“Democracias bajo presión. Reimaginar futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe” se titula el informe sobre democracia y desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que se presentó este lunes en el edificio anexo de la Torre Ejecutiva, con la presencia del presidente Yamandú Orsi y de la directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe, Michelle Muschett. Muestra una realidad ambivalente: América Latina es la región en desarrollo más democrática y cuatro de cada cinco de sus habitantes tienen hoy gobiernos electos democráticamente –la mayor proporción de la historia–, pero esa democracia enfrenta desafíos y “presiones” que amenazan su sostenibilidad.
Muschett se refirió a Uruguay como un “bastión para la democracia” en América Latina y el Caribe, y Orsi comenzó destacando algunas características positivas del país en ese sentido. Dijo que “llama la atención y nos preguntamos cómo hacemos en Uruguay para que un presidente concurra a otro país acompañado por expresidentes” de distintos partidos, “algo que debería ser una obviedad o algo natural” y que, sin embargo, hoy “es una especie de rareza”. Consideró que “la posibilidad del diálogo o la existencia de relacionamientos más allá de los institucionales”, basados en “vínculos personales”, “muchas veces terminan salvando situaciones que parecían insalvables”.
Afirmó que “venimos bastante conformes con algunas permanencias que Uruguay sigue teniendo” en relación con la democracia, pero advirtió que esto “no quiere decir que estemos vacunados contra algunas de las afecciones que la convivencia democrática está teniendo, en particular en América Latina”. “La polarización o la tendencia a los extremos también es una realidad que se respira en Uruguay”, remarcó.
El presidente señaló que a veces se toma “el atajo fácil de culpar a las nuevas formas de comunicarnos”, o se culpa a “la deriva de una ola occidental de pérdida de representatividad de las estructuras partidarias”, y “otras veces decimos que la democracia cotiza mal para algún concepto de desarrollo”. En todo caso, alertó contra la tentación de “entrar en el debate por los caminos no del todo correctos o no del todo democráticos”, con “mensajes cortos, exceso de adjetivación” y la “búsqueda siempre en el otro del error”, o “la generación de realidades artificiales aun a sabiendas de que no es tan así pero reditúan en una ventaja o beneficio inmediato”. “Quienes estamos en la actividad política tenemos la responsabilidad de contribuir a los climas, y flaco favor le hacemos si en vez de hacer eso, lo que hacemos es subirnos a la ola del éxito o el beneficio inmediato y fácil”, afirmó.
A nivel de la política exterior, esto se traduce, según Orsi, en que los países deben ser “capaces de ser constructores de climas”. “Es por eso que elegimos tratar de ocupar todos los espacios multilaterales posibles que impliquen posibilidad de acercamiento”, indicó. Puso como ejemplo que el planteo central de Uruguay en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y en el G77, organismos en los que ocupa la presidencia pro tempore, es la importancia del diálogo y de garantizar los derechos, las libertades y la seguridad.
Finalmente, Orsi llamó a llevar los debates sobre la democracia al ámbito educativo, porque “también hay un tema de formación al que tenemos que prestarle mucha atención”.
Diagnóstico y recomendaciones del PNUD para fortalecer la democracia
Muschett advirtió que, pese a los avances en materia democrática en la región, no se han alcanzado “niveles adecuados de libertad política, de pluralismo y de igualdad, lo que limita la capacidad de dar respuesta” a la población. Por otra parte, en materia de algunos indicadores de desarrollo, se registra “estancamiento y riesgo de retroceso”, y se debe tener presente que “la ciudadanía no quiere solo votar, quiere vivir mejor”. Recordó en este sentido que América Latina sigue siendo “la región más desigual del planeta” y que esto “se traduce también en desigualdad en la influencia política” y “distorsiona la representatividad”.
