“Matrices de memoria. Taller de producción fotográfica y patrimonio de la industria de la carne” es el título del taller que el argentino Eric Javier Markowski desarrollará el martes 5 de mayo, de 10.00 a 12.00 y de 13.00 a 15.00, el miércoles 6 y el viernes 8, de 10.30 a 13.00. El curso consistirá en un conversatorio seguido de un pequeño taller de producción, una visita a las instalaciones del APEX-PTI y una jornada de cierre con pegatinas e intervenciones en locaciones escogidas. Pueden anotarse tanto alumnos de Especialización y Maestría en Patrimonio Documental de la Facultad de Información y Comunicación, así como estudiantes de la Facultad de Artes y del programa Apex, investigadores, profesionales y trabajadores con interés en patrimonio de la carne, incluso vecinos o extrabajadores de la carne, miembros de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de la Federación Obrera Industria de la Carne y Afines.

No es la primera vez que este proyecto, que arrancó tirando de una madeja familiar, trae a Markowski a Montevideo, “con intenciones de extender las redes y lo que ya sabía de la industria de la carne en Argentina”. El artista plástico e investigador dice que buscó “un contexto, un entorno y una excusa” para venir a Uruguay a ver otras fuentes y hacer circular nuevamente algunas de las facetas que ocupa este inabarcable tema. Hacia 2016 hizo una residencia artística en el Espacio de Arte Contemporáneo y aprovechó el viaje para ir después a Fray Bentos para conocer aquel otro patrimonio industrial. Volvió en 2018 a dar talleres, siempre en vínculo con la Facultad de Artes, y se acercó al Cerro a hacer algunas fotos. “Ahí conocí, no lo teníamos registrado, toda la pata del APEX, la extensión de la Universidad de la República, montado en lo que eran los antiguos frigoríficos”, recuerda. “Hay que poner en relevancia que hay universidades públicas en estos lugares, se tiene que difundir, tiene que ganar un peso simbólico, cómo se va recuperando el tema. Empecé a ver cómo eran los modelos de gestión de muchos lugares de otros países y otras localidades, en los casos que no están demolidos completamente, hay otros polígonos industriales en pie y hay otro caso muy hermanado al tema del APEX, que es el campus Anglo Pelotas, en Brasil, que también es una unidad académica, es decir que hay estructuras o repeticiones en la forma en la cual quedó este patrimonio de la carne, que son los que estoy empezando a investigar”.

Markowski está yendo a conocer frigoríficos de Argentina, Brasil, Uruguay y aspira a ampliar su búsqueda a Paraguay para ver en qué estado están, si son ruinas o si la comunidad ha logrado recuperarlo, como el caso de los materiales conservados por el gremio de la carne a nivel local. “Hay otros lugares donde pasan cosas semejantes pero distintas. Trato de recopilarlo todo junto en una investigación que es parte de mi proyecto de doctorado, que, estoy [haciendo] en la facultad de La Plata, de Argentina”, contextualiza.

Identidad y confluencia

“Markowski viene a hacer una pasantía en el programa APEX, que viene hace muchos años trabajando desde la extensión universitaria temáticas vinculadas a memoria e identidad, porque las entendemos como parte de la salud comunitaria”, explica Marcos Lafluff sobre el anclaje territorial en el municipio A de la Universidad. En ese marco confluyen las disciplinas ya que muchas de las propuestas de cursos se organizan junto con varios servicios. Lafluff es docente del programa APEX. de la Unidad Temática Académica prácticas culturales y comunicación en territorio y también integrante del grupo emergente Investigación, identidad, memoria, archivo y territorio. “El APEX está conformado por varias unidades temáticas”, agrega y desde allí tratan de agrupar puntos en común entre las diferentes ramas universitarias, de trabajar en nodo. “Una de estas unidades tiene que con práctica de cultura y comunicación y desde ese lugar venimos pensando en estas acciones que nos permiten ir mapeando” el patrimonio del Cerro “que está obviamente muy vinculado con esa dimensión del patrimonio industrial, el barrio tenía tres frigoríficos en un territorio bastante chico”.

