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Maldonado Ambiente
Archivo, 2025. · Foto: Ignacio Dotti

Archivo, 2025.

Foto: Ignacio Dotti

Tala de árboles en el centro de Maldonado: experto advierte sobre la necesidad de planificar “infraestructura verde”

El licenciado en Gestión Ambiental Germán Taveira afirmó que en Maldonado prima el criterio “ornamental”, en detrimento de otros servicios socioecológicos de la vegetación urbana.

En la última semana, la tala de decenas de árboles de copa en la expeatonal Sarandí para