Cultura
Al nombre Rubén Darío responden sujetos tan diversos que a veces se contraponen y aun se niegan: el niño poeta, el espantacuras, el corresponsal de La Nación, el embajador, el borracho perdido que olvida sus versos, el amor de Francisca Sánchez, el fundador de escuela, ignorado por su maestro Verlaine, mimado en España, idolatrado en media América hispánica, el torremarfilista, el raro, el lírico decadente, el enfermo de parisitis, el poeta social, el fatuo, el cronista, el renovador de la lengua, el mestizo con manos de marqués.
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26 de diciembre de 2016