“La economía del país está en una situación por demás compleja, vulnerable, de absoluto riesgo”, sentenció el senador del Partido Nacional Sergio Botana cuando presentó su solicitud de interpelación al ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, instancia que se concretará el lunes. En la moción presentada a mediados de mayo, se incluían como objeto del debate temas generales como “el estado de la economía y sus perspectivas”, y otros asuntos más puntuales, como la designación de la nueva integrante del Consejo Fiscal Autónomo, Silvia Rodríguez Collazo, y los cambios previstos para las AFAP. Botana declaró en su momento, sin dar mayores detalles, su oposición a políticas del gobierno que a su entender “ponen en riesgo el empleo, el crecimiento económico y dejan absolutamente expuesto al país”.
En principio, la idea de la oposición era convocar a Oddone en régimen de comisión general, pero el Frente Amplio no dio sus votos para hacerlo porque no comparte las valoraciones de la oposición sobre la situación económica y porque entendió que no era “oportuno” teniendo en cuenta que en pocos días se presentará la rendición de cuentas, según explicó en su momento el senador Daniel Caggiani. Por lo tanto, la oposición impulsó el llamado en régimen de interpelación —que será la novena de este período—, y lo aprobó solo con sus votos.
la diaria consultó a los economistas Silvia Rodríguez Collazo (Centro de Investigaciones Económicas, Cinve), Agustín Iturralde (Centro de Estudios para el Desarrollo, CED) y Nicolás Cichevski (CPA Ferrere) qué balance hacen de algunos de los temas que serán asunto de debate el lunes en el Parlamento.
Un crecimiento por debajo de lo esperado
Para Agustín Iturralde, del CED, el crecimiento económico es “el gran tema” que hay que atender, porque cuando hay niveles de crecimiento altos “todo se distiende”, mientras con niveles de crecimiento muy bajos “al revés, todo adquiere otra atención”. Señaló que el presupuesto votado por el Parlamento el año pasado “sobreestimó significativamente el crecimiento que Uruguay iba a tener y eso va desatando toda otra serie de tensiones”.
Esta semana, el Banco Central informó que el país tuvo un crecimiento del 0,8% en el primer trimestre de 2026 respecto del trimestre anterior, y de 0,9% respecto del mismo trimestre del año pasado. Iturralde apuntó que, si bien estos últimos datos indican que “salimos de la recesión técnica en la que estábamos”, eso “no cambia la generalidad del asunto”, que es que tenemos “un crecimiento bajo”. Marcó como un dato preocupante el hecho de que se desacelera la construcción -se retrajo 3,4% según el informe citado- y también la inversión, y el crecimiento es “impulsado por un consumo que se sostiene, lo cual tiene bastante lógica porque el año pasado tuvimos un crecimiento del salario y del empleo”. “Pero, obviamente, se abre una pregunta muy nítida en cuanto a la sostenibilidad. Un crecimiento bajo sostenido por el consumo y con una inversión cayendo puede tener un problema de sostenibilidad, y ese creo que es el gran desafío que tiene el gobierno”, consideró Iturralde.
Cichevski coincidió con Iturralde en que “la luz amarilla” es “el bajo desempeño de la inversión privada” y de la inversión en general, “que condiciona la posibilidad de alcanzar tasas de crecimiento superiores al 2% en los próximos años, en la medida en que la inversión no rebote”. Agregó que se trata de un desafío que el país arrastra desde hace unos diez años, con excepción de los años 2021-2022, cuando se ejecutaron las obras de la construcción de la planta de celulosa de UPM y del Ferrocarril Central y se llegó a una tasa de inversión del orden del 18-19%. “Ahora, con los datos que conocimos del primer trimestre, estamos de nuevo abajo del 16%, que es una tasa comparable a la que teníamos en 2020”, señaló el economista de CPA.
Rodríguez Collazo, del Cinve, apuntó que los últimos datos de cuentas nacionales divulgados por el Banco Central son “positivos en cuanto a la evolución del nivel de actividad” y el Indicador Mensual de Actividad Económica también “había traído buenas noticias”. Señaló que estos datos vuelven “muy probable” que los analistas corrijan al alza sus proyecciones de crecimiento; en el caso del Cinve, estima que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) para 2026 se ubicará en 1,6%. De todos modos, afirmó que “está claro que seguimos en un bajo crecimiento”.
