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_El día de la revelación_.

El día de la revelación.

Encuentros cercanos del mismo tipo: Steven Spielberg vuelve a los extraterrestres

El día de la revelación no sorprende, pero sigue siendo la obra de un gran cineasta.

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Hay una percepción de que Steven Spielberg está en decadencia y de que sus últimas películas fueron fracasos. En alguna medida, esta sensación está alimentada por cierto espíritu malvado que se regodea en pisotear a un artista especialmente pisoteable por el hecho de haberse asociado con valores “buenos” (la tradición hollywoodense, los Aliados –en contra del Eje y en especial del nazismo–, la democracia, los niños, los Estados Unidos ilustrados), sin ese tipo de peligrosidad subversiva o cinismo mordaz que puede otorgar cierto prestigio roquero. Aparte, es el individuo que más plata ha hecho con el cine en toda la historia, en su triple rol de empresario, productor y director; es un factor que no inspira piedad.

Esa percepción de decadencia es exagerada. Por un lado, Los Fabelman (2022), su película anterior, está buenísima. La única película suya que efectivamente perdió mucho dinero fue su refilmación de West Side Story (Amor sin barreras), lanzada en 2021 en plena pandemia, con su actor principal Ansel Elgort cancelado por acusaciones de abuso sexual. Pero Ready Player One (2018), que también está buenísima, recaudó más de 600 millones de dólares a nivel global.

Quizá una observación más pertinente es que las películas que hizo Spielberg luego de cumplir 60 años (eso pasó en 2006) ya no son fenómenos culturales, como sí lo fueron tantas de sus realizaciones anteriores: ya no conecta de la misma manera con los niños, adolescentes y jóvenes, ya no descubre fobias y fascinaciones vigentes en la mayoría de la gente, ya no parece saber posicionarse de una manera productiva frente a las cuestiones urgentes en esta época, que es tan distinta al momento en que se formó y se estableció como cineasta.

Y aunque su fortuna milmillonaria se sigue acrecentando y el peso de su trayectoria le confiere una posición de leyenda viva, el contraste entre la excitación que propician sus estrenos ahora y lo que fueron sus frecuentes hitos históricos del siglo XX debe ser un poco melancólico. Por eso su regreso a un ámbito esencialmente spielberguiano con El día de la revelación –producción y lanzamiento de blockbuster sobre contacto con alienígenas buenos– puede encararse como un manotazo de ahogado.

Spielberg tomó todos los recaudos: su historia original fue confiada al guionista David Koepp (el mismo de Parque Jurásico, 1993, y luego de tres otras), e incluso convenció al compositor John Williams de hacer una excepción en su anunciado retiro para musicalizar, por trigésima y quizá última vez, una película suya.

Jazzero viejo

Leí por ahí que esta película sería algo así como una continuación de Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), pero más que una continuación es una variante del mismo relato. Al igual que en aquella película de hace 49 años, un individuo, de súbito, empieza a tener extrañas visiones y percepciones que lo conducen a acercarse al momento en que habrá una demostración irrefutable de presencia de inteligencia extraterrestre en la Tierra. También aquí, el clímax grandioso implicará la aparición de un extraterrestre frente a montones de testigos (y es esencialmente el mismo diseño del alienígena gris, originado en el relato de abducción de Barney y Betty Hill en 1961, y masificado en Encuentros cercanos). También aquí hay un momento en que un niño (en este caso, una niña) camina como hipnotizado hacia una luz abrumadora y mágica emitida por elementos extraterrestres.

Hay diferencias importantes. Mientras que Encuentros cercanos culminaba en un primer contacto oficial entre ambas civilizaciones, El día de la revelación abraza la mitología conspiranoica basada en el caso Roswell: entidades gubernamentales ya habrían tenido ese contacto desde 1947, y una agencia secreta no gubernamental se estuvo encargando de investigar su tecnología, de plantear posibles usos estratégicos de ella y de velar por que esa confirmación de la existencia y del contacto con extraterrestres quede oculta para la mayoría de la población.

