En el marco de una rotación prevista en la consejería docente que asumió el cargo en marzo de 2024, Nirian Carbajal renunció hace algunas semanas como representante en el Consejo de Formación en Educación (CFE). En su lugar asumió la profesora de Biología Gabriela Rico, quien desempeñará esa función durante los tres años de mandato que quedan por delante, con la salvedad de que la situación puede llegar a variar según el esquema de gobierno que se prevea para la Universidad Nacional de Educación (UNED) si esta llega a aprobarse a nivel parlamentario.

Precisamente, esa es una de las principales preocupaciones del orden docente en el actual CFE, institución que pasaría a convertirse en la UNED. Entrevistada por la diaria, Rico, quien se desempeña como docente en el organismo desde hace tres décadas, dijo que se trata de un proyecto de ley “importantísimo” para el orden y en particular para la Asamblea Técnico Docente (ATD), más allá de que entienden que todavía puede ser mejorado, por ejemplo, estableciendo directivas más claras sobre el funcionamiento del cogobierno en los centros e institutos.

Aunque es un tema sobre el cual el gobierno ya ha anunciado que está dispuesto a negociar para que el nuevo ente pueda ser creado -ya que requiere de una mayoría de dos tercios en ambas cámaras-, Rico dijo que los colectivos docentes del CFE seguirán reclamando por la autonomía y el cogobierno como un aspecto central de la nueva universidad. En particular, entiende que son imprescindibles para “salir de los vaivenes de las decisiones político-partidarias” que se dan ante cada cambio de gobierno, que implica “volver a empezar”.

¿De qué manera tener una UNED implicaría la mejora de la calidad del sistema educativo en general?

No convertirnos en universidad nos limita extremadamente. Por ejemplo, impide que podamos ofrecer cursos de posgrado. Para hacerlo, tenemos que generar convenios con otras universidades, lo que, generalmente, implica pagarles a esas universidades para que nos den los títulos. En algunos casos hemos logrado que algunos de los docentes participen en esos diplomas. En muchos de ellos no, simplemente comprás el posgrado. Convertirnos en universidad nos permite generar posgrados a través de los que nuestros egresados puedan continuar formándose bajo las líneas políticas que se tomen dentro del espacio público de la educación.

No es lo que está ocurriendo ahora: en una jornada por los 30 años de investigación entre la ANEP [Administración Nacional de Educación Pública] y la Udelar [Universidad de la República], se veía que 57% de los posgrados en educación fueron realizados en instituciones privadas. Nuestros egresados tuvieron que ir a pagar a instituciones privadas para poder acceder. Ese es un gran debe que tiene la educación pública.

También permite desarrollar funciones sustantivas como la investigación y la extensión, pero in situ. Hay diversidad de emergentes, como la integración o el manejo de las tecnologías, y está bueno que se puedan investigar desde las propias instituciones para dar respuestas. Trabajando en clave de derechos humanos y coordinadamente con los subsistemas [de la ANEP], la UNED podría dar respuesta y acompañar al plantel docente, que a veces está un poco solo.

Hace algunas semanas se discutió en Montevideo el consenso de Santiago, que responde a una inquietud de Naciones Unidas frente a la falta de docentes, y una de las cosas que plantea es que hay que prestar atención especialmente a la formación y a la valoración de los docentes. Que se dé la posibilidad de una titulación universitaria, pero no por el título en sí, sino que permita seguir formándose, ser parte de redes de investigadores y de extensión.

Además, como la UNED, ya nacemos descentralizados. En el CFE tenemos 32 centros en todo el país, por lo tanto, llevaríamos la universitarización a todo el país. Ya hay institutos privados que brindan títulos docentes y que son reconocidos como institutos universitarios y, por lo tanto, quienes pagan tienen una titulación universitaria, y los que lo hacemos en la educación pública no accedemos a ese tipo de titulación.

El Grupo Propuestas, integrado por algunos jerarcas del gobierno anterior, plantea que sacar la formación docente de la ANEP implicaría una pérdida en el vínculo con los subsistemas del ente. ¿Qué aspectos hay que tener en cuenta en esa transición hacia una nueva institución?

La Facultad de Medicina, por ejemplo, forma a los médicos, el ejercicio está directamente relacionado con la salud pública y, sin embargo, ahí no hay una disociación entre la formación y los espacios de trabajo. Siempre hay un vínculo que es innegable y que no va a desaparecer de la noche a la mañana. Además, esto ocurre en otros países y el vínculo se va estableciendo. Los actores seguimos siendo los mismos, la mayoría de los que estamos en el CFE somos egresados de esos subsistemas, hemos sido docentes. Por lo tanto, esos vínculos entre instituciones se pueden establecer en forma gradual, obviamente, tomando las precauciones del caso, pero no hay motivo para pensar que una universidad pueda separarse tanto de esos subsistemas como para que no haya un reconocimiento. Eso no va a ocurrir, no está en la génesis del sustrato histórico que ha formado al CFE.