¿Por qué Uruguay no crece a niveles más altos?
En este contexto, ¿cuáles son las razones del bajo crecimiento y qué acciones puede o debería tomar el gobierno al respecto?
En línea con lo expresado por Iturralde, Rodríguez Collazo indicó que si se analizan los componentes del PIB, “se puede observar que el consumo fue un componente relevante en la evolución de la actividad” y “mostró signos de vitalidad, pero totalmente lo contrario ocurrió con la inversión”. “O sea que efectivamente, con niveles de inversión tanto pública o privada con las magnitudes que estamos teniendo en el último tiempo, vamos a tener dificultades de poder impulsar el crecimiento”, consideró. “Yo creo que ahí hay un nudo, se necesitaría poder encontrar un impulso al crecimiento que en este momento no está presente”, “un shock [de inversión] que modifique esta trayectoria de crecimiento de los últimos años, ya sea que provenga del sector público como privado”, acotó.
La economista del Cinve dijo que no puede determinar la razón por la cual los inversores privados no invierten tanto, teniendo en cuenta que es un país “con bajo riesgo”, “que da confianza” y con señales “positivas emitidas por las calificadoras”.
Todos los analistas coinciden en que el escenario internacional no ayuda. Rodríguez Collazo señaló que “especialmente desde que [Donald] Trump asumió la presidencia de Estados Unidos, se generó mucha inestabilidad en el plano internacional” y “se han establecido condiciones de mayor volatilidad”.
Cichevski apuntó que la tasa de interés en Estados Unidos, “después de una década en niveles históricamente bajos, en los últimos tres o cuatro años ha vuelto a subir, y la tasa de interés es clave porque es con la que contrasta cualquier inversor la rentabilidad de su proyecto”: si la tasa de interés es más alta, “a cualquier inversión un inversor le va a pedir una rentabilidad más alta para que le sea conveniente realizarla”.
Hay factores internos también, algunos estructurales y otros coyunturales, que explican el bajo crecimiento según los analistas. Para Cichevski, los bajos niveles de inversión privada se explican por el hecho de que “el sector privado entiende que no hay proyectos de inversión lo suficientemente rentables como para invertir”, principalmente debido a que “hay tarifas de combustibles y de energía que son caras” y a que “hay una carga tributaria que en la comparación internacional no es excesivamente alta, pero en la realidad, para que se logren inversiones, hay que buscar mecanismos de promoción de inversiones que implican una reducción de esa carga tributaria”. “La tasa general del IRAE [impuesto a las rentas de las actividades económicas], por ejemplo, es del 25%. Con esas tasas y sin otorgar beneficios tributarios, no hay inversión, y si no hay inversión, no hay empleo eventualmente y no se crean los puestos de trabajo asociados a esas inversiones”, valoró.
Iturralde consideró que el crecimiento es bajo “por tres razones”. En primer lugar, por una razón “estructural”: porque en la medida en que el país se encarece y hay costos más altos y salarios más altos, y suben los costos de la infraestructura, de la tierra y otros, “para seguir creciendo cuando vos sos más costoso, tenés que ser más productivo”. “Y la verdad es que no hemos hecho la agenda de reformas pro competitividad y pro productividad con la ambición que requiere” para “seguir creciendo como crecen los países que ya son ricos, que es con altos estándares de capital humano, de logística, de infraestructura”. “Entonces estamos de alguna forma en una especie de trampa del ingreso medio, estamos caros sin ser aún lo suficientemente productivos”, estimó Iturralde.
Agregó que luego “se mechan algunas cosas coyunturales”, como los precios de las materias primas, que están afectando a algunos productos agrícolas, mientras suben los precios de insumos que Uruguay importa, como los minerales y los combustibles. También incluyó entre los factores coyunturales lo que consideró como “algunas señales contradictorias” que está dando el gobierno o el partido de gobierno, y que los inversores “están percibiendo”. En particular, el anuncio relacionado con el cambio en la gestión de las AFAP como resultado del Diálogo Social, la propuesta para notificar con antelación los despidos o la iniciativa de gravar con el 1% al 1% más rico de la población.
