A una semana y pocos días del triunfo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta electoral de Brasil, la actual ministra de las Mujeres, Márcia Lopes, visitó Montevideo para participar en la vigesimoséptima Reunión de Ministras y Altas Autoridades de la Mujer del Mercosur. El encuentro, que se realizó el martes bajo el liderazgo de la directora del Instituto Nacional de las Mujeres, Mónica Xavier, reunió a representantes de los distintos países del bloque para abordar temas como la autonomía económica de las mujeres y la violencia basada en género.
Unos minutos antes del comienzo de la reunión, la ministra brasileña conversó con la diaria sobre algunos puntos clave de la agenda de género regional y adelantó que su país impulsa un “Pacto Mercosur contra el Feminicidio”, inspirado en el que presentó Lula en febrero de este año. También se refirió, entre otras cosas, al mapa de la representación política femenina en Brasil que dejaron las últimas elecciones, la importancia de la militancia de las mujeres jóvenes, la paridad como horizonte y cuáles son los principales desafíos del ministerio que preside de cara al próximo gobierno.
¿Cuáles son los puntos clave de la agenda regional de las mujeres en el marco del Mercosur?
Siempre que hay actividades con el Mercosur es muy importante que tengamos una agenda común, porque cada país tiene su realidad, pero tenemos aspectos muy parecidos que venimos trabajando: la lucha por la igualdad de género, raza y etnia; que tengamos políticas claras y efectivas en términos del enfrentamiento a la violencia contra las mujeres, y la autonomía económica de las mujeres. No podemos separar todo esto. Además, para Brasil, y también para los otros países, la política de cuidados tiene un espacio importante. Cada país tiene esta agenda y se necesita una política intersectorial. No hay política de atención, protección y cuidado de las mujeres sin la participación y sin la visión articulada con salud, educación, asistencia social, cultura, trabajo, previsión social. Por eso es tan importante que los órganos de políticas para las mujeres trabajen siempre de forma articulada, y siempre que tengamos una reunión de los países del Mercosur nos fortalecemos como región.
Ahora, por ejemplo, estamos pautando el plan de trabajo para el próximo mandato del Mercosur, para que tengamos un Pacto contra el Feminicidio, como tiene Brasil; un Pacto Mercosur contra el Feminicidio. En Brasil pasó un tiempo corto [desde que se empezó a implementar], pero con muchos resultados, porque es un pacto entre los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Entonces, vamos a poner esto en la agenda del Mercosur para que los países se comprometan.
Entiendo que nueve meses es poco tiempo para hacer evaluaciones, pero ¿puede adelantar alguno de los resultados que ha tenido, hasta el momento, el Pacto contra el Feminicidio en Brasil? ¿En qué sentido puede ser un modelo para otros países como Uruguay?
Este pacto está permitiendo que los poderes del Estado se reúnan, hagan un buen diagnóstico de la realidad nacional, estatal, local, y que cada poder pueda hacer una evaluación de su actuación. Tenemos un comité interinstitucional, a partir de la firma del pacto, integrado por el presidente del Supremo Tribunal Federal, el sistema de justicia, los presidentes de la Cámara de Diputados y el Senado, del Congreso legislativo, y el presidente Lula. Entonces, pasamos a tener un comité que se reúne todos los meses para hacer esta evaluación, analizar cómo estamos en cada área, describir cómo están poniendo ahí las fuerzas, los recursos, la institucionalidad y la comunicación con el país.
Se sancionaron leyes tanto de prevención como leyes que atienden a las mujeres. Después, en el sistema de justicia, los juzgados tienen que crearse con perspectiva de género y los tribunales tienen un programa de grupos de reflexión con los hombres. Esto está ganando bastante importancia porque, como decía el presidente Lula, los agresores son los hombres, entonces tenemos que volver a ellos, porque ningún bebé nace agresor, pero por toda la historia, por todo el machismo, la misoginia, tenemos situaciones bastante graves hasta llegar al feminicidio como el fin de la línea. También el sistema de justicia está revisando todos los datos. Por ejemplo, antes, cuando una mujer hacía una denuncia de violencia, a veces se demoraba como 15 días para tener una medida de protección. Ahora eso se bajó para dos días y hay muchos estados que ya están en cinco horas, dos horas. Esto es muy importante y se dio por el pacto, porque hay un compromiso.
