Se puede confiar en los horneros (Furnarius rufus). Apreciar fauna silvestre, sobre todo nativa, es una aventura emocionante, pero incierta en la mayoría de los casos, porque los animales se dejan ver cuando quieren y donde quieren, ajenos a las expectativas de los humanos que disfrutan con su presencia.

Sin embargo, uno siempre puede contar con que los horneros alegrarán el paseo. Ya sea en el campo o la ciudad, seguramente estarán allí a cada rato, dejando escuchar sus vocalizaciones estridentes y mostrando sus dotes arquitectónicos sobre las columnas, árboles, techos y hasta los vanos de las ventanas, como si quisieran que los humanos tuvieran una vista privilegiada a su vida de hogar. Es justamente esta capacidad constructora la que les ha permitido conquistar espacios vedados a otras aves y estar tan presentes en las urbanizaciones.

A veces, incluso, los horneros buscan directamente a los científicos, como cuando en 2021 construyeron un nido en una ventana del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable y protagonizaron de ese modo su propio reality show. Una cámara instalada por el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de esa institución permitió seguir el minuto a minuto de lo que ocurría dentro del nido. Como en Gran Hermano, hubo drama y expulsiones, porque los tordos colaron tres huevos en el nido.

Lo valioso no es solo la ubicuidad y la abundancia con que aparecen los horneros, sino la cantidad de conductas interesantes que permiten observar a tan poca distancia. Los horneros forman parejas que suelen durar toda su vida, buena ocasión para que el observador atento aprecie cómo macho y hembra se reparten las tareas del cuidado de pichones, la búsqueda de alimentos y la construcción de los nidos que tanta fama les han dado (además de brindarles su nombre común, por su parecido con nuestros hornos de barro).

Pero el hornero guarda aun algunos misterios, pese a que vivimos en estrecha cercanía con ellos. Descubrirlos es el gran motor que impulsa la búsqueda de los investigadores argentinos Lucía Mentesana y Nicolás Adreani, que hace ya varios años crearon Hornero, un proyecto que se apoya en la ciencia ciudadana para conocer más sobre esta ave.

Como los horneros, Lucía y Nicolás se sienten a gusto tanto en Argentina como en Uruguay. Gracias a sus colaboraciones con la bióloga local Bettina Tassino, se radicaron en los últimos años en Uruguay y hoy lideran el Laboratorio de Ornitología dentro de la sección Etología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, que Bettina dirige.

Su laboriosidad también los equipara con los horneros, porque tienen abiertas varias investigaciones sobre esta especie típica del Cono Sur, en las que participan otros investigadores uruguayos además de Bettina Tassino, como los estudiantes Noelle Rivas, Lucio Garreta y Victoria Morales.

En 2018, Lucía y Nicolás comenzaron una aventura que, con la ayuda de aficionados a la naturaleza de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia y Paraguay, les permitió comprender que la ubicación de la abertura de los nidos de los horneros no es casual. Ahora, apelando de nuevo a la curiosidad ciudadana, van por más.

El misterio de los horneros derechos

Los nidos de barro de los horneros son asimétricos. En algunos, la entrada está a la izquierda y la cámara de incubación de los pichones se ubica del otro lado. En otros, pasa exactamente al revés.

En su primera experiencia colaborativa desarrollaron una app que pudo recolectar las observaciones de más de 1.000 personas interesadas en la naturaleza, que aportaron conocimiento fundamental de 12.606 nidos para entender si esta asimetría era casual o no. ¿La respuesta que obtuvieron? No lo es.

La mayoría de los nidos de hornero tiene la entrada ubicada a la derecha, una tendencia que no se explica por factores ambientales (como temperatura, precipitaciones o altura del nido). Es posible que los horneros aprendan de otros horneros a hacer los nidos de esta manera o, muy probablemente, que estén incidiendo factores genéticos.