“La reacción a lo que fue la propuesta de reforma de las AFAP creo que es lo más claro. Cuando se anuncia eso, uno ve por primera vez desde que yo tengo memoria advertencias muy nítidas de un fondo argentino y de un fondo americano de 'ojo con esto que están haciendo en Uruguay, hay que esperar'”, apuntó Iturralde, si bien acotó que luego el tema “no pasó a mayores” y opinó que “con las horas y con el diálogo que el ministro tuvo con varios actores del sistema financiero, parecería que se va a desarmar bastante de lo que se había anunciado en las primeras horas como conclusión del Diálogo Social”.
Iturralde dijo que percibe “cierta contradicción entre la agenda del Ministerio de Economía, que está esencialmente bien orientada hacia lo que el Uruguay necesitaría”, aunque “no tiene la profundidad que a uno le gustaría”, y por otro lado, “cosas que salen de otras partes del gobierno, del partido de gobierno, que van en dirección opuesta” y que contribuyen “a un ruido que no ayuda a la cosa”. Cichevski señaló, en tanto, que la decisión de incorporar una causal de retiro anticipada, también surgida del diálogo social, “no es una señal bien direccionada y obviamente responde a una tensión entre diferentes objetivos a la interna del gobierno”.
El déficit fiscal y el gasto estatal de cara a la Rendición de Cuentas
Rodríguez Collazo destacó que el gobierno cumplió con las metas fiscales en 2025 en términos de resultado fiscal estructural y tope de endeudamiento. No cumplió con el tope de crecimiento del gasto, pero se trata de una disposición que venía del gobierno anterior y que el actual eliminó. La economista agregó que en los primeros meses de 2026, hasta abril, “el déficit efectivo no se ha apartado de lo que fue planificado en ocasión del presupuesto para este año”. Rodríguez Collazo integra el Consejo Fiscal Autónomo; su designación será parte de los temas de la interpelación, ya que fue cuestionada por la oposición, que entiende que es una “militante” del Frente Amplio. La economista prefirió no hacer declaraciones a la diaria sobre estas críticas.
Los economistas consultados coinciden en que la definición que tomó el gobierno de utilizar como supuestos para el cumplimiento de las metas fiscales la recaudación de entre 350 y 500 millones de dólares por el impuesto mínimo global y el crecimiento de la recaudación por vía de una mayor eficiencia de la Dirección General Impositiva es una estrategia que “tiene ciertos riesgos”. “Primero, que la nueva recaudación está sujeta a incertidumbre”, porque “uno no puede saber exactamente cuál va a ser el nivel de negocios y cuál va a ser la recaudación efectivamente que uno va a obtener por ese mecanismo”, y también “requiere de cierto nivel de crecimiento”, indicó Cichevski. Rodríguez Collazo coincidió en que esta situación implica “un riesgo latente”, porque si los supuestos del gobierno no se concretan, entonces “estaría en dificultades para cumplir esa pauta de ajuste que se estableció”.
Por otra parte, Iturralde señaló que la experiencia internacional “muestra que muchas veces” se termina “sobreestimando lo que efectivamente se recauda” con impuestos como el mínimo global. El economista del CED calificó la situación fiscal como “frágil”, aunque “no dramática”.
“Claramente, la situación fiscal no es que haya mejorado, sino que se estaría evitando un deterioro que es relevante de cara a lo que resta del mandato”, evaluó por su parte Cichevski.
Los analistas difieren en su valoración sobre la actitud que debería adoptar el gobierno en materia de gasto. Para Cichevski, en materia de eficiencia del gasto “siempre hay espacio para mejorar”, pero lamentó que en esta materia, muchas veces “la realidad es que en la sociedad se presta para que la discusión no esté muy basada en argumentos técnicos y sea muy fácil utilizar políticamente argumentos para mantener el statu quo”. Opinó que es importante el control del gasto y el hecho de que la Rendición de Cuentas “no suponga incrementos adicionales”. Valoró que “una cosa es que, por el menor crecimiento económico, por ejemplo, o por temas vinculados al conflicto en Irán, el déficit se deteriore una o dos décimas” y “otra cosa es que el deterioro sea de cinco o seis décimas”.
