Nacional
El “giro a la izquierda de América Latina” ya tiene más de una década. Al principio, por lo menos para los que conservábamos algo de ingenuidad, fue un acontecimiento pensable como una primavera de los movimientos sociales. Bolivia, Ecuador y Venezuela reescribieron su Constitución, Uruguay cambió totalmente su régimen de relaciones laborales, Argentina juzgó represores y quebró multimedios, sólo por dar algunos ejemplos. Nuevos sujetos emergieron, batallas que antes no se podían plantear parecieron ganables y los gobiernos se felicitaron una y otra vez por los éxitos económicos, ayudados por los precios históricamente altos de las materias primas exportadas por los países de la región.