Pero hay mucho aún por indagar en la construcción de los nidos, motivo por el que el equipo inició un nuevo proyecto de investigación con aporte de ciencia ciudadana. En él, con la colaboración de dos de sus compatriotas, el biólogo Paulo Llambías y la antropóloga Lucía de Abrantes, buscan entender qué factores ambientales estimulan la construcción del nido y determinan su duración. “En particular, nos interesa evaluar si el disparador es la lluvia, la combinación de lluvia y época del año, o si influye principalmente la estacionalidad”, contestan Nicolás y Lucía. En otras palabras, buscan comprender la interacción entre la temporada reproductiva y la disponibilidad de recursos para construir el nido.

Estamos en el horno

Esto tiene interés por sí solo, para ampliar el conocimiento que tenemos de esta especie emblemática, pero también está relacionado con su conservación y con los cambios que está experimentando el planeta.

“El calentamiento global ya está modificando el mundo a nuestro alrededor, con más fenómenos extremos y cambios en momentos clave de la naturaleza, como la floración, las lluvias o el deshielo. Estos desajustes pueden poner en riesgo a muchas especies, así que seguir cómo cambian estos procesos con el tiempo es clave para entender mejor y anticipar los efectos de la crisis climática provocada por el ser humano. En el futuro, incluso especies como el hornero, y el análisis de momentos de su comportamiento como la construcción del nido, podrían convertirse en valiosos indicadores de estos cambios”, aclara Nicolás.

Además, el hornero provee involuntariamente nidos para especies que no pueden fabricarlos, que se convierten en “okupas” cuando ellos los abandonan tras una temporada de uso. Si algo dificulta su construcción, por ejemplo, sequías fuertes y largas, no solo los horneros se verían afectados, apunta Lucía.

Un ave modelo

El equipo de investigadores sospecha desde hace tiempo que el hornero puede ser, además de un gran compañero citadino, una excelente especie modelo para el estudio de las aves de nuestra región (rol que escasea en el sur). En 2024 publicaron un trabajo que recopila investigaciones recientes sobre el hornero y concluye que podría ser de gran ayuda para entender mejor los procesos biológicos de otras especies, que no son tan accesibles ni fáciles de observar como el protagonista de este artículo.

La temporada reproductiva de los horneros se extiende normalmente desde setiembre a diciembre, pero hoy no está del todo claro cuánto demoran los horneros en hacer sus nidos ni tampoco el momento en que lo comienzan, o, mejor dicho, qué influye en ambas cosas. Por ejemplo, un estudio hecho en Buenos Aires por el ornitólogo argentino Rosendo Fraga, hace 40 años, mostró que hay casos en que la construcción del nido puede durar varios meses, y que estos suelen iniciarse mucho antes de la temporada reproductiva. Los datos de Lucía y Nicolás también muestran que, cerca de la época reproductiva y con barro disponible, los horneros pueden construir el nido en unos diez a 15 días. ¿Qué determina entonces esta variación tan grande?

Resolver estas interrogantes dependerá, en muy buena parte, de los aportes de los atentos observadores de la región, algo en lo que lectores y lectoras de la diaria pueden participar. Para eso, los responsables del proyecto crearon una nueva app. Es hora de conocer Hornero 2.0.

App, una aventura de altura

Para participar en este proyecto tenés que bajar la app Hornero (en Android y próximamente en iOS) y tener el celular a mano cuando te topes con algún hornero en proceso de hacer su nido.

La mecánica es simple. Supongamos que estás paseando por la calle o descansando en tu jardín y ves un hornero llevando barro, o directamente encontrás un nido a medio hacer con barro fresco (si solo lo ves llevando barro, intentá ver dónde lo lleva). En ese momento abrís la app y pulsás donde dice “Cargar nido nuevo”.

La aplicación te hará entonces una serie de preguntas muy sencillas y con opción múltiple, como el estado de construcción del nido (hay dibujos de referencia para elegir), la actividad de construcción que has visto, si llovió recientemente y si hay una fuente de agua a menos de 50 metros del nido. Hay un instructivo muy sencillo que podés consultar en este enlace.

También deberás señalar la altura a la que está el nido, el contexto en el que se encuentra (en una ventana, sobre una columna, sobre un árbol) y podrás subir una foto. El aporte no termina allí, porque uno de los aspectos más interesantes del trabajo es hacer el seguimiento del nido (todos los que hayas reportado, y podés hacerlo con varios; se guardarán en la sección “Nidos en construcción”).

