digital tiene efectos comprobados en muchos aspectos, comunidades relativamente aisladas que tienen mayor acceso a ciertos bienes y servicios, a disfrutar realmente de cierto bienestar y de hacer valer derechos”, agregó. Sin embargo, advirtió sobre su carácter potencialmente “desigualador” si no se acompaña con políticas públicas.

“Uruguay ha avanzado mucho en infraestructura y en acceso. El problema es que, como toda innovación disruptiva, es probablemente desigualadora. Si no se hace política en torno a eso, habrá quienes estarán cada vez más integrados y serán ciudadanos más plenos, porque el soporte digital permite producir, consumir, velar por nuestros derechos de manera más eficiente, y habrá otros que se irán apartando de esas posibilidades”, indicó.

Aunque existe consenso sobre la necesidad de articular las transiciones digital y verde, Bianchi señaló que aún no hay una política coordinada: “Hay muy pocos lugares en el mundo en los que se esté pensando de manera integral”.

Oportunidades en la transición verde

En materia ambiental, el economista destacó que Uruguay tiene ventajas estructurales: “Uno de los activos que puede tener Uruguay es una transición verde adecuada”. Además, subrayó avances concretos, como la matriz energética: “La transición energética de Uruguay ha sido muy exitosa y creo que se puede sostener”.

No obstante, planteó la necesidad de una segunda etapa de “transición vinculada sobre todo a transporte y a consumo de energía”.

También señaló áreas donde pueden converger lo digital y lo verde, como el transporte público eficiente o la incorporación de tecnologías en procesos productivos.

El desafío de la economía de datos

En materia digital, uno de los puntos más críticos es la inserción de Uruguay en la economía global de datos e inteligencia artificial (IA). Bianchi advirtió que el país ocupa una posición periférica: “Uruguay es claramente periférico a los centros de manejo de datos que se transforman en innovación y que a través de la IA resultan en soluciones tecnológicas”.

En ese marco, cuestionó estrategias centradas únicamente en infraestructura: “La instalación de un data center puede favorecer la velocidad, pero básicamente lo que estamos haciendo es dar un soporte de energía a un sector que no participa en el segmento de mayor producción de valor”.

El especialista propuso avanzar hacia una mayor articulación: “Hay que profundizar la vinculación de estas capacidades, lo que antiguamente se llamaría un sector productivo real”.

Asimismo, planteó la necesidad de conectar capacidades digitales, estructura productiva y agenda ambiental: “Impulsar más una política de articulación entre lo que tenemos del sector productivo tradicional y conocimientos digitales”.

Por último, concluyó que la agenda verde puede ser una “buena oportunidad” para unir lo digital con la estructura productiva tradicional.