En términos del Ejecutivo, hay varias acciones. Por ejemplo, cuando el Ministerio de Justicia lanzó una gran operación [la Operación Mujer Segura, iniciada el 1° de junio de este año] y detuvo a más de 50.000 agresores de todo Brasil, que estaban fugitivos o que tenían una orden de prisión. También el uso de los brazaletes electrónicos, que ya son más de 30.000 en todo Brasil, los relojes digitales o los botones de pánico, medidas que dan a las mujeres más protección y más sentimiento de seguridad.
El Ministerio de las Mujeres también gestiona la Casa de la Mujer Brasileña, centros de atención integral especializada para víctimas de violencia de género, donde convergen múltiples servicios en el mismo lugar.
Es un servicio muy importante y ahora incluso tenemos una casa fronteriza para el Mercosur, que está casi lista para la inauguración en diciembre, que implica una nueva metodología para atender también a mujeres que van a Brasil desde otros países. Es en Foz de Iguazú, que tiene la triple frontera [entre Brasil, Argentina y Paraguay], y también vamos a construir otras casas en Punta Porá [que limita con Paraguay]. En estas casas hay un servicio integrado: el Ministerio Público, la Defensoría, la Policía, los juzgados penales, el servicio psicosocial, espacio para que los niños se queden ahí, alojamiento temporal para las mujeres, y también en esto pusimos más dinero y avanzamos bastante.
En la salud se creó un programa de teleasistencia en salud mental para las mujeres, porque era una demanda de ellas. En la educación, la implementación de las cuidotecas para cuidar de esos niños para que [sus madres] puedan estudiar a la noche. Son varias las medidas de este gran pacto. También ahora estamos viajando y dialogando con los estados, que tienen autonomía en Brasil. Hablamos con los gobernadores, los presidentes de la Asamblea Legislativa y los presidentes del Tribunal de Justicia para incentivar a tener pactos por estado, porque cada estado tiene una realidad diferente. Pensamos que esto también es necesario en términos de Mercosur.
Y también vamos siempre asociando medidas de formación, de profesionalización, de la inclusión de las mujeres en el mercado de trabajo. Ahora en Brasil tenemos una ley de igualdad salarial, firmada por el presidente Lula, para que mujeres y hombres que trabajan en la misma función puedan ganar lo mismo; ahora no es así, las mujeres ganan 21,3% menos. También está la reciente victoria de la reducción de la jornada laboral y esto también es una forma de que las mujeres tengan sus tiempos libres y tengan autonomía para organizarse en su vida. Para nosotras reunirnos aquí, bajo el liderazgo de Mónica Xavier, es muy importante porque vamos ampliando esta articulación y esta integración de las experiencias.
Foto: Ernesto Ryan
Las recientes elecciones en Brasil terminaron con tres gobernadoras electas y con una representación femenina de 21% en la Cámara de Diputados y casi 15% en el Senado, lo que marca un avance respecto a la situación actual, pero muy lento. ¿Por qué considera que persisten estos obstáculos para que las mujeres ocupen cargos de decisión?
Porque los hombres hasta ahora no aprendieron que también tienen que crear espacios, respetar y apoyar a las mujeres. Parece que está establecido que la política corresponde a los hombres y que las mujeres van a hacer otras cosas. Entonces, ya tenemos desde la Constitución de 1988 un avance en términos de la participación política de las mujeres en todos los espacios de organización y de movilización; cuando hay cualquier marcha, conferencia, consejo, en todos los campos las mujeres están muy presentes, pero no en términos de los mandatos electorales. También tuvimos un avance, por ejemplo, en que los partidos de izquierda definieran cuotas para las mujeres. Hay un estímulo para que más mujeres estén ahí, pero hasta ahora hay una cultura de que las mujeres no necesitan estar ahí. Y hay mucho prejuicio y mucha violencia política de género. Este año se marcó mucho esto, tanto es así que el Supremo Tribunal Electoral hizo una campaña diciendo “política es un sustantivo femenino”, como para empoderar más a las mujeres. Tuvimos un crecimiento de las candidaturas, pero está la disputa por el fondo electoral, por las condiciones de la campaña y por la mentalidad de la población también. A la vez, en un tiempo en que el conservadurismo está muy extendido en todo el mundo y que tuvimos un retroceso en términos del humanismo como un todo, esto también tiene un reflejo.