Rodríguez Collazo consideró que es “importante que el gobierno pueda cumplir con los compromisos” que asumió con la ciudadanía, pero al mismo tiempo es necesario “mejorar la situación fiscal”, por lo que los nuevos gastos deberían financiarse atendiendo esta situación.
Para Iturralde, “lo oportuno y lo prudente sería aplicar algún tipo de corrección fiscal lo más inmediata”, y en particular, propuso topear el gasto. “Nos parece que no va a alcanzar con una rendición de gasto cero, sino que el nuevo contexto para caminar sobre seguro requería algo más ambicioso en materia de reducción de gasto”, consideró.
Para Rodríguez Collazo, en cambio, “la evidencia en el período anterior demostró” que la estrategia de topear el gasto “no dio los resultados esperados” y que “no es una recomendación adecuada”.
Oddone afirmó durante su exposición en un almuerzo de ADM el 14 de mayo que el gobierno logró cumplir con las metas fiscales porque “hubo una gestión proactiva del gasto para acompasar el gasto con la evolución de la recaudación; no se hizo haciendo motosierras ni haciendo un aspaviento sobre la gestión del gasto público”. Unas semanas antes, el 23 de abril, había dicho en entrevista con En perspectiva que para bajar el gasto en 2025 el gobierno hizo “un trabajo quirúrgico de seguimiento cotidiano de gastos relevantes y no relevantes” con todos los ministerios. El ministro cuestionó el “enfoque motosierra del gasto público”: “Los topes del gasto son muy efectistas y después no se sostienen en el tiempo; es un enfoque excesivamente simple de personas que no conocen adecuadamente la realidad de la gestión de gobierno”, dijo en aquella instancia.
Consultado sobre estas afirmaciones, Iturralde respondió que, “si uno se pone en el deber ser, sería mucho mejor no aplicar un topeo del gasto y hacer una reingeniería global ministerio por ministerio, evaluar la efectividad del gasto en cada área donde se puede recortar”. “Lo que pasa acá es que claramente el responsable de la política económica, el ministro de Economía, no tiene toda la información de la efectividad del gasto en cada área”, y cuando topea, “de alguna forma les traslada el problema a los ordenadores del gasto”, indicó. Consideró que “uno de los problemas que tiene el ciclo presupuestal en Uruguay es que los distintos jerarcas tienen incentivos distintos”, y mientras el de Oddone es “controlar” el déficit, los otros ministros tienen incentivos a “hacer más” (y a gastar más). Añadió que los topes de gasto “han funcionado en muchas épocas”, y si bien “no es la herramienta óptima” ni la “solución de fondo al problema presupuestal del Uruguay”, sí es “una solución de corto plazo que puede alejar algunos fantasmas”, como que eventualmente la situación internacional se siga deteriorando, por ejemplo. En un escenario así, “la capacidad de reacción con cuentas públicas más desordenadas es mucho más limitada”, advirtió el economista del CED.
El camino de la microeconomía
En la exposición de motivos del proyecto de ley sobre competitividad que el Poder Ejecutivo envió al Parlamento el jueves, se señala que la estabilidad macroeconómica es “una condición necesaria para el crecimiento económico sostenible”, pero “no constituye por sí sola una condición suficiente para mejorar la competitividad de la economía ni para elevar el bienestar de la población”. “Una vez alcanzados niveles más reducidos y estables de inflación, los desafíos del crecimiento y desarrollo económico se trasladan crecientemente al ámbito microeconómico. La productividad, la calidad regulatoria, la eficiencia de los procedimientos administrativos, la intensidad de la competencia en los mercados, la capacidad de innovación y la mejora de los instrumentos de captación de ahorro nacional para actividades productivas pasan a desempeñar un papel central en la determinación de los costos de producción, la capacidad exportadora de las empresas y el nivel de vida de los ciudadanos”, se sostiene en el texto. En esta línea está enmarcado el proyecto que apuesta por mejorar la competitividad del país, y que los analistas consultados ven con buenos ojos. Cichevski lo calificó como “sumamente positivo” e Iturralde evaluó que “es la agenda correcta”.
