“Está bastante diferente”, dice Walter Zeballos mientras mira la casa quinta donde funciona la Escuela Técnica de Malvín Norte, que años atrás supo ser el hogar Álvarez Cortés, del Consejo del Niño. Reconoce las rejas y las ventanas de la habitación en la que estuvo preso cuando tenía 16 años, entre mayo y octubre de 1975, cuando los militares lo trajeron desde Treinta y Tres junto con otros cuatro compañeros. En esa época las aberturas no tenían vidrios y se habían tapado improvisadamente con cartón para atenuar el frío. Mario Mujica, que tenía 15 años cuando estuvo en el instituto, entre febrero y marzo de 1974, también recuerda: “A los ‘peligrosos’ [procesados por delitos graves] los ponían arriba, y cuando subíamos íbamos en patota porque nos daba miedo”.

En ese edificio funcionó un centro de detención de niños y adolescentes por motivos políticos entre 1969 y 1977. No fue el único: se estima que por distintos hogares del Consejo del Niño pasaron más de 100 menores presos durante el terrorismo de Estado. En febrero del año pasado, a partir de la solicitud del colectivo de ex presos adolescentes, la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de la Memoria resolvió declarar como sitio al ex Hogar Yaguarón, donde estuvieron detenidas niñas y adolescentes, y ahora buscan la declaración del exinstituto Álvarez Cortés, donde estaban recluidos los varones menores de edad.

En el hogar los presos políticos convivían con niños y adolescentes de entre seis y 17 años que estaban recluidos por otros motivos. En la parte de atrás de la casona, había un pabellón de seguridad -donde actualmente funciona el club Alumni- que tenía 18 celdas para jóvenes con “alto nivel de criminalidad”, cuenta Zeballos. En el caso de los adolescentes de Treinta y Tres, como ya no había lugar en el pabellón y habían sido procesados por la Justicia militar con “medidas de seguridad”, los pusieron aislados en un cuarto.

Mujica, en cambio, estuvo primero en el Departamento 5, de Inteligencia y Enlace, y luego lo llevaron a declarar ante un Juzgado de Familia. “Yo siempre tuve barba y después de varios días ahí me había crecido mucho. Uno de los policías que nos custodiaba me trajo una máquina eléctrica de afeitar y me dijo: ‘A vos te van a ver muy grande y te van a mandar a sabés dónde...’, entonces, me afeite para no impresionar para mal”. La jueza determinó que iban a ir al Álvarez Cortés y luego serían liberados. ¿El motivo de su procesamiento? Ser “sediciosos en potencia”, contestó la jueza.

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Al club atlético Alumni de baby fútbol se llega por el callejón que está al lado de la UTU. El albirrojo se fundó en 1961 y en 1985 se instaló en el barrio. La sede, que aloja decenas de copas y medallas en repisas, guarda las marcas del pabellón de seguridad del Álvarez Cortés. Algunas celdas, que ahora cumplen la función de cuartos o depósitos, conservan el camastro de hormigón donde dormían los adolescentes recluidos y las puertas de hierro con mirillas.

En una mesa ubicada adentro del club se sientan Zeballos y Mujica, y se suma Genaro Ribero, que también estuvo detenido en el instituto. Si bien estuvieron presos en distintos momentos, todos tenían menos de 18 años.

¿Cómo terminaron presos en el hogar?

