Adriana Do Reis es la primera en llegar al Café la diaria. Pasó su mañana en ensayos de la obra Eventos adversos (domingos a las 18.00 en La Cretina) y no disimula sus nervios ante el inminente reestreno.

“Es un texto de Lucía García que aborda el sistema de salud y todos los eventos adversos que se dan cuando vos atravesás una enfermedad y tenés que recurrir a la medicina. Es una denuncia”, cuenta la actriz, productora teatral y consejera de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA).

Un rato después, la actriz de la Comedia Nacional e integrante de su consejo artístico Lucía Sommer se une a la charla luego de terminar sus horas de clase de la jornada como docente en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu (EMAD).

Do Reis lleva más de 40 años sobre las tablas. De sus comienzos recuerda cuando producía obras sin ningún tipo de sostén económico. “No nos importaba si podíamos generar un ingreso o no como trabajadores. Si teníamos una obra en la que tomábamos mate, nos íbamos a una casa que vendiera yerba, nos daba unos paquetes, los revendíamos y con eso producíamos. También me acuerdo de que en esa época todos los actores teníamos otro trabajo, nadie vivía del teatro”, remarca. “Y seguíamos adelante, a pesar de que sabíamos que ibamos a perder plata”.

En su caso, la dedicación actoral fue vocacional: “Sabés que siempre querés hacer esto, por más que antes hayas estudiado otras carreras, o que tengas que trabajar durante toda tu vida en otras cosas”. Entre sus muchas labores paralelas a la actuación, alguna vez vendió chirimbolos para los árboles de Navidad, trabajó en un supermercado y fue gerenta de una empresa automotriz.

No hace tanto, dice, las cosas comenzaron a cambiar: “Imaginate que los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura cumplen 20 años, y empezaron con los gobiernos del Frente, y ahí se dio un vuelco”, apunta. “Quieras o no, saber que podés competir por un fondo es un incentivo para los que emprenden el teatro independiente”, reflexiona, y en el mismo sentido menciona el programa de Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo, que comenzó en 2012.

Desde hace cuatro años, Do Reis se dedica exclusivamente a la actuación, y se declara “en la gloria”, aunque valora con singularidad “el combo” que supone emprender la producción teatral y la actuación desde cero. “Vos pasabas por todas las tareas, porque, en algún momento, tuviste que limpiar la sala, hacer la boletería, antes de cambiarte para salir a actuar”, dice. “Después de pasar por esa experiencia, cuando tenés la suerte de llegar a una sala en la que todo eso está solucionado, lo agradecés muchísimo”.

Asimismo, se acostumbró a faltar o irse temprano de cumpleaños y reuniones familiares, y a los fines de semana rara vez libres, dedicados a sus noches de teatro.

Funciones no tan continuadas, otras salas, mismo teatro

Hubo una época, relata Do Reis, en la que una obra podía estar todo el año –o muchos más– en cartel, en la misma sala, si le iba bien con la taquilla. “Ahora las temporadas son diferentes”, explica. “De repente ensayás dos, tres, seis meses, y tenés ochos funciones porque la sala tiene agendada otra obra después de la tuya. Aunque vendas entradas, es muy difícil hacer una temporada completa porque las salas están colmadas de actividades”, señala la actriz, y pone el asunto en perspectiva: “Antes el problema era que no iba mucha gente al teatro. Ahora hay que adaptarse a esta nueva modalidad. No digo que sea lo ideal, para nada, pero son las reglas de juego, del mercado de hoy”, afirma Do Reis, y reconoce que hablar de mercado o producto siempre ha sido un problema en el mundo teatral local.

“Acá la oferta y la demanda también corre muchísimo”, remarca. “Por eso, cuando tenés una función, estás difundiendo en la prensa a troche y moche para que la gente vaya y te elija a vos entre las 60 propuestas que hay en el mercado”.

Sommer pide un café cargado y se sienta a la mesa. “La inversión de tiempo y trabajo que hacés resulta incalculabe”, coincide con su colega. “Lo que pasa es que te gana la vocación, porque por ahí pasaste todo un año invirtiendo en los ensayos, y estás con suerte, siete funciones de corrido con tu obra”.

En su caso, al tiempo que valora positivamente la estabilidad económica que le brinda su condición de integrante de la Comedia Nacional, tiene presente su experiencia previa al ingreso del elenco municipal: “Me dedicaba a la actuación, pero vivía muy precariamente, y hacía de todo”, relata. “En verano era: ‘cómo estiro los pesos que gané durante el invierno’, porque decía ‘no tengo vacaciones, tengo desocupación’”.

Según Sommer, si bien algunas cosas han cambiado para las actrices y los actores en Uruguay, otras siguen igual. “Un alumno me contó que le regalaron un cheque de una tarjeta de crédito y lo gastó todo en alimentos”, ejemplifica. “Entonces, si bien hay fuentes de trabajo en el teatro y tenés el bachillerato artístico en educación secundaria, para actuar siguen existiendo los mismos problemas que siempre y la mayoría de los actores no pueden vivir de la profesión”, subraya.

