Es alto, alto, tiene una cabeza y viste de rojo y blanco. “¿Me puedo sacar una foto contigo?” pregunta una voz desde abajo. El hombre en zancos, sin dudarlo, responde que claro que sí. ¿Cómo decirle que no? Esta tarde en el parque Villa Dolores parece dirigida por las infancias.

Es un día de esos que podría definirse de manera “espectacular”. Hay sol, no hay humedad, el parque es un mundo verde entre una ciudad un poco ruidosa, porque la multitud que se quedó por la capital no puede no salir a disfrutarla. Entonces abundan autos y gente caminando y gente tomando mate y gente y gente. Pero allí, dentro del parque, la multitud es de pequeños gigantes.

Después del mediodía los picnics parecen moneda corriente y se transforman en una imagen que cobra distintas formas dependiendo de los protagonistas. Aquellas que incorporan el mantel, demuestran que hay personas precavidas que tomaron los recaudos necesarios para pasar el resto del día por ahí.

La tarde invitaba a jugar, y –¿por qué no?– también a permitirse aprender algo nuevo. Dentro de la propuesta de talleres que ofreció el Gigantes Festival hubo muchos vinculados al arte: un taller de dibujo por Maco, taller lúdico de escritura y dibujo creativos a cargo de Matías Castro, otro de ilustración con Dani Scharf, un espacio de serigrafía a cargo de Carolina Buffa, espacio para manualidades y maquillaje artístico por Infantozzi y talleres con fotografías de archivo del Centro de Fotografía de Montevideo (CDF).

Nuestra propia contratapa de Gigantes

Dani saluda, dice buenas tardes. El público –en su mayoría– es un grupo de niños, que oscilan entre los 3 y 11 años, sentados bajo un toldo blanco que los resguarda del sol caliente de la tarde. Dani es Dani Scharf, ilustrador y artista visual que publica en Gigantes y que, durante la tarde del festival, por su quinto aniversario, brindó un taller de ilustración bajo el nombre “Sucesos increíbles de contratapa”.

Scharf hace una primera propuesta, invita a los y las niñas que lo escuchan atentamente a dibujar cosas, personas, lo que se les ocurra que los haga felices, y como “una cosa se complementa con otra”, también los invita a dibujar el opuesto, imágenes de cosas que les generen tristeza.

La ilusión y las respuestas empiezan a aparecer en los rostros y muchos de los escuchas abandonan sus lugares para adelantarse a dibujar en un papel blanco, vacío y gigante que hay en la mesa desde donde Scharf les habla. Eligen sus marcadores preferidos, sus colores preferidos y empieza la acción. ¿Algo los detiene? Tal vez –solo por un rato– alguna pregunta de los adultos, que esperan una respuesta un poco más cuerda a todo lo que dibujan.

Una niña dice que los arcoíris la hacen feliz y que su color favorito es el naranja. Otro niño dice que le causa felicidad “estar aburrido”. Otra dice que la pone feliz “el carnaval”. Mientras, los dibujos van tomando forma, algunos con más color que otros, pero todos mezclados en el papel compartido.

Foto del artículo 'Una tarde entre ilustraciones, fanzines y serigrafía'

Foto: Inés Guimaraens

Más tarde, la propuesta que se extendió durante una hora y media los invitó a dibujar su propia contratapa de Gigantes y aparecieron todo tipo de dibujos relacionados al “día internacional de la felicidad”.

En diálogo con la diaria, Scharf contó que sus ilustraciones en el periódico se basan en efemérides y que casi siempre intenta que resulten “bizarras” o bastante “épicas”, como por ejemplo una que recuerda sobre el “día internacional de la camiseta arrugada”. A su vez, contó que su trabajo en Gigantes está inspirado en cosas que le gustaría haber leído cuando él era chico y destacó como algo “genial” el hecho de que el diario llegue a nombre de cada niño que lo recibe en su propia casa.

Por último, la idea de las creaciones generadas en el taller será exponerlas más adelante en parte del parque Villa Dolores, contó.

Fanzines diseñados con fotos de archivo de Montevideo

Además de las ilustraciones, otro de los talleres de arte que formaron parte del festival fue brindado y diseñado por el CDF y estuvo a cargo de Noel Gamarra, fotógrafa y artista visual. En este espacio la manualidad fue totalmente necesaria y, según contó Gamarra, del taller participaron niños, pero también adultos y adolescentes, que no pudieron resistir la invitación silenciosa que provoca el hecho de solo estar mirando hacer a otros.

Según contó la artista visual a la diaria, este taller de fanzine consistió en trabajar con fotografías que ilustran distintos momentos históricos y lugares de la ciudad de Montevideo. “Trajimos un montón de fotos del archivo de la ciudad de Montevideo, que custodia el Centro de Fotografía, y que está disponible a consumo público en su página web. Entonces esta actividad lo que proponía era justamente poder trabajar con esas imágenes, intervenirlas”.

Un fanzine, para quienes se están preguntando por sus características, se acerca a la idea de una pequeña revista hecha de forma artesanal y representa ideas, conceptos o intereses que el propio creador quiera plasmar allí. En muchos fanzines el collage se transforma en una técnica clave para su estética. Gamarra contó que además de utilizar las fotografías también se optó por recorte de revistas para incluir palabras en los diseños, que permitieran a los participantes del taller crear sus propias historias.

También se jugó con formatos editoriales plegables. La idea principal fue “expandir y apropiarse de las imágenes desde un lado creativo”. A su vez, las imágenes utilizadas incluyeron la donación del trabajo de algunos fotógrafos como Jorge Ameal y Dora de Zucker.

Foto del artículo 'Una tarde entre ilustraciones, fanzines y serigrafía'

Foto: Inés Guimaraens

Las temáticas de las imágenes con las que se trabajó eran variadas. Ilustraban desde las playas de Montevideo, el carnaval, el primer mundial de fútbol, plazas del centro de la capital del país y también fotografías que revelaban cómo fue Villa Dolores antes de convertirse en todo lo que es. El histórico predio, antes de ser zoológico municipal y de albergar el planetario de la ciudad, fue terreno de Dolores Pereira de Rossell y Alejo Rossell y Rius, un matrimonio que utilizó el espacio como lugar para descansar, pero que más tarde, incorporaría una variada colección de animales exóticos. Luego de su muerte, donaron el lugar al –aquel entonces– Municipio de Montevideo.

La serigrafía: “Una técnica de impresión histórica”

Muchos esperan al borde de una mesa mientras hacen una fila larga. La tarde llegó y la jornada se va acercando a su fin, aunque eso no impidió que continúen arrimándose al parque. Carolina Buffa es quien estuvo a cargo del espacio de serigrafía junto a Mariana dos Santos. Allí, la idea giró en torno a dejar un recuerdo de esa tarde marcado para siempre.

Buffa contó que la idea del espacio se trató de que “todo el público que viniera trajera algo para estampar y llevarse de recuerdo algo del festival hecho en serigrafía”. Además, contó que la serigrafía se trata de “una técnica de impresión histórica, que es muy lúdica y con la que se pueden hacer un montón de cosas lindas y creativas”. También comentó que durante la jornada tuvieron gran cantidad de público que se acercó con la intención de llevarse una estampa en remeras, buzos y hasta bolsos.

Para los más impacientes de la fila, mientras las estampas serigráficas iban tomando forma, podían aprovechar el tiempo dibujando en una mesa junto al stand.

Buffa también mencionó que el material utilizado en el festival fue un ejemplo de herramientas “más industrial”, pero ella se dedica a fabricar pequeños kits para hacer serigrafía y poder trabajar con la técnica en las casas.

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