El envío uruguayo a la 14ª Muestra Internacional de Arquitectura en Venecia en 2014 se tituló La aldea feliz: episodios de la modernización en el Uruguay. La muestra se concibió como un archivo y construcción teórica del modernismo en el país. “La aldea feliz” fue la teoría general que desarrolló el arquitecto Mauricio Cravotto a lo largo de su carrera, en la que condensó su concepción del urbanismo y la ciudad. En tiempos de cambio y grandes transformaciones urbanas, como fue la primera mitad del siglo XX en Montevideo, las ideas no escapaban a la dura crítica de un ambiente intelectual vivo y efervescente.
No es extraño en ese contexto que los dos arquitectos más reconocidos del momento hayan diseñado y construido su casa-estudio: era una oportunidad de volcar sus ideas en completa libertad. Es curioso, sin embargo, que ambos hayan elegido la esquina donde Bulevar Artigas encuentra hoy en día el puente Mauricio Cravotto (conocido como puente Sarmiento), una porción en la que el bulevar se bifurca, con una vista privilegiada y cercanía al parque Rodó.
Julio Vilamajó y Mauricio Cravotto fueron grandes protagonistas de la Montevideo de la primera mitad del siglo XX. Diseñaron los edificios más emblemáticos de aquel momento y, con ello, hicieron grandes aportes a la definición de una arquitectura con características propias de su contexto. A pesar de que ambos estaban comprometidos con esta tarea, o precisamente por esa razón, Vilamajó y Cravotto no compartían una única visión sobre las características de una arquitectura “uruguaya”. De hecho, se podría decir que eran rivales. Sus personalidades e historias familiares eran completamente opuestas y reflejaban los debates de la época. Es posible imaginar a estos dos personajes observándose desde sus ventanas, encontrándose en el barrio y disputando al mismo tiempo la forma de la arquitectura del Montevideo moderno.
La Casa Vilamajó
La primera casa en construirse fue la Casa Vilamajó, ubicada en Domingo Cullen esquina Sarmiento. Julio Vilamajó tenía tan solo 35 años cuando se embarcó en el proyecto, pero ya era reconocido por su trayectoria académica y una creciente lista de obras como el Centro de Almaceneros Minoristas (1929), el Banco de la República Oriental del Uruguay Agencia General Flores (1929) y numerosas viviendas particulares. Inicialmente, Vilamajó diseñó la casa para él y su pareja Mercedes Pulido. Ya avanzada la construcción, realizó modificaciones para alojar también a su hermana Estrella Vilamajó, quien será la que vivirá en la casa por más tiempo.
La casa se desarrolla en cinco niveles, elevándose como una torre con retiros hacia ambas calles de la esquina. Se corona con el estudio particular del arquitecto, retraído en el último piso, al punto de no ser visible desde el exterior.
Cada espacio está meticulosamente definido por materiales y relaciones, que a su vez conforman el volumen global. A pesar de que todas las habitaciones tienen el mismo tamaño, la percepción del espacio cambia en base a las aberturas, revestimientos y muebles a medida. Esta idea proyectual, sumamente moderna para la época, define espacios que performan un modo de actuar y moverse. El arquitecto Aníbal Parodi se refiere a estos como sets domésticos que conforman atmósferas singulares para cada espacio; es una casa que, más que domesticidad, hace una “performance de domesticidad”.
La llegada de Estrella Vilamajó es quizás el elemento revelador de las contradicciones que esto implica. La huésped altera las proporciones de la habitación principal y obliga al arquitecto a añadir una alcoba en la que vivirá su hermana. Las vicisitudes de las dinámicas familiares y la definición del espacio se confrontan en la negociación de ambientes reducidos.
La casa está repleta de simbolismos asociados a la masonería. En la fachada se observa una figura en cerámica que representa la cabeza de una medusa, considerada en la mitología griega como guardiana o protectora. Pero, además, en la masonería el espacio mismo cumple un rol importante, en el que la geometría y orientación reflejan el orden en el cosmos.
Casa de Julio Vilamajó.
Foto: Ernesto Ryan
Son múltiples las influencias que se pueden asociar a esta arquitectura y también vastos los intereses de Vilamajó. Parodi lo describe como un “espíritu humanista, tolerante y abarcativo, ecléctico en el mejor de los sentidos, que no reniega ni desdeña ninguna fuente de inspiración o referencia”. Lo que está claro es que Vilamajó concibe el espacio y la forma desde un lugar de libertad, de expresión, donde prima ante todo la idea proyectual.
Kalinen
La Casa Estudio Cravotto, construida entre 1931 y 1932, es inmediatamente posterior. Realizada por el arquitecto Mauricio Cravotto, es conocida como Kalinen, aunque el origen de este nombre es un secreto familiar. Kalinen fue concebida como una casa familiar de cuatro niveles con un estudio en la planta baja.
Cravotto, al igual que Vilamajó, ya tenía una gran reputación y una carrera prolífica cuando empezó a construir la casa en Bulevar Artigas. Para ese entonces había completado o estaba trabajando en proyectos de gran envergadura como el Pabellón Uruguayo para la Exposición Internacional de Sevilla (1929), el Montevideo Rowing Club (1923), el Edificio Frugoni (1927), el Rambla Hotel (1931) y, su obra más importante, el Palacio Municipal de Montevideo. Mauricio Cravotto es también reconocido por su labor como urbanista y un pionero en América Latina en el área.
