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Del 17 al 20 de julio se realizó en Shanghái la octava Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés). La edición de este año, la novena, reunió a más de 1.000 empresas, alrededor de 1.400 expertos e invitados internacionales, más de 140 foros académicos, 3.000 productos en exposición, exhibiciones empresariales, demostraciones tecnológicas y debates de gobernanza, distribuidos en más de 100.000 metros cuadrados. A la apertura asistieron el secretario general de la ONU, António Guterres, junto con varios jefes de Estado y de Gobierno de todos los continentes.

La cantidad y la calidad de la participación demuestra que WAIC ha trascendido la dimensión de una simple feria tecnológica y que la inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo cada vez más en un instrumento clave de la política exterior china. El hecho de que por primera vez el evento fuera inaugurado personalmente por el presidente Xi Jinping transformó la principal exposición de IA de China en una verdadera plataforma política y diplomática.

“Una sola cuerda no hace música, y un solo árbol no hace un bosque. El desarrollo de la IA debe ser una sinfonía de cooperación internacional y no la actuación de un solo país”, subrayó Xi en su discurso inaugural.

En cuasi perfecta sintonía, Guterres abogó por una gobernanza inclusiva y pidió evitar que el control de esta tecnología quede concentrado exclusivamente en unas pocas potencias o corporaciones tecnológicas. Para el secretario general de la ONU, la IA es “la mayor oportunidad de la humanidad en el siglo XXI” o “uno de sus mayores riesgos”.

Según el líder chino, se necesitan leyes, regulaciones para prevenir el mal uso, monitoreo tecnológico y sistemas de alerta temprana “para fortalecer la línea de defensa, prevenir el abuso y el mal uso, y garantizar que la IA permanezca siempre bajo control humano”. También instó a otros estados a “aprovechar esta singular oportunidad histórica”, centrándose en el código abierto, la cooperación y el intercambio. Pekín, añadió, está dispuesto a ofrecer “bienes públicos globales” en este sector.

Para la República Popular, la IA no debe ser monopolizada por Estados Unidos, sino convertirse en un bien público global, gestionado a través de instituciones multilaterales. En su discurso, Xi insistió en la necesidad de “oponerse a la extensión arbitraria del concepto de seguridad nacional” y a la tendencia de algunos estados a “anteponer su propia seguridad a la de los demás”. Se trata de una clara referencia a las restricciones estadounidenses y más recientemente europeas a la exportación de semiconductores avanzados y otras tecnologías consideradas sensibles.

Xi defendió que los países aprovechen la “oportunidad histórica” de los modelos abiertos y advirtió de posibles “injusticias históricas” si el acceso a la IA queda concentrado en unos pocos actores. Sin dudas, estamos ante la formulación más clara hasta ahora de la decisión china de influir en la arquitectura internacional de la IA, promoviendo un orden mundial alternativo en IA, sustentado en tecnologías abiertas, cooperación con el Sur global y reclamando una mayor presencia china en la definición de las reglas técnicas y estándares que de ahora en más deberán caracterizar la “gobernanza global de la IA”.

Un informe de trabajo del gobierno chino publicado este año ya abogaba por la creación de una “nueva forma de economía inteligente”, la expansión de la campaña “IA plus” del país, la aceleración de la adopción comercial de la IA y el fortalecimiento de la gobernanza de esta tecnología. Y el mismo Xi propuso en 2023 la Iniciativa Global de Gobernanza de la IA.

Si tuviéramos que resumir la idea principal del discurso de Xi, cuatro palabras bastarían: anteponer a las personas. Ante los profundos cambios que la revolución tecnológica y la IA están trayendo a nuestras vidas, el líder chino reiteró un enfoque filosófico y político positivo: la IA puede beneficiar a la humanidad, pero es esencial que siga siendo una herramienta al servicio de la humanidad, haciendo hincapié en que su desarrollo debe orientarse hacia el bien común.

El mensaje central es que la innovación tecnológica debe progresar dentro de los límites éticos y bajo supervisión humana, guiada por la sabiduría colectiva de la comunidad internacional. Debemos asumir que existe una profunda divergencia en la conceptualización de la IA desde una perspectiva conceptual, política o tecnológica. Un enfoque predominante en Estados Unidos considera a la IA como una industria digital, es decir, un mercado de productos y servicios digitales que requiere la identificación y captación de clientes.