Ese mismo grupo ha hablado de que con la creación de la UNED pueden estar en riesgo los derechos laborales de quienes trabajan en el CFE. ¿De qué manera se está pensando en esa dimensión?

Ya hemos dado algunos pasos. Antes éramos la Dirección de Formación y Perfeccionamiento Docente dentro del Consejo Directivo Central (Codicen) de la ANEP y nos separamos. Seguimos dentro de la ANEP, pero tuvimos que hacer una migración de funcionarios administrativos, de servicio, y eso se fue resolviendo. Los funcionarios y docentes que están hoy en el CFE no perdieron los derechos laborales que tenían cuando eran funcionarios del Codicen.

Obviamente, para eso hay que hacer una transición ordenada. En este momento hay una comisión que está trabajando sobre el tema, integrada por el Codicen y el CFE, en la que están letrados de todos los servicios tratando de ver cómo se va haciendo. Hay que ver también qué pasa con los locales, con los autos y todo lo que forma parte de lo tangible. La comisión va viendo cómo sería ese pasaje en cada rubro, qué estaría faltando, porque quizás hay cosas que las compartimos y que es necesario reforzarlas en esta institucionalidad. Lo mismo con los derechos laborales; obviamente nadie va a perder sus derechos, esa es la primera garantía que hay que tener. Igualmente, tenemos otro debe y es que debemos ir hacia una mayor jerarquización y estabilidad del cuerpo docente. En el período pasado, lo que ha quedado en evidencia con todo el cambio de plan, el pasaje a las unidades horarias de desempeño docente, es la gran inestabilidad laboral que tienen los docentes del CFE, creo que la mayor dentro de toda la ANEP. En la discusión de la UNED también tenemos que buscar mejorar las condiciones de trabajo, el formato de elección de horas, tenemos que trabajar mucho en la oferta educativa.

Parece claro que no hay ambiente en el Parlamento para que salga el formato de cogobierno que plantea el proyecto de ley, algo que históricamente han reclamado los colectivos del CFE. ¿Cómo te posicionás en esa discusión?

La opinión que hemos tenido siempre desde la ATD, que es el grupo al que yo represento, y que también ha sostenido el sindicato, es que la autonomía y el cogobierno es una bandera que vamos a sostener. Cuando uno vive desde adentro los vaivenes políticos de ir y venir, se le dificulta generar una política a largo plazo.

Otra cuestión es la discusión política, donde se tendrán que dar y dirimir estas discusiones. Consideramos que el paso de convertirnos en CFE fue un gran avance, más allá de las limitaciones que tenemos en cuanto a la representación docente, porque la representación política en el consejo siempre tiene la mayoría. Pero permite estar, conocer, saber y brindar opinión, que a veces es tomada más en cuenta y otras veces menos.

Como consejera docente dependo de las mayorías de los consejeros políticos del CFE, pero además dependo del Codicen, que en ciertos aspectos también limita e incide en las políticas que diseñamos. Tener un espacio de universidad nos movería también de ese espacio y nos daría algunas ventajas. Mi postura, obviamente, es que nosotros vamos a seguir defendiendo la autonomía y el gobierno. Otra cuestión son las discusiones que se van a dar en el Parlamento; son los actores políticos los que deben analizar y valorar cuáles van a ser las propuestas que consideran más pertinentes.

El ministro de Educación y Cultura ha dicho que la prioridad ahora es que se cree la UNED. ¿Qué importancia tiene la forma de gobierno que se defina para los primeros pasos de la universidad?

Nosotros quisiéramos el todo, pero no vamos a estar en contra de que se cree la universidad, no vamos a decir que no la creen. Queremos que la universidad sea autónoma y cogobernada, pero reconocemos que el paso de su creación es el primero para que podamos seguir avanzando.

Senadoras como Graciela Bianchi han cuestionado el formato de cogobierno de la Udelar, que es una referencia a nivel nacional. ¿Hay apertura para discutir o conversar otros posibles formatos?

Nosotros no podemos copiar un formato como el de la Udelar, porque ya partimos de una institución que está descentralizada, tenemos 32 centros. En el proyecto hay algunos organismos con un número de participantes que no corresponden con el cogobierno en los centros, que está medio de lado.