“La situación es complicada para muchísimos colegas que no tienen un ingreso fijo por mes y conviven con esa inestabilidad”, sigue Do Reis. “Mucha gente aprieta su presupuesto y se banca un montón de cosas para poder actuar, pero eso no es vivir mejor”, estima Sommer.

Do Reis pone sobre la mesa la Ley 19.821 de Promoción del Desarrollo del Teatro Independiente, promulgada en setiembre de 2019 y en cuya reglamentación trabaja una comisión honoraria para su aplicación.

“Quizás esta ley pueda ayudar un poco a mejorar la situación”, dice. “No teníamos nada y ahora tenemos esto, ¿no? Lo del vaso medio lleno o medio vacío”, sugiere.

Actualmente, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social cuenta con un registro de artistas que reconoce a los actores como trabajadores. “Lo que podemos lograr con esta ley”, explica Do Reis, “es avanzar en la profesionalización de la actuación, porque vas a ser un trabajador con todos tus derechos y obligaciones”. La ley contempla a actrices y actores y a los trabajadores de los oficios conexos del teatro.

En el camino del vaso lleno, Sommer agrega: “De la misma forma como tenemos una cantidad de chicos futbolistas, hay muchísimos jóvenes estudiando actuación. Egresan generaciones de 20 actores muy talentosos todos los años, y te estoy hablando solo de la EMAD, pero lo mismo pasa en las muchas escuelas de actuación que existen”, dice, aunque remarca las dificultades de su salida laboral.

El público que acompaña

“Hay gente para todos los gustos, porque además hay todo tipo de propuesta teatrales”, pondera Do Reis sobre el presente de la oferta y demanda del teatro uruguayo.

“Con fines comerciales, o de forma amateur, hay gente que se junta para hacer obras todo el tiempo, y eso quiere decir que, sea como sea, hay un público que va a ver esas obras”, agrega Sommer.

Ambas actrices coinciden que de un tiempo a esta parte el perfil de los concurrentes a las salas uruguayas ha ido cambiando, a favor de un aumento de los espectadores más jóvenes. “Apareció mucha gente que está estudiando teatro, y creo que eso generó un cambio”, cuenta Sommer, que en este sentido les da crédito a dramaturgos como Santiago Sanguinetti y Gabriel Calderón, “que ya no son tan jóvenes”, y otra gente más nueva “que generó una movida interesante y acercó a un nuevo público al teatro”.

De todos modos, las dos coinciden en que el porcentaje más importante de concurrencia teatral se lo sigue llevando la clase media uruguaya: “Va a sonar horrible, pero hablo de profesores, gente que tiene algún interés por la lectura y que está involucrada en alguna movida intelectual, no especialmente pudiente”, dice Sommer.

Participación y una amenaza latente

Para Do Reis, la creación y aplicación de la Ley de Promoción de Desarrollo del Teatro Independiente son fundamentales para entender dificuldades y mejoras del teatro uruguayo. Según relata, “se trabajó durante muchísimos años para este logro, por eso se celebra tanto que haya salido”, dice.

Ante la pregunta sobre la actividad gremial de los actores, responde: “Recontra cuesta. No hay prácticamente, o hay muy poca. La gente aparece cuando se termina un período (de las autoridades de SUA) y hay que hacer elecciones”.

La actriz relata el esfuerzo que implica formar una lista de representantes y hacer el seguimiento de los temas del día a día de los trabajadores del sector. “Al final somos los mismos de siempre, y hay que pedirle a la gente por favor que participe”, plantea.

Sommer atribuye esta realidad en su rubro al triunfo del individualismo, impulsado desde un sistema capitalista neoliberal. “El concepto de lo sindical, de que todos estamos luchando por algo y que yo me sacrifico por el bien común, para mí no existe más”, se lamenta. “Si hay paro, cada quien piensa si le conviene faltar. En mi caso (agremiada a Adeom), si paran los compañeros recolectores de la basura, hay gente que dice ‘nosotros no tenemos nada que ver’. Y así es muy difícil mantener la actividad sindical”, sostiene Sommer.

Por último, Dos Reis, entre los temas más urgentes de los trabajadores vinculados a la actuación, pone en relieve el avance indiscriminado de la inteligencia artificial. “Me parece muy preocupante. Por ejemplo, que el gobierno haga un spot con inteligencia artificial es algo que no se puede tolerar, y se lo hemos hecho saber al ministro (de Educación y Cultura, José Carlos Mahía), con quien tenemos un diálogo espectacular, pero es extrañísimo que no nos convoque”, señala.

“Ahí el mayor peligro está en todo lo que abarca el audiovisual”, acota Sommer. “Te ponés a ver un video en Instagram y decís: ‘A ver, qué lindo’, y eso pasa cada vez más seguido”, dimensiona la actriz, mientras su colega advierte el antecedente de la huelga de actores en Estados Unidos –de julio a noviembre de 2023–, provocada por los mismos motivos.

“Igual que como les pasa a los músicos, el día en que se decida que va a existir una renta universal, nadie va a tener la obligación de trabajar por un sustento económico y todo lo van a hacer los robots. Los actores, como en la Antigua Grecia, nos vamos a seguir juntando para hacer cosas, porque esa es nuestra vocación”, concluye Sommer.