En cambio, para China, la IA es una infraestructura productiva que se integra en los procesos económicos. Por consiguiente, mientras se concentra el capital y las tecnologías de vanguardia para mantener la competitividad, se desarrolla una infraestructura de IA asequible y accesible, diseñada para brindar servicios públicos y beneficios inmediatos a la ciudadanía. El ciudadano se concibe como receptor de derechos y servicios, no como un consumidor del que extraer beneficios.

Según los analistas, China está utilizando cada vez más los conceptos de “código abierto” e “IA inclusiva” como su propia narrativa para contrarrestar el ecosistema de IA de código cerrado de Estados Unidos. Los expertos coinciden en que los principales modelos de IA de código abierto de China son más económicos de ejecutar para la mayoría de las aplicaciones y más que capaces de llevar a cabo la mayoría de las tareas.

La decisión de modelos chinos como DeepSeek, GLM 5.2 de Zhipu y Kimi K3 de adoptar el código abierto se debe precisamente a que China comprende que el verdadero poder de la tecnología reside en ser descargada, implementada, modificada y utilizada por más personas, permitiendo así ampliar su impacto y beneficiarse de sus resultados. El plan estadounidense para la IA no se titula casualmente “ganar la carrera”, lo que demuestra lo lejos que está del enfoque chino, que aboga por unir fuerzas para construir “un sistema de gobernanza global justo y equitativo”.

El plan estadounidense para la IA no se titula casualmente "ganar la carrera", lo que demuestra lo lejos que está del enfoque chino, que aboga por unir fuerzas para construir “un sistema de gobernanza global justo y equitativo”.

Washington considera la IA como un activo estratégico que debe monopolizarse y una herramienta para la competencia geopolítica. Para Pekín, en cambio, es un bien público que debe compartirse y utilizarse en beneficio de toda la humanidad, abogando por la seguridad compartida mediante la cooperación, la apertura en el desarrollo y la gobernanza multilateral.

En Shanghái, Xi anunció la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (Waico), que ya ha atraído a 29 países miembros. Según el mandatario, se trata de “un hito importante en la historia del desarrollo de la IA” que responde a las peticiones de los países del Sur global para que desempeñe un papel más importante en la gobernanza de la IA, que, por ahora, se concentra en un reducido grupo de estados y empresas.

La Waico es también una alternativa institucional a la Pax Silica, liderada por Estados Unidos, que aglutina a una treintena de países con el objetivo de garantizar la seguridad de las cadenas de suministro mundiales de IA y minerales críticos, para, de esa forma, reducir la dependencia de China y contrarrestar su dominio en estos campos.

No obstante, la evidencia demuestra que la estrategia estadounidense de frenar el desarrollo avanzado de la IA en China, por ejemplo, a través de controles a la exportación de chips avanzados y equipos de fabricación de semiconductores destinados al gigante asiático, ha fracasado en muchos aspectos.

OpenRouter, una plataforma con sede en Estados Unidos que enruta el tráfico a través de cientos de modelos, informó que los modelos desarrollados en China superaron a los modelos estadounidenses en su participación de tokens –la unidad básica de datos procesados– en la plataforma a principios de junio. La cuota de mercado de DeepSeek casi se duplicó: pasó de 9% a principios de año a 18% a principios de junio.

Mientras tanto, el Índice de IA 2026 de la Universidad de Stanford reveló que la diferencia de rendimiento entre los principales modelos estadounidenses y chinos se había reducido a 2,7% en marzo.

En declaraciones a la Deutsche Welle, Rogier Creemers, profesor adjunto de la Universidad de Leiden, en Países Bajos, especializado en la política de tecnología digital de China, sostuvo que el auge del sector de la IA en China representa un cambio histórico: “Debemos comprender que ahora nos enfrentamos, por primera vez en la historia moderna, a una superpotencia tecnológica no occidental”.

Daniel Barrios es economista y analista internacional especializado en China, autor del libro Des-cubrir China (Fundación de Cultura Universitaria, 2026).