Que nosotros queramos un modelo de autonomía y cogobierno no quiere decir que tiene que ser el modelo exacto de la Udelar, porque tenemos otra historia, otros mandatos, otra organización territorial. Una cosa es lo que aparece en los proyectos, en el papel, y después, cuando uno empieza a poner esos proyectos en territorio, en instituciones, también tienen que tener vida propia e ir dando respuestas a lo que va ocurriendo en el proceso. Consideramos que debe ser un proyecto amplio, lo más grande posible y que permita luego, dentro de las propias potestades de esa universidad, ir creando esa gobernanza. Es distinto también al caso de la UTEC [Universidad Tecnológica], que se creó desde cero. Nosotros ya tenemos una estructura y hay que ver que esa gobernanza luego se adecúe de la mejor manera a ella.

El presidente del CFE dijo que este año se cambiará el plan de estudios de forma participativa, con el objetivo de implementarlo en 2027. ¿Cómo viene ese proceso?

Se están convocando los espacios de participación, la ATD nacional estuvo sesionando esta semana, jueves y viernes se realizó un congreso nacional de estudiantes, también trabajando sobre este tema. Se están convocando las comisiones de carrera, la semana que viene se realizarán las elecciones de las comisiones de carrera nacionales y se empezó a reunir la comisión de enseñanza, diseño y desarrollo curricular. Todas estas estructuras están siendo puestas a punto. Para mi gusto el proceso viene un poco lento, empezamos un poco tarde. La participación lleva tiempo y hay que tomarlo en cuenta para que podamos llegar con ese plan para el año que viene. Soy una convencida de que debemos generar un nuevo plan, de que los estudiantes de formación en educación merecen un plan mucho mejor. Aún con algunas limitaciones, porque cambiar de plan nos implica a los docentes perder horas. Nuestro contrato laboral es solo por horas docentes, no tenemos contratos por cargos como la Udelar, que es algo que venimos reclamando bastante imperiosamente. Esta propuesta que estamos haciendo atenta contra nuestro trabajo. Es importante que se sepa que este cambio que todos los docentes estamos reclamando a la larga nos implica algo que tiene que ver con la oferta educativa y, por lo tanto, con las horas docentes. Es un tema que habrá que sentarse a hablar luego y negociar para ver de qué manera redistribuimos.

Los estudiantes del CFE necesitan que la carrera de grado sea una carrera más actualizada, que sea académicamente de mayor valor, que les permita transitarla, por lo tanto, que tengan menos horas de clase, que tengan más horas para leer por su cuenta, para formarse, no para estar sentados dentro de un salón, que se les reconozcan los trayectos, que haya mayor flexibilidad en su trayectoria.

En el conflicto que se dio el año pasado por la oferta educativa, algunos actores plantearon que este año se iba a dar un recorte de horas. ¿Eso efectivamente ocurrió?

Bueno, todavía no tenemos el dato. Si bien hubo un déficit de horas, yo estoy participando en la comisión de oferta educativa y seguimos subdividiendo grupos y ofreciendo nuevos grupos. A su vez, el CFE organizó el plan de acompañamiento al egreso, que es para docentes en ejercicio en la educación media que deban hasta tres asignaturas, y hoy tenemos 600 docentes que están cursando ese plan de egreso. Todas esas horas de clase también se volcaron.

Lo que hubo el año pasado fue una desinteligencia por parte del consejo, que no convocó a la ATD ni al sindicato. Tenemos una ATD y un sindicato muy maduros que colaboran, que tienen como objetivo que la formación de los estudiantes sea la mejor. El sindicato hizo convenios con universidades para hacer carreras de posgrado. El otro día a las 0.40 de la noche me llegaron fotos de la ATD que seguía en plenario. No se supo atender que estos participantes tenían que estar sentados a la hora de definir la oferta, porque son quienes conocen lo que está pasando en el territorio.

Entonces, se hizo una oferta que pecó de no conocer el territorio. Existe una movilidad de estudiantes a la modalidad semipresencial y ahora estamos desdoblando mucho los grupos semipresenciales, porque tenemos muchos estudiantes y seguimos teniendo los grupos presenciales con pocos estudiantes. Ese es un tema que hay que atender en dos sentidos. Hay que atender la semipresencialidad y también la presencialidad: hacer que las instituciones sean más amables con los estudiantes, ver cómo hacemos que los estudiantes vuelvan a la presencialidad. ¿Qué les ofrecemos en la presencialidad para que haga la diferencia? Esa discusión también va a estar presente de cara al nuevo plan.

Uno de los objetivos en la consejería este año va a ser trabajar arduamente para que se instale esa comisión, que esté integrada por sindicatos y por la ATD, y que este año la oferta educativa llegue a tiempo y que sea lo más ajustada posible a la realidad. De esa forma, podemos evitar que tengamos que desdoblar grupos, porque después nos cuesta mucho conseguir docentes, y también podemos evitar luego tener grupos con un número muy bajo de estudiantes. Es un problema no solo desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista didáctico y pedagógico, porque dos o tres estudiantes no son un grupo: no hay intercambio, no hay flujo de saberes, no hay construcción colectiva.