Nacional
Sin orden bajo el puente
Un puente siempre trae una sensación de alivio. Elevarse aunque sea diez o veinte metros sobre el nivel de esta ciudad plana, expande la mirada y por lo tanto, el espíritu. Ahora atravieso el Viaducto en una línea de las decenas de ómnibus que lo transitan y tengo esa sensación de desprendimiento durante 20 segundos. Los vuelos en esta ciudad duran poco y ya en la primera parada después del puente, todo se vuelve tan real como la mismísima locura de compra y venta chirriante.