El interés patrimonial y comunitario es un aglutinante en el que APEX viene trabajando desde hace tiempo, en vínculo estrecho entre el Polo Tecnológico Industrial con el museo de los trabajadores de la industria de la carne y afines de AJUPEN-FOICA.. Por eso, entre otros, va a ser parte de este encuentro Eduardo Labrada, un referente en el barrio, que es artista plástico y también director del museo. “Con estas instancias buscamos, aparte de una transmisión de conocimientos, que seam un espacio de intercambio para ir generando redes, que a veces es lo que sostiene; son necesarias en los barrios donde hay mucha exclusión o estigmatización. De alguna manera es un espacio de educación, pero también de unión”.

El punto de partida de este periplo fue encontrarse con las latas de corned beef en los supermercados y descubrir que estaban presentes en su historia familiar: “Mi abuelo había venido por esas latas de carne, que era lo único que conocía de Argentina, que se hacían además en Uruguay y Brasil masivamente, y los mismos aliados la distribuían después por Europa”, resume sobre el rumbo que sus antepasados polacos tomaron para llegar en 1947 al puerto de Buenos Aires, al ex Hotel de Inmigrantes. “Entonces, cuando empecé a acercarme [a] ese material y ver todo un trasfondo, por qué eran latas de carne, y no una lata de arvejas, las que les llegaban. Empecé a comprarlas, a intervenirlas y esa fue la primera forma en la cual entré en contacto con el tema”, resume. Luego se enteró de fábricas en localidades como Berisso, muy cerca de La Plata, y que a través de esos vestigios había muchas maneras de abordar el tema. Así que comenzó a cambiar de materiales, de soporte: de la pintura transitó a la fotografía porque además tenía que registrar lo que los testigos tenían para contarle. Fue removiendo y transformando lo que hacía. Tejió su tesis de grado en torno al mismo asunto y conforme se va especializando en él, encuentra más información para continuar.

“Va por ese lado el taller, de entusiasmarnos con el patrimonio. En mi caso me pegó por ese lado”, remata el investigador, a quien, a medida que avanza en sus pesquisas, por supuesto que se le cruzan cuestiones de soberanía alimentaria y política. “Este taller es de archivos documentales, más que solo fotografía. La fotografía es un gran soporte, si no el más privilegiado, pero es un archivo de la etiquetita de la lata hasta la lata, que es un objeto”, aclara sobre el relevamiento y los desplazamientos que como artista fue haciendo por diferentes lenguajes, desde el patrimonio común a los álbumes familiares.

En el camino va detectando ciertas analogías entre las industrias en cada país, por ejemplo, que una vez que cerraron las fábricas frigoríficas los municipios terminaron con los mismos problemas. ¿Qué hacer con estos grandes espacios abandonados y cuál es la necesidad concreta y real de la actualidad de las localidades (que en muchos casos se construyeron y crecieron en torno a esa industria)?

Por otro lado, no menor, el aporte de los reporteros gráficos y los datos que aportan sus registros de movilizaciones populares: “Es muy interesante cómo hay fotógrafos que en Argentina, por ejemplo, fotografiaron el 17 de octubre del 45, con la detención de Perón, cuando salen los trabajadores en las huelgas frigoríficas a pedir por él. Y como pasó acá con las revueltas, si mal no me acuerdo que fueron por el 60 y pico, que el barrio se para de manos cuando ven que están tocados sus derechos, sus salarios son reducidos y necesitan cosas concretas para sostenerse. Es muy interesante cómo en los archivos eso está contado. No sé si hay muchos registros de esa cuestión en general, esos cruzamientos no están del todo explorados y es necesario insistir, sobre todo ahora que estamos en un momento de derechas muy fuertes”, apunta.