Genaro Ribero: Yo tenía 14 años. Éramos dos y fuimos detenidos en Lepanto y Rivera. Era en el marco del 5 de febrero [de 1975], teníamos volantes por el aniversario del Frente Amplio. Fue algo muy raro porque nos detuvieron a nosotros dos y al mismo tiempo detuvieron a otros dos que conocíamos del ombú de Bulevar España y llevaban pasacalles. Se practicó mucha violencia. Fuimos llevados a la comisaría 10. Y ahí empezó todo el periplo: Departamento 6, interrogatorio de Telechea... Se me vienen a la memoria todos los gurises [que estaban ahí] y que ninguno siguió la lucha. Otra compañera y yo nomás. Eso no dice nada de mí, pero cuando vos llegabas acá eras parte de un proceso que seguía. Más que una persecución política fue ideológica. Nosotros luchábamos por tener un mundo mejor. Yo era afiliado a la Juventud Comunista, pero cuando vos mirabas éramos todos gurises que teníamos sensibilidad social y política, es decir, estábamos construyendo nuestro sujeto político, no era otra cosa. Hay un caso emblemático, a mi entender, que lo queremos recuperar, y es el de Luis Morín, que está fallecido. Él era militante de la Juventud Comunista ligado al Cerro. Era adolescente y pintaba muros. Fue una persona buscada por Telechea y masacrada. Lo nuestro también fue duro, pero lo de él fue tremendo, e ingresó el mismo día que nosotros a Álvarez Cortés. Después se dice que hubo una intervención del exterior porque el juez nos sacó rápidamente de acá. Describo todo esto porque se iba gestando la instalación de la bestia. Ahora cuando vemos que [por acá pasaron] 130 o 170, es una foto de gurises que vinieron de una muy jodida y siguieron en una muy jodida.

UTU de Malvín Norte.

UTU de Malvín Norte.

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Mario Mujica: Nosotros caímos con una tanda de 18 o 20 compañeros y compañeras, a raíz de una redada que se desató contra el liceo 13, en particular, contra la agrupación estudiantil, y se extendió después en los liceos 10, 20 y 15. Éramos todas agrupaciones gremiales que actuaban en aquella época, por supuesto, con algunas vinculaciones políticas. Yo militaba en el FER 68 [Frente Estudiantil Revolucionario]. Primero estuvimos en el Departamento 5 y el trato fue el mismo que a cualquier adulto. El terrorismo de Estado en ese caso -y el autoritarismo general antes- no hizo ningún tipo de distingo con relación a que éramos niños, niñas y adolescentes. Se nos privó de la libertad, se privó a nuestra familia de conocer dónde estábamos oportunamente, se nos mantuvo días, semanas y meses sin ser vistos por un juez. En el caso nuestro creo que tuvimos suerte, porque al cabo de un par de semanas de estar en el Departamento 5 nos pasaron al juez de menores, no fue militar. Igualmente, sufrimos como todos los demás, y las limitaciones posteriores en relación con la posibilidad de estudiar y trabajar marcaron nuestras vidas para siempre.

Walter Zeballos: En Treinta y Tres, entre el 12 de abril y el 13 de abril, fueron detenidos aproximadamente 38 jóvenes. De esos 38 jóvenes, 27 teníamos entre 13 y 17 años. Estuvimos en el cuartel de Treinta y Tres un mes, donde recibimos todo tipo de torturas sin ninguna distinción por ser menores. En el momento en que estábamos presos la cúpula militar iba orquestando un paquete para buscar avalar frente a la sociedad por qué había tantos menores detenidos. El Goyo [Gregorio] Álvarez fue uno de los ideólogos, y se creó todo un plan en el cual se decía que estábamos influenciados por mayores, que participábamos en orgías sexuales y por eso nos reuníamos. En Treinta y Tres alguna gente lo creía y otra no. Nos trasladaron a Montevideo a cinco menores varones que vinimos al Álvarez Cortés y a ocho compañeras que fueron al Yaguarón. No sabíamos a dónde íbamos, nuestros padres tampoco. Nos trajeron en un camión militar con las manos atadas y una capucha. Nunca se nos informó cuánto tiempo íbamos a estar. En un momento determinado, sin saberlo, nos llevan a 8 de Octubre, donde estaba el juzgado militar, y nos empiezan a liberar. Fue una libertad vigilada, porque nuestros padres tenían que escribir un documento en el cual decía que ellos no tenían la total patria potestad de nosotros y que, si volvíamos a reincidir políticamente, ellos también iban a ir presos. No podíamos estudiar ni en liceos públicos ni privados y teníamos que mantener siempre informadas a las Fuerzas Armadas de lo que pasaba. Nuestro martirio siguió después del Álvarez Cortés. La mayoría volvió a Treinta y Tres, después la mitad se tuvo que ir porque no pudo vivir más ahí. Hemos ido curando heridas. Yo volví a Treinta y Tres, pero cuando cumplí 18 vine a Montevideo y en 1980 me tuve que exiliar, y ahí me fui a Dinamarca, que es donde actualmente vivo.