Nos quedamos felices porque en términos, por ejemplo, del Partido de los Trabajadores tuvimos un aumento de 18 a 25 mujeres como diputadas federales, y también porque muchas mujeres jóvenes fueron electas. Entonces, la bancada de las mujeres creció un poco, pero nuestra lucha siempre es por el 50% de mujeres en todos los espacios de poder. La meta es la paridad siempre. Estamos trabajando bastante para eso.
Una de esas jóvenes electas es Erika Hilton, que se convirtió en la mujer más votada al Congreso en la historia de Brasil. ¿Qué significado político y simbólico tiene que este hito lo haya alcanzado una mujer trans?
Para ellas siempre todo es más difícil. Todo se hace con mucha lucha, con mucha capacidad de movilización y de probar que tienen capacidad. Erika Hilton, desde su primera elección, es un liderazgo que surge y que va incluso involucrando a otras mujeres trans. Por eso estaba como coordinadora de la Comisión de Mujeres del Congreso, siempre teniendo que mostrar más, que probar más. Entonces, para nosotras esta es una señal muy importante, porque en su territorio, en San Pablo, tiene una repercusión y un liderazgo importantes, siempre hablando con las mujeres, con la población, comprometida con la defensa de los derechos humanos, de la igualdad, contra todo tipo de transfobia. Erika es un ejemplo, pero necesitamos más. Y tenemos muchas.
¿Cuáles son los desafíos que enfrentará el Ministerio de las Mujeres en el próximo gobierno?
En 2022 participé en la transición del actual gobierno del presidente Lula y teníamos un relato muy consistente de que necesitábamos reconstruir el país porque todas las políticas públicas estaban destruidas [después del gobierno de Jair Bolsonaro]. Claro que no fue posible hacer todo lo que queríamos en este tiempo, pero hicimos mucho. Incluso la creación del Ministerio de las Mujeres, que no existía. El retorno del Ministerio de Pueblos Indígenas, de Igualdad Racial, Derechos Humanos, Previsión Social, Cultura, Deportes; 14 ministerios que no había. En este tiempo, también con una crisis, con guerra, con tantas cosas, el presidente Lula tuvo una gran sensibilidad y compromiso para poner otros campos de demandas y ahí claro que están las mujeres. Cuando iniciamos, en 2023, hacía diez años que no se hacían conferencias [nacionales de políticas para las mujeres], y para nosotros las conferencias son muy importantes, porque son los espacios en los que las mujeres se reúnen en los municipios, en los estados y en el nivel nacional para decir qué quieren o qué necesitan. Todos los estados hicieron sus conferencias, los municipios también, y tuvimos la quinta Conferencia Nacional de Políticas para las Mujeres, con más de 6.000 mujeres en Brasilia [en 2025], y de esa conferencia surgió la necesidad de un Plan Nacional de Políticas para las Mujeres. Vamos a entregarlo en diciembre.
Por eso, el año que viene empieza el gobierno con un plan nacional que tiene muchas prioridades en términos de ampliación y expansión de los servicios para las mujeres. Da continuidad a las estrategias para la eliminación de la violencia, incluida la violencia hacia niños, niñas y adolescentes, también en el área de formación profesional, de igualdad salarial; procesos que ya se vienen dando y que necesitan avanzar.
También vamos a implantar un Sistema Nacional de Políticas para las Mujeres, para que en todos los municipios y estados tengamos un órgano para las mujeres. Defendemos que todos los países tengan un Ministerio para las Mujeres, porque una política intersectorial necesita tener un órgano que haga esta articulación. Esa es nuestra expectativa. Y así vamos avanzando, atendiendo las expectativas y las prioridades que las mujeres pongan. Esta es la diferencia de un gobierno democrático y popular.