“Es un poco difícil determinar cuál es la frecuencia exacta con la que deberían observarse los nidos para actualizarlos en la app, porque a veces los horneros tardan meses en construirlos y en otras ocasiones unos pocos días. Creemos que, si las personas pudieran observar un mismo nido al menos una vez por semana, sería ideal”, cuentan Lucía y Nicolás.

Es posible que alguien encuentre un nido en construcción y luego no pueda seguir observándolo. Igual es importante subir la información, porque esos registros únicos también son muy valiosos para responder las preguntas planteadas.

Lo que sí es muy relevante es que la gente aporte información sobre nidos en proceso de construcción, más que nidos ya terminados o abandonados. “Ver barro fresco o incluso al hornero llevando barro a su nido es información adicional que pedimos porque nos permite chequear si ese nido está actualmente siendo construido o si es un nido que se comenzó a construir hace un tiempo y ahora está inactivo”, aclaran los investigadores. Si te pasa como a Fernando Cabrera, que en Los pájaros canta “ese hornero viene hacia aquí, no trae nada en su pico ni planes de construcción”, podés dejarlo pasar, porque no es tan importante para esta investigación.

Licencia de la construcción

Todos estos datos ciudadanos van a dar información valiosa sobre las características locales de cada nido notificado. “Pero, además, al también reportar información sobre la ubicación geográfica de los nidos, utilizando bases de datos abiertas, vamos a poder obtener información sobre cómo la construcción del nido se relaciona con lluvias, temperaturas, vientos a nivel continental”, agregan Lucía y Nicolás.

Esos datos serán la base con la que van a trabajar los modelos estadísticos jerárquicos (herramientas de software que permiten analizar grandes volúmenes de datos) para responder algunas de las preguntas planteadas.

En su trabajo anterior, los colaboradores que usaron la app fueron incluidos como coautores del trabajo científico que se publicó en 2022, lo que fue una verdadera declaración de intenciones por parte de los científicos. La idea es que eso se mantenga para el trabajo que se publicará gracias a esta nueva coparticipación ciudadana.

Los horneros tienen todavía muchos secretos por revelar. En paralelo, el equipo está trabajando en campo y recolectando datos de una población de esta especie en Uruguay, con el objetivo de ahondar en las mismas interrogantes que explora la app, pero con otros abordajes.

El equipo está trabajando con los horneros de Uruguay desde 2024, en colaboración con el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (de Alemania), que seleccionó su proyecto de investigación. Con ayuda de cámaras de alta resolución, herramientas de inteligencia artificial y reconstrucción 3D, estudian la cooperación entre macho y hembra durante la construcción del nido. ¿Cómo se comunican y coordinan macho y hembra para fabricar su hogar? ¿Es justificada la fama del hornero como modelo “virtuoso” y cooperador, esa antropomorfización común en la cultura de la región? Habrá que esperar los resultados de estos trabajos para saber un poco más al respecto.

Lo más apasionante de estas investigaciones es que muestran que la naturaleza no es una cosa lejana con la que nos relacionamos solo cuando salimos de las urbanizaciones. Sus sujetos de estudio son también habitantes de las ciudades, esos ecosistemas particulares que los humanos hemos creado y en los que interactuamos con muchísimas especies. Podemos obtener una enorme satisfacción solo con observar y escuchar a los horneros en nuestra vida diaria. Ahora, gracias a este tipo de proyectos, también contribuimos a ampliar el conocimiento científico sobre ellos.

Instrucciones para ayudar a científicos y horneros

1) Bajá la app Hornero en Android (próximamente en iOS)
2) Prestá atención a los horneros en tu entorno o en tus paseos
3) Si ves alguno llevando barro en el pico o ves algún nido en proceso de construcción, abrí la app
4) Contestá unas pocas preguntas de la app y subí una foto del nido
5) Cada pocos días, si es posible, actualizá datos sobre el o los nidos observados
6) Si tenés dudas o querés saber más, seguí el proyecto en @nidohorneros (Instagram y Facebook)