El marco ideológico es el de Carl Sagan y el proyecto SETI: la comprobación de la existencia de vida y, sobre todo, de inteligencia extraterrestre colaboraría con una oleada de humildad y un sentido de unión entre los seres humanos, minimizando las diferencias entre los pueblos a partir del dimensionamiento de nuestra insignificancia y de una apertura de la noción de diversidad a partir de la existencia de las biologías exóticas (en la película, la anécdota se ambienta en un agudo conflicto internacional, no demasiado definido, pero que involucra a Corea del Norte).

Esa línea abre camino para algunos subtextos que, en forma secundaria, pueden resonar en cuestiones recientes: el heroísmo de los whistleblowers como Edward Snowden, la xenofobia y maltrato a los inmigrantes (simbolizados en los extraterrestres capturados y torturados), la actitud predatoria de Estados Unidos hacia otros pueblos, la situación de hipervigilancia a la que llevó el desarrollo tecnológico, y la capacidad de los medios de hipnotizar a las personas.

Era, por supuesto, muy difícil reproducir la sorpresa que consiguieron Encuentros cercanos del tercer tipo o E.T., el extraterrestre (1982). Y no es solo una cuestión de sorpresa: no hay ningún detalle aquí que tenga el encanto de la pequeña melodía extraterrestre de cinco notas de Encuentros cercanos, y dudo de que la película vaya a arrancar lágrimas como pasa con un par de escenas de E.T. Tampoco hay ningún momento de catarsis gozosa y fantasía liberadora como el vuelo en bicicleta de esa misma película, o alguna imagen que tenga el potencial de convertirse en ícono como esa de la bicicleta frente a la luna (que se puede ver al inicio de esta película, a modo de isotipo de la productora Amblin). Para el cineasta que dejó al mundo boquiabierto con las primeras imágenes de dinosaurios en movimiento renderizadas con detalle fotográfico, puede resultar medio decepcionante ver unos bichos prosaicos –venado, zorro, mapache– representados en forma muy sensiblemente artificial.

El final abierto abrupto tiene menos impacto y picardía formal que el que parece haber pretendido tener: el recurso ya apareció con destaque unas cuantas veces, por ejemplo, en Cazador blanco, corazón negro (Clint Eastwood, 1990) y Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004).

De ahí a ser una película mala y aburrida hay una distancia enorme. Hay un par de escenas formidables de acción y suspenso (la persecución en auto en los alrededores de la granja y la situación del auto con el tren). Emily Blunt hace quizá la mejor actuación de su considerable carrera. Colin Firth hace de villano con su esperable enorme talento. Hay un montón de planos extraordinarios, como ese momento en que la cámara avanza hacia una laptop, se zambulle en dirección a su pantalla y luego pega un giro de 180 grados para enfocar en la dirección esperable (el arriba-arriba y el abajo-abajo).

La acción no es ni pretende ser imparable, como tampoco lo era la de las películas de Indiana Jones, por más que en su momento nos hayan dejado esa impresión: entre un momento de suspenso y otro hay intriga, profundización en los personajes, respiro y espera para potenciar el efecto del siguiente momento de acción. Hay humor y situaciones interesantes, como la de los agentes de Wardex enfrentándose a oponentes que se volvieron invisibles.

Spielberg es un narrador extraordinario y ver una película suya es como ver la actuación de un jazzista o tanguero viejo haciendo lo suyo: quizá no tenga el sabor de novedad, quizá no tenga en el presente el papel que tuvo en el pasado histórico, pero es, por otro lado, uno de los representantes sobrevivientes de un swing irreproducible. Tan solo por cómo está filmada y montada vale la pena ver El día de la revelación dos o tres veces, y la película tiene bastante más que eso para ofrecer.

El día de la revelación (Disclosure Day). 145 minutos. En Ópera, Life 21, Movie Punta Carretas, Grupocine Punta Carretas, Alfabeta, Movie Montevideo, Tres Cruces, Nuevocentro, Portones, Costa Urbana, Las Piedras Shopping, Grupocine Punta del Este, Punta Shopping, Colonia Shopping y Siñeriz (Rivera).