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Política Sociedad
Ignacio Zuasnabar (archivo, diciembre de 2025). · Foto: Alessandro Maradei

Ignacio Zuasnabar (archivo, diciembre de 2025).

Foto: Alessandro Maradei

Zuasnábar, de Equipos: “La desaprobación de Orsi no incluye tanto enojo social” como en el segundo gobierno de Vázquez

Según el consultor político, el contexto global genera “nerviosismo, inquietud e incertidumbre” en un electorado “más inquieto y con muchas más incertidumbres vitales”

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La más reciente encuesta de Equipos Consultores sobre el desempeño del presidente de la República, Yamandú Orsi, arrojó un saldo negativo de 21 puntos y consignó una disminución de seis en la aprobación respecto a la medición que la misma empresa realizó en febrero. El director de la consultora, Ignacio Zuasnábar, dijo que los números muestran “claramente” que el gobierno “está en un clima de opinión pública menos cómodo” que lo que venía hasta ahora.

En lo que hace a la evolución de los guarismos, identificó dos períodos previos. Uno, que calificó como una “luna de miel moderna”, que fue hasta octubre del año pasado, y en ese lapso “el gobierno mantuvo un saldo positivo mayoritario”. En el otro, a partir de noviembre de 2025, “empieza a haber una estructura de opinión equilibrada aproximadamente en tercios” que para febrero “eran de balance negativo”, con un saldo neto de -7, pero “no salía todavía de ese escenario aproximado en tercios”. “La medición de abril muestra una cosa distinta porque esa estructura de tercios se empieza a desequilibrar hacia lo negativo”, indicó.

Entre quienes lo votaron en el balotaje de 2024, el 28% desaprueba la gestión de Orsi, y un 45% –porción que era del 61% en febrero– la aprueba. En esa porción de la ciudadanía “Orsi venía manteniendo –hasta febrero inclusive– un nivel de aprobación del entorno de 60% y sostenido, que no era unánime pero era razonablemente alto, y en abril eso cae”, advirtió.

Equipos Consultores dividió a los votantes de Orsi en segunda vuelta en dos grupos: aquellos que se identifican como personas de izquierda y los que no se sienten vinculados con esa inclinación ideológica, “casi iguales” en magnitud. El comportamiento entre ambos difiere: “Entre los votantes de Orsi en segunda vuelta con identidad de izquierda, la aprobación a Orsi se mantiene mucho más alta”, y en aquellos votantes “frenteamplistas pero no ideologizados o no cercanos a la izquierda encontramos un nivel de desaprobación un poco mayor, casi en tercios”, precisó. En ese votante “orsista no de izquierda”, la hipótesis es que “posiblemente su juicio no está tan marcado por las críticas que provienen del microclima político, sino posiblemente por cuestiones más evaluativas sobre el funcionamiento del propio gobierno”, valoró.

Por otro lado, como parte de los esfuerzos para invertir la situación, Zuasnábar fue consultado sobre la importancia que les atribuye a los cambios en el gabinete. Los catalogó como “hechos políticos normales en el devenir de los gobiernos”, y se remitió al sostenimiento de Eduardo Bonomi al frente del Ministerio del Interior en el segundo gobierno de Vázquez, frente a un clima adverso en la opinión pública sobre la inseguridad: “Hoy no estamos en esa situación”, dijo.

En ese marco, advirtió que actualmente hay “inquietud, incertidumbre, eventualmente insatisfacción, pero no estamos midiendo un clima de enojo generalizado con el gobierno” de la magnitud que hubo en algunas etapas del segundo gobierno de Vázquez. “Tengo la sensación, y algunos estudios cualitativos lo sugieren, de que por lo menos hasta ahora este 48% de desaprobación a Orsi no incluye tanto nivel de enojo social como aquel proceso de 2016 a 2018 donde se combinó mucha cosa; ese enojo fuerte con la inseguridad, una situación de la economía bastante compleja y la situación que termina desembocando en la renuncia del vicepresidente de la República, Raúl Sendic”, resumió.

Electorado “mucho más inquieto y con muchas más incertidumbres vitales”

Zuasnábar reparó en que el gobierno de Orsi enfrenta un contexto “distinto a todos los anteriores”, con un cambio que se dio “relativamente rápido”. En 2024, dijo que las encuestas reflejaban “un país calmo, tranquilo y sin grandes olas”, con una elección en la que las internas partidarias “terminaron optando por candidatos moderados y dialoguistas”. Dos años después, “estamos inmersos en un cambio de contexto global muy grande” que empieza a generar “nerviosismo, inquietud e incertidumbre presente y futura”, por lo que el electorado actual es “mucho más inquieto y con muchas más incertidumbres vitales”, analizó.

Entre ellas aparecen “la amenaza geopolítica” y, en consecuencia, “una coyuntura económica mundial compleja que además nos afecta directamente y tiene implicancias también sobre nuestra economía”. Además, constató una “aceleración de incertidumbres que provienen del mundo laboral por la irrupción de la inteligencia artificial”, preocupaciones como “la crisis de cambio climático” y “otro tema que vuelve a la agenda este año, que es la baja natalidad de los uruguayos y las dudas que empieza a haber en ciertas generaciones sobre la sostenibilidad de los sistemas previsionales”. Como añadido, mencionó “un deterioro del clima de convivencia por el aumento de las personas en situación de calle”.