La directora regional del PNUD se refirió a cinco presiones sobre la democracia: la “polarización tóxica”, que es “cuando las diferencias llegan a niveles en los que el adversario es visto como amenaza existencial”; el “rápido avance” del crimen organizado y de las economías ilícitas, que también distorsiona la competencia política; la rápida adopción de la inteligencia artificial y las plataformas digitales en un sentido que muchas veces “distorsiona el ecosistema informativo” y la forma en que las personas toman decisiones; los movimientos migratorios en América Latina y el Caribe; y la triple crisis planetaria: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación. “Estas presiones alteran la forma en que se distribuye el poder y tienen un impacto directo en la vida de las personas”, señaló.
En este contexto, las encuestas indican “un aumento preocupante de segmentos de la población dispuestos a apoyar regímenes autoritarios si estos tienen la capacidad de resolver sus problemas”, apuntó Muschett, y alertó que “cuando las instituciones no son capaces de canalizar las demandas de la ciudadanía, y cuando las oportunidades están distribuidas de manera desigual, ese ideal democrático pierde fuerza”.
Para recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones y en la democracia, el informe del PNUD recomienda, entre otras acciones, fortalecer la autonomía de los organismos electorales, fortalecer la capacidad de los partidos políticos y sus vínculos con la sociedad, garantizar mayores niveles de transparencia y equidad en el financiamiento político, fortalecer la capacidad y la presencia del Estado, proteger el ecosistema informativo y reducir la incidencia de la desinformación.
Asimismo, llama a desarrollar “un ciclo virtuoso por medio del cual se retroalimenten las mejoras en la calidad de la democracia y la reducción de las desigualdades económicas, que son enormes e injustificadas”. Advierte que aunque “los sistemas fiscales de la región tienen, en general, un efecto igualador, su impacto es muy modesto y varía significativamente de unos países a otros”. “En 9 de los 18 países analizados, la política fiscal en realidad aumenta la pobreza, lo que significa que más personas caen por debajo de la línea de pobreza debido a los impuestos”, señala el informe.
Agrega que existen “limitaciones estructurales en la capacidad estatal para redistribuir”, que se observan “tanto en la recaudación como en el gasto”. “En materia tributaria, los Estados latinoamericanos recaudan menos y de forma menos progresiva. Esto se debe a que los Estados carecen de la capacidad para controlar la evasión fiscal y dependen más del impuesto al valor agregado y menos de los impuestos más directos. La baja recaudación sobre activos como la propiedad inmobiliaria sugiere, además, restricciones políticas”, advierte el informe.
La directora regional del PNUD afirmó que el documento, más que un análisis, es “una invitación a la acción colectiva para reimaginar los futuros de nuestras democracias”. Remarcó que la democracia “se sostiene a través de un esfuerzo deliberado, consciente”, utilizando “métodos democráticos” y reconociendo “el valor del diálogo y la posibilidad de construir consensos”.
Subrayó que la democracia es “el único de los sistemas que habilita la agencia humana, que ofrece el espacio para el ejercicio de esa agencia colectiva” y, por lo tanto, la alternativa “no es reemplazar a la democracia, es protegerla, proteger sus avances y renovarla, para asegurar que sea capaz de atender los desafíos de nuestro tiempo”.
Democracia y desarrollo en América Latina y el Caribe, en cifras
64% de la población está insatisfecha con el funcionamiento de las democracias,
70% de la población considera que las democracias sirven a los intereses de unos pocos,
34% de las personas confiaba en las autoridades electorales en 2024 (en 2016, 47% lo hacía).
El 10% más rico concentra casi el 37% del ingreso.
4 de los 10 países con mayor nivel de violencia política del mundo se encuentran en la región.
El índice de polarización política en América Latina llegó a 3,4% en 2024 y supera el promedio mundial.
Entre 2000 y 2024, la proporción de personas que vivían con menos de 3 dólares diarios, consideradas en pobreza extrema, se redujo casi cuatro veces en América Latina y el Caribe y pasó de 18,4% a 4,9%. La pobreza pasó de 53,3% en el año 2000 a 25,5% en 2024.