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Educación Prácticas educativas
Robot RUDI hecho por niños y niñas del club infantil Los Alfareros.

Robot RUDI hecho por niños y niñas del club infantil Los Alfareros.

RUDI: un robot hecho en un club de niños de Solymar para trabajar sobre derechos

Además de contribuir a la “apropiación” de los derechos por parte de los niños del club, el proyecto los vuelve “agentes para generar instancias de intercambio en otros lugares”, señaló el coordinador.

Su estructura está hecha de cartón y juguetes rotos. Sus piernas son dos bidones de plástico rellenos de basura comprimida. Su rostro brilla y proyecta una pantalla pixelada que permite jugar con la expresión de su cara y que los niños que asisten al club Los Alfareros, en Solymar, pueden modificar desde un celular o su computadora “ceibalita”.

Así describió el maestro Pablo Mollo al robot RUDI. La sigla hace alusión al nombre Robot Uruguayo de los Derechos e Identidades y se trata de una herramienta interactiva que fue creada entre niños y niñas de entre 5 y 12 años que asisten al club infantil que trabaja en convenio con el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay, donde Mollo desarrolla actividades pedagógicas. El principal objetivo del club implica trabajar con niños, niñas y adolescentes sobre sus derechos al poner como instrumento pedagógico la práctica del fútbol, ya que, según contó el docente a la diaria, quienes asisten al club provienen de contextos donde la vulneración de derechos y la “falta de oportunidades” son frecuentes.

A raíz de su proyecto “Aprender desde lo que somos”, que consistió en una investigación de campo para diseñar herramientas buscando “romper con la naturalización” vinculada a la vulneración de los derechos de los niños, Mollo dio continuidad a este trabajo de forma práctica luego de quedar seleccionado entre los 50 mejores docentes del mundo en el “Global Teacher Prize”, un reconocimiento internacional otorgado por la Fundación Varkey, el año pasado. A partir de allí fue que la idea de RUDI comenzó a concretarse.

¿Cómo está compuesto RUDI y cuál es su función?

El proyecto RUDI permite a los niños que participaron de su creación acercarse a “la robótica, la inteligencia artificial y a la programación” en un contexto en el que el acceso a esos conocimientos “es complejo” y en muchos casos se dificulta, cuenta Mollo. Sin embargo, sabe que la tecnología forma parte de “su identidad” y que “los chiquilines están un montón de tiempo frente a la pantalla”. En este sentido, el docente propone darle un “buen uso” a la tecnología al unirlo con “un proyecto sustentable y de reciclaje”.

El robot, vestido con la camiseta de fútbol de Uruguay donde se estampan las firmas de algunos jugadores, está compuesto por elementos reciclables recogidos en las plazas del barrio del club infantil y aporta, en ese sentido, a la enseñanza sobre el cuidado “del espacio público” y a poder transformar los elementos del entorno en “una herramienta más”, relató Mollo. La voz de RUDI fue creada a través de inteligencia artificial y utiliza placas Arduino y comandos para realizar las conexiones de los botones que tiene el robot. Al presionar estos botones se reproducen audios con las voces de los niños que expresan distintos derechos, como el “derecho a ser escuchado” o “derecho a tener una familia”, contó el docente.

A su vez, Mollo contó que el rostro de RUDI se ve en forma de “pantalla pixelada”, lo que permite modificar las expresiones faciales del robot a través de un comando que se conecta a los celulares o a las computadoras de Ceibal que tienen los niños.

“El objetivo principal del robot es compartir y poner en diálogo los derechos”, señaló Mollo. En ese sentido, contó que RUDI aporta a este objetivo de dos maneras. Por un lado, contribuye a la “apropiación” de los derechos por parte de los niños que participaron en la creación del robot y les permite reconocer las situaciones de vulnerabilidad que atraviesan en sus entornos. Por otro lado, el docente señaló que el proyecto “transforma” a los niños en “agentes para generar instancias de intercambio en otros lugares”.

Mollo contó que luego de terminar de construir el robot comenzaron a realizar presentaciones en escuelas, colegios, centros juveniles y en residenciales de personas mayores. Durante esas instancias los niños trasladan el robot y comparten el proceso de construcción y su finalidad. Según relató el docente, la dinámica consiste en que quienes participan de las instancias de intercambio presionen uno de los botones del panel de RUDI, cada uno asociado a un derecho, y los creadores brindan una explicación sobre en qué consiste ese derecho y qué se puede hacer cuando no es respetado.

El futuro de RUDI

La continuidad de RUDI apunta a ampliar su alcance y permitir que otros centros educativos y espacios comunitarios repliquen la experiencia. El docente contó que actualmente trabajan en la creación de kits para distribuir la experiencia en los lugares que visitan y que en cada espacio se le dé “el enfoque que quieran”. La idea es que cada institución pueda construir su propio robot y adaptarlo a sus intereses y objetivos educativos. Como ejemplo de esas posibilidades, Mollo mencionó el intercambio con un liceo que buscaba vincular la herramienta con el cine y la filosofía.

Además, el club infantil formó parte de la Feria de Buenas Prácticas Educativas organizada el sábado pasado por el colegio Santa Elena, donde presentaron a RUDI con la comunidad educativa que participó de la actividad.

Otra de las actividades previstas para dar a conocer la herramienta es un evento comunitario de fin de año que se realizará el 27 de noviembre. La iniciativa, según contó el docente, se enmarca en los Fondos para Iniciativas de Niñas, Niños y Adolescentes que el proyecto obtuvo y que implican la elaboración de una propuesta destinada a la comunidad.