Este combo, según el titular de Equipos Consultores, “hace posiblemente que los niveles de exigencia hacia el gobierno de turno puedan ser mayores”. Esa lista de elementos, tomando en cuenta el cambio de coyuntura global, “eclosiona ahora”, y la sociedad, “más allá de la atribución de responsabilidad, mira al gobierno de turno para buscar soluciones”, algo que a su vez se enmarca en un “signo global” en el que los ciudadanos “en todo el planeta se vuelven más acelerados a la hora de exigir cuentas a los gobernantes”.

Finalmente, también señaló un cambio de contexto “en la composición interna del Frente Amplio”, ya que “el espacio sociopolítico de la izquierda, evidentemente con el FA como gran protagonista, había estado ocupado por grandes liderazgos en los últimos 50 años, y estamos en un proceso de cambio por la desaparición física o el retiro de ciertas figuras”, apuntó. Esos procesos de reconfiguración “llevan tiempo y no se pueden apresurar”, acotó.

El “factor Lacalle Pou” y su imagen en la opinión pública

Para Zuasnábar, Orsi “es un líder” con “características propias”, aunque el contraste que algunas personas realizan con las cualidades presentes en figuras de otras épocas –como los expresidentes Vázquez o José Mujica– “le puede jugar en contra”. Dijo, sin embargo, que más allá de las cualidades “un líder es líder si tiene liderados” y que, a juzgar por sus resultados, Orsi “ha liderado en su etapa política en la Intendencia de Canelones con mucha claridad (...), gana con comodidad una interna en el FA y gana una elección presidencial”.

“Uno puede decir que Orsi no es tan líder como eran Vázquez o Mujica cuando llegaron a la presidencia, pero creo que en el conjunto del FA tampoco hay otros liderazgos como hubo en otros momentos, porque son procesos que están en construcción”, afirmó Zuasnábar, y añadió que, con muchos “aspirantes a líderes” y un partido “dinámico”, para “mediano y largo plazo no hay duda de que se van a construir nuevos liderazgos”.

En contraposición, respecto de las fuerzas políticas opositoras, el analista señaló que tienen “un conjunto importante de problemas de coordinación, conflicto y diálogo”, señalados por sus propios actores. Sin embargo, vinculado a su desempeño, si el análisis se basa en “la capacidad de alinear a su electorado en las opiniones sobre el gobierno de turno”, es preciso concluir que “ha sido exitosa”, porque “la enorme mayoría de los votantes de oposición hoy desaprueban”.

“No es que la oposición tenga niveles de aprobación extraordinarios, pero hay un alineamiento de una mirada crítica hacia el gobierno”, reafirmó. Por otro lado, la oposición cuenta con “el factor Lacalle Pou”, algo que Zuasnábar calificó como “inédito” en la política uruguaya, porque “desde que hay mediciones de opinión pública no se había dado que el líder de mejor imagen del país estuviera dentro del bloque de la centroderecha y derecha”. Su figura, inmersa en un contexto en el que “no solo este problema de recambio de liderazgos está en el FA, sino también en el resto de la oposición”, representa “un activo” y una “reserva”, reflexionó.

La agenda del oficialismo y el rol de la comunicación

“Está claro que el gobierno ha hecho y está haciendo muchas cosas. Nadie podría decir que es un gobierno inactivo, inmóvil o paralizado”, aseguró Zuasnábar. Aunque el primer año estuvo “evaluando la situación y conteniendo algunos temas”, en el segundo “sale con una agenda propositiva y de acción que está en línea con su promesa de campaña”, aunque “la opinión pública no reacciona mecánicamente sobre la inmediatez del momento” y los anuncios no impiden que “los ciudadanos estén molestos, inquietos o inciertos”, analizó.

También abordó la comunicación, un elemento habitualmente cuestionado cuando los gobiernos no sienten que sus iniciativas sean valoradas por la sociedad, y dijo que “una hipótesis alternativa a esto es justamente el análisis de los contextos y las características de los evaluadores, que son los ciudadanos”. Así, con el objetivo de revertir la situación que reflejan las cifras, consideró que son necesarios dos componentes: “Que efectivamente haya resultados que la gente logre tangibilizar y, por otro lado, una promesa que genere ilusión y confianza en que efectivamente se va a realizar”.

Por otro lado, sobre las iniciativas que encabeza la fuerza política, dijo que “El FA te escucha” es “esencial” y adquiere un “doble valor”, porque “muchas veces pasa, y al FA le pasó, que siendo gobierno el partido queda como en un segundo plano”. En ese sentido, “que el FA como partido, aun cuando el FA es gobierno, tenga este proceso en marcha de ir a escuchar a los ciudadanos” resulta “central”, porque “la izquierda más amplia tiene que ver tanto con la causa como con la responsabilidad en modificar esta situación”.