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El colectivo de ex presos políticos adolescentes desde hace un tiempo trabaja por contar su historia y construir memoria. Para Mujica, la situación de los adolescentes durante el terrorismo de Estado se conoce poco por la “dimensión del horror” de todo lo que pasó en el país durante ese período. “Nosotros vivimos lo que nos tocó de esa cuota de horror y creo que durante muchos años no fuimos conscientes de eso. En mi caso personal, mi hermano murió en la tortura, entonces yo siempre minimicé todo lo que nos había pasado, lo naturalicé”, dice.

Sin embargo, Mujica considera que el trabajo de algunos colectivos, como el caso de las ex presas en el Hogar Yaguarón o el del colectivo de niños, niñas y adolescentes víctimas del terrorismo de Estado Memorias de Libertad, fue “creando un universo de víctimas, que es inimaginable hasta dónde puede alcanzar”, porque existen problemas para acceder a los archivos del entonces Consejo del Niño.

También creen que es necesario contar su historia para garantizar el “nunca más” y repensar cómo la sociedad se vincula con sus adolescentes. “El otro día estaba mirando la televisión, vi lo del IAVA y me puse a lagrimear, porque era como estar en mi época. Ellos estaban haciendo lo que yo hice. Nosotros estábamos en la dictadura, pero que en Uruguay haya un conflicto con estudiantes por un local gremial me parece que muestra que no hemos avanzado mucho”, relata Zeballos.

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Para el sábado 13 el Colectivo Memorias de Malvín Norte organizó una recorrida con la participación del grupo de ex presos políticos adolescentes, vecinos y vecinas e integrantes de la Red Nacional de Sitios de Memoria, que iniciará a las 14.30 en la UTU y terminará en el Centro Cultural del barrio a las 17.00. Allí se llevará a cabo una firma “participativa y pública” para solicitar la declaración de sitio de memoria del excentro Álvarez Cortés

Joaquín Berriel, que integra el colectivo, contó a la diaria que en una mesa zonal coincidieron con el colectivo de ex presos políticos adolescentes y empezaron a trabajar en conjunto para solicitar la declaración de sitio de memoria. “El barrio es relativamente nuevo. Tiene su desarrollo en los años 40 o 50. Primero fueron las familias del asentamiento de Candelaria, que fueron realojadas, después el complejo del INVE [Instituto Nacional de Viviendas Económicas], en los años 50, y entre 1970 y 1980 comienza a poblarse. El Álvarez Cortés viene a caer en un descampado, en la periferia de Montevideo, en 1929. Acá no había prácticamente nada, lo cual es interesante porque a esos jóvenes y a esas infancias excluidas las ponían en un espacio excluido de la sociedad”, relata.

Mujica agrega que al declarar el lugar como sitio de memoria se produce un efecto de “conservación y preservación”, en el sentido de que “no puede haber alteraciones por lo menos en los lugares más simbólicos, por lo que se protege la memoria”. Para él, es importante que el Álvarez Cortés se haya convertido en una UTU, “que el barrio necesita y es una fuente de inclusión social acá, y que el Alumni sea un proyecto inserto en el barrio, “donde hay más de 90 niños que vienen a jugar al fútbol”. El objetivo, agrega, no es sólo “exponer nuestra historia de vida”, sino que “haya una proyección social” y que con el sitio de memoria también el proyecto del Alumni “se profundice y adquiera solidez y el club tenga cubiertas sus necesidades; nosotros somos un granito de arena”.