El arquitecto Martín Fernández, en una conferencia sobre la casa, adjudicó algunas de las ideas espaciales al interés que Cravotto desarrolla por la espacialidad de la arquitectura neocolonial. Las galerías, espacio característico de esa arquitectura que media entre interior y exterior, se vuelven una temática central del volumen que compone Cravotto. Al contrario de los espacios íntimos y retraídos de la casa Vilamajó, la casa Cravotto se abre al exterior con grandes terrazas en todos los niveles. Los espacios son amplios y confluyen. Hay una cierta solemnidad en la atmósfera de los espacios sociales, en los que el ornamento juega un rol importante. El espacio no guarda secretos, rigen la solemnidad y la racionalidad.
La chimenea, figura central de la casa, está decorada por geometrías que se repiten en la fachada. En oposición a los sets domésticos de la casa Vilamajó, aquí se percibe un ambiente cuasi institucional, cuya apertura hacia el exterior es también la cara de la familia Cravotto.
Casa de Mauricio Cravotto.
Foto: Ernesto Ryan
En Kalinen también habitó Antonio Cravotto, hijo de Mauricio, también arquitecto. Hoy en día la casa es además un increíble archivo del legado de la familia Cravotto, con más de 10.000 documentos que fueron cuidadosamente guardados por la familia.
Las ideas
Son muchas las anécdotas que rodean a ambos arquitectos. El corto Enfrentados, de Guillermo Amato, es un testimonio de la peculiaridad de esta dinámica intelectual que se desarrolló a ambos lados de una de las calles más importantes de Montevideo. Se dice, por ejemplo, que en vísperas de los grandes concursos de arquitectura que se hicieron durante esos años, Vilamajó, con su espíritu bohemio y revoltoso, solía colocar en su estudio un muñeco a contraluz simulando su figura. La sombra del muñeco hacía creer que pasaba las noches trabajando. Considerando que el estudio no se ve desde el nivel de la calle, se puede deducir que esta travesura estaba especialmente dedicada a Cravotto, que sí podía observarlo desde la vereda de enfrente.
Mucho se ha escrito sobre una disputa intelectual surgida en esos años entre una corriente asociada a ideas más liberales y otra más conservadora. La polémica entre estos dos arquitectos debe observarse bajo el lente de ese contexto sociocultural. En este sentido, las bromas entre Vilamajó y Cravotto reflejan una real confrontación de ideas, que en última instancia decantó en la definición de una arquitectura nuestra. La gran transformación progresista de principios de siglo tuvo que enfrentar la reacción de los sectores del nacionalismo católico, que intentaron revertir el laicismo de la Constitución de 1918. Todo esto generaba tensiones que permeaban todos los ámbitos del ambiente intelectual y cultural de la época. Ni Vilamajó ni Cravotto, intelectuales complejos, pueden ser clasificados estrictamente en uno u otro de estos bandos –sería una simplificación–, pero tenían afinidades con aquellos que, como hemos visto, se reflejaron en su producción arquitectónica.
Ambos arquitectos estaban sumamente agiornados acerca del discurso de la arquitectura moderna. Tanto Vilamajó como Cravotto viajaron a Europa y estudiaron el movimiento que nacía en esos años. Eran personas cultas y de intereses amplios, que no se limitaban a la arquitectura.
En el espíritu revolucionario de la época y las ideas provenientes de sectores progresistas que llamaban a “la Internacional”, el movimiento moderno tuvo aspiraciones universalistas. Sin embargo, tuvo también sus deformaciones y conflictos internos. Cada territorio volcó en el proyecto moderno sus factores culturales propios. En este sentido, la obra de Vilamajó y Cravotto es un ejemplo muy temprano de esa metamorfosis. Ambos vieron en el movimiento moderno una oportunidad de apropiarse de los postulados en términos profundos, alterándolo para desarrollar una identidad propia de la arquitectura uruguaya que refleja los valores e ideas de la época.
Bulevar Artigas y Tomás Giribaldi. A la izquierda: casa del arquitecto Mauricio Cravotto. A la derecha: casa del arquitecto Julio Vilamajó, decada de 1930 (aprox.).
Foto: S/d de autor, Centro de Fotografía de Montevideo
En Montevideo cabía todo ese debate. Pensar la ciudad era hacerla. Recorrer una y otra casa a ambos lados de Bulevar Artigas es adentrarse en esos posibles futuros, que también son presente. En mis recorridos intento imaginar diálogos, y en las casas estudio se materializan. En la biblioteca del estudio Cravotto, un ejemplar de Julio Vilamajó: su arquitectura, de Aurelio Lucchini, asoma entre los libros; asumo, por la fecha de publicación, que fue Antonio Cravotto quien lo incorporó. De todos modos, pienso, una casa saluda a la otra casa.
Mauricio Cravotto y Julio Vilamajó dejaron un legado de obras en todo Uruguay, que hoy son nuestra arquitectura. Sus ideas y formas conforman una biblioteca que nos pertenece a todos. En su mismo espíritu, su obra no es un postulado sino un argumento abierto. Abrir sus archivos y preservar su patrimonio es una apuesta a construir la arquitectura del presente.
Museo Casa Vilamajó. Miércoles y sábados de 10.00 a 16.00. Visitas mediadas a las 11.00, 12.00, 13.00 y 14.00.
La Casa Estudio Fundación Cravotto está en proceso de adecuación para visitas. Información en la cuenta de Instagram de la Fundación Cravotto y en la web cravotto.org.
