A Man from the Future, de Pet Shop Boys
En 1986 editaron su primer disco, Please, así que hace bastante tiempo que los miembros del dúo inglés de synth-pop (con algo de electrónica y afines) Pet Shop Boys no tienen nada de boys, pero quizás justamente por ser veteranos es que dieron vida a una obra conceptual y biográfica. Hace pocos días, “Los botijas de la tienda de mascotas” publicaron A Man from the Future, un disco que se centra en la vida y obra del matemático inglés Alan Turing, considerado el padre de las ciencias de la informática moderna, que en 1950 creó el famoso test para analizar si una máquina puede simular comportamientos inteligentes como los de un humano (“el test de Turing”). La carrera del científico se vio truncada repentinamente cuando fue procesado por homosexualidad, y murió en 1954, con tan solo 41 años, supuestamente por suicidio –esa es la versión oficial–, aunque hay varias hipótesis sobre su final.
El material de A Man from the Future (“un hombre del futuro”) fue compuesto por el dúo (Chris Lowe y Neil Tennant) junto con el matemático inglés Andrew Hodges, quien escribió la biografía Alan Turing: The Enigma (1983), en la que se basó la película El código enigma (The Imitation Game, Morten Tyldum, 2014), con Benedict Cumberbatch en el papel de Turing. La música, de tintes orquestales, fue presentada en vivo con la orquesta de la BBC en 2014, y reelaborada y grabada junto con el Manchester Camerata Octet para el disco que acaba de ver la luz.
El álbum cuenta con ocho piezas que ya a partir de sus títulos deslizan aspectos biográficos de Turing, como si fueran capítulos de un libro –comentados por una narración a cargo de la actriz inglesa Juliet Stevenson, en las que se entrelazan lo orquestal y lo electrónico–. Por momentos se da lugar al contrapunto entre el ritmo mecanizado y la melodía humanizada, formando un armonioso engranaje de múltiples texturas.
Un gran ejemplo de esa conexión está en “The Enigma”, de las mejores del disco, que cuenta la historia del “aparato” que creó Turing para desencriptar los mensajes de la máquina homónima que los nazis usaban para proteger sus comunicaciones. El pulso rítmico se vuelve cada vez más certero y grueso gracias a las capas de sintetizadores y programaciones, en un estilo que hace recordar a la veta más insistente de Daft Punk, con una melodía escalonada sonando como el mecanismo que se activa para descifrar los mensajes, mientras las cuerdas merodean por aquí y por allá.
“Natural wonders every child should know”, la primera del disco, es más orquestal y melancólica, con un piano nostálgico acompañado por las cuerdas, que se vuelve más lacrimógeno con un coro de niños (The Manchester Grammar School Choir), y así está toda la escena armada para desplegar la idea central de la canción: “Natural wonders / every child should know. / Birds and bees / and how the flowers grow. / Why the sky is blue / and grass is green. / What boys and girls are made of / and how the body is a machine”. En la segunda, “He dreamed of machines”, ya aparece el traqueteo rítmico maquinero, y los teclados construyen capas para lanzar el balsámico estribillo, que repite el título de la canción hasta que se vuelve un eco onírico.
Quizás la narración sea el punto más flojo del álbum porque, después de un rato, la señora hablando y hablando, contando las peripecias de Turing, puede incomodar y distraer. Por suerte, la edición del disco en plataformas digitales incluye todo el álbum en versiones instrumentales. Pero, claro, no solo quitaron la voz de la narradora, sino todas las demás, incluidas las de los Pet Shop Boys, que también son parte de la música.
No Bad Memories, de The Avalanches
En el terreno de la electrónica pura y dura, el grupo australiano The Avalanches, que lleva casi tres décadas en esto pero no ha sido muy prolífico a la hora de editar discos, acaba de lanzar su cuarto álbum, No Bad Memories. Ya su título desprende aires optimistas, que se ratifican con la portada: un disquete oxidado y humanoide que abraza a un iPod –también humanoide, pero no oxidado–.
El álbum, de más de 50 minutos, está lleno de referencias a tecnologías pasadas y no tanto, y las amalgama con música electrónica de corte tradicional, pero no deja de ser una obra experimental que suena mucho más para escucharla que para bailarla. Por ejemplo, “Together”, que empieza con un doble clic de mouse y una melodía asociada inequívocamente a los celulares Nokia de hace 20 años, a base de sonidos que parecen de arcades de fines de los 80, va armando un ritmo que se siente como si nunca se fuera a enderezar, volviéndose un espiral evocativo.
El concepto principal es la mezcla de la música con sonidos que forman –o formaron– parte de nuestra atmósfera, incluyendo hasta jingles publicitarios. Hay temas que son pequeños pasajes, que ofician de conectores entre canciones y que directamente se titulan como un producto tecnológico, como “Xerox Altalink B8055”. Más allá de los estribillos y de las melodías cantadas –el álbum cuenta con muchos invitados a cargo de las voces–, todo el tiempo se desliza ese vaivén lúdico entre los sonidos del mundo “externo” y la música, difuminando las diferencias.
La canción “Totall Recall” concentra todo el concepto, en un viaje sonoro de casi cuatro minutos. El título, claro está, es una referencia a la película de Paul Verhoeven protagonizada por Arnold Schwarzenegger conocida por estos lares como El vengador del futuro (1990), basada en el relato Podemos recordarlo por usted al por mayor (1966), de Philip Dick. Se centra en un futuro en el que te pueden implantar los recuerdos que quieras –o quieran– y no sabrás diferenciar si fue una experiencia real o no. Hasta hace no mucho tiempo eso parecía una distopía, pero hoy...
