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Ciencia Comunidad científica
Gonzalo Moratorio (archivo, mayo de 2022). · Foto: Alessandro Maradei

Gonzalo Moratorio (archivo, mayo de 2022).

Foto: Alessandro Maradei

La ciencia de luto: falleció Gonzalo Moratorio

Moratorio, protagonista de la respuesta científica a la covid-19 e investigador de formas novedosas de combatir el cáncer, luchaba desde 2025 contra un agresivo tumor cerebral.

El 13 de junio de 2025 fue un día triste. En la red X, el investigador Gonzalo Moratorio, de la Universidad de la República y del Institut Pasteur de Montevideo, anunciaba que había sido diagnosticado con un “tipo de tumor cerebral muy agresivo” y que había perdido “parte de la capacidad motora y sensitiva del lado derecho” de su cuerpo.

Lejos de bajar los brazos, luchó con todas sus fuerzas sin perder su sonrisa distintiva, ya fuera recurriendo a tratamientos en el extranjero –a los que accedió gracias al apoyo solidario de la gente, que entre otras campañas se unió en una que tuvo como consigna “A Gonzalo le debemos una”– o luchando en la Justicia por el acceso a un fármaco de alto costo que el Fondo Nacional de Recursos le había negado.

El tumor cerebral lo tomó en un momento particular de su vida: estaba esperando la llegada de su primera hija y, junto con Pilar Moreno, su compañera en la dupla científica que durante la pandemia lideró todo el proceso de generar un kit de diagnóstico local y de ponerlo en funcionamiento a nivel país, venían dando pasos agigantados con la startup Guska, que se proponía “desarrollar nuevas alternativas terapéuticas” para combatir el cáncer con base en el potencial para matar células que tienen los virus.

De hecho, la primera nota que le realizamos a Gonzalo Moratorio, cuando aún estaba radicado en Francia y soñaba con volver a nuestro país, la habíamos titulado “El hombre que hacía aikido con los virus”, ya que le fascinaba la idea de utilizar algunas de las propias herramientas nocivas de los virus en nuestro beneficio.

Este 5 de noviembre se confirmó el fallecimiento de Gonzalo Moratorio. La ciencia celeste pierde a un gran investigador. El país pierde a alguien que dio todo por los demás y por sí mismo hasta el último día. Quienes lo conocieron pierden a un tipo intensamente entrañable. Pero las palabras no alcanzan. La tristeza es grande, tanto como el vacío que Gonzalo nos deja.

Despedida de sus compañeras y compañeros

“A sus 44 años deja una huella enorme en la ciencia uruguaya y en todas las personas que tuvimos el privilegio de trabajar con él”, comienza diciendo un breve y sentido comunicado posteado en las redes por el Institut Pasteur de Montevideo. “Gonzalo fue un investigador con una enorme entrega y compromiso con la ciencia, pero también con la convicción de que el conocimiento debía llegar a la sociedad para contribuir a mejorar la vida de las personas”, destacan luego.

“Su trayectoria estuvo marcada por la innovación, la vocación científica y el compromiso con el país. Pero, sobre todo, quienes compartimos el día a día con él recordamos su calidad humana, su entusiasmo, su enorme capacidad para impulsar ideas y su apoyo a las futuras generaciones de científicos y científicas. Hoy despedimos a un gran compañero”, finalizan, saludando a su familia y amigos “en este momento de profundo dolor”.

Despedida país

El velorio de Gonzalo tuvo lugar en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Palacio Legislativo. Desde temprano, la familia estuvo rodeada de allegados conmovidos y recibió constantemente el abrazo de científicas y científicos.

Muchos de los presentes eran colegas en esa aventura fascinante de crear conocimiento nuevo, como Pilar Moreno, su compinche en la odisea de kits de diagnóstico para la covid-19 o en la startup Guska. Algunos habían sido sus docentes, como el también virólogo Juan Cristina, y una buena cantidad, sus alumnos y alumnas. Porque sí, en sus 44 años de vida Gonzalo recibió la llama de la virología y ayudó a propagarla.

No es frecuente que un científico sea despedido en el Palacio Legislativo. Tampoco que un docente tenga que despedir a uno de sus alumnos. Contra esto último se rebelaba Gonzalo remangándose la túnica en el laboratorio.

Sin duda, Gonzalo brillaba por méritos propios. Pero había algo en lo que no era distinto al resto de sus colegas: el compromiso con la sociedad que lo catapultó a la sobreexposición pública durante la pandemia no es una excepcionalidad, sino casi la regla entre quienes hacen ciencia desde este rincón del globo. Su partida no deja una ciencia más egoísta, o alejada de la gente, o sin sacrificios por el otro. No es esa la tristeza ni la desazón ni la impotencia que flota entre quienes se acercaron a despedirlo. Por el contrario, el merecido homenaje en la sede del Legislativo, como ya pasó en la pandemia, renueva la esperanza de que esta vez sí el gesto se traduzca en un genuino apoyo y espaldarazo a la ciencia.