Los pronósticos de lluvia para el domingo obligaron a reprogramar el festival en un solo día. Más allá del apuro y el nerviosismo por solucionar cada detalle en un tiempo más acotado, esa circunstancia no impidió que el Gigantes Festival fuera todo un éxito durante la soleada jornada sabatina, desde las 10.00 a las 18.00. El entorno del remozado parque Villa Dolores fue un espacio ideal para albergar las diversas y numerosas actividades.
Entre niños y padres, se anotaron para participar alrededor de 9.000 personas –aproximadamente 60% de niñas y niños– y el promedio de edad infantil fue de 7 años, pero participaron en buen número desde bebés hasta adolescentes. Las actividades abarcaron un rango amplio de edades, desde el espacio para primera infancia que llevó adelante la Universidad Católica hasta diversos talleres que cubrían distintos intereses.
Ya sin animales en cautiverio, el otrora zoológico sigue siendo un pulmón verde en la ciudad y mantiene la caminería y los detalles ornamentales de antaño, decorado para la ocasión con banderines y cartelería con la estética de Gigantes. La amplitud del lugar posibilitaba organizar la grilla de actividades con espacio suficiente para el disfrute en cada locación. Hubo talleres, charlas, ilustración, estampado en serigrafía y lugares especiales para la práctica de deportes como patín, basketball, taekwondo, tiro con arco y bochas, que contó con el apoyo del Comité Olímpico y de las federaciones respectivas.
Una hipopotamera transformada en anfiteatro
Hacia los fondos del predio, hace años, una pequeña piscina de cemento albergaba a los hipopótamos. El espacio circular se rodeaba de una escalera que los animales usaban para entrar y salir del agua. La forma del lugar y el tamaño de los escalones permitieron convertirla, imaginación mediante, en un anfiteatro que contó además con un entorno verde donde podía congregarse el público frente al escenario (dejando el espacio de escaleras/gradas para que las niñas y niños disfrutaran de los espectáculos desde más cerca).
El primero en presentarse fue la obra Foto viaje, del Centro de Fotografía, en la que el actor Pablo Tate encarna a un fotógrafo de principios del siglo XX que invita a un viaje muy especial, en el que, a través de la magia de la fotografía, se pone la mirada en los cambios y permanencias en la ciudad, en un recorrido que apela a la diversión y el asombro.
Opa! Payasos, durante el Festival de Gigantes.
Foto: Inés Guimaraens
Luego Letu Ruibal brindó un espectáculo basado en la interacción con el público y la invitación a cantar y bailar. Uno de los puntos altos fue la canción “El papel”, que Ruibal interpreta con una hoja de diario que se va transformando en distintos objetos, en una oportuna comunión de sentidos con la materialidad de Gigantes en manos del público infantil. La actuación, a todo ritmo, incluyó en el final un popurrí de éxitos como “Tambor, tu canto” y “Las ranas y la siesta”, en clave resumida por infaltables.
Gigantes de la Lengua
En abril de 2021 salió el primer número de Gigantes. Ese mismo año, junto con Ceibal y la Cámara Uruguaya del Libro, se llevó a cabo la primera edición del concurso Gigantes de la Lengua, en el que se convocó a escolares a participar con una producción literaria o periodística. El año pasado, al celebrarse la quinta edición, se publicó un libro que compiló todas las producciones premiadas. El festival fue ocasión para presentar la antología, con lecturas de textos premiados a cargo de sus autores y de la narradora oral Niré Collazo. Además, se anunció la sexta edición del premio, cuyo lanzamiento se hará próximamente: niñas, niños y adolescentes de 3° a 9° podrán entregar sus trabajos desde el 26 de mayo al 29 de agosto.
Opa! Payasos se encargó del interludio en clave de clown. Con experiencia y ductilidad escénica, puso humor y mostró algunas habilidades circenses, invitando a las pequeñas y pequeños espectadores a participar e involucrarse en la propuesta, en la que la gestualidad y el humor ponían en cuestión la premisa de la presentadora, que prometía un espectáculo “salvaje” que suponía ser “valientes” para ejecutar números casi imposibles.
En el cierre, Ruperto Rocanrol, muy esperado, compartió canciones de su amplio repertorio, sin omitir las más conocidas y reclamadas, como “Canción del dragón” o “Balada de una vaca que hacía caca”. El público, agradecido, cantó, bailó y peludeó a piacere para finalizar una tarde inolvidable que incluyó un anuncio: en las vacaciones de julio los Berocay se presentarán en el teatro Solís.
En los alrededores, las familias improvisaban pícnics en el pasto y disfrutaban de la exhibición de pompas de jabón que tenía lugar en un camino lateral. O pasaban de acá para allá, rumbo al espacio de talleres, de deportes, de serigrafía y el largo etcétera que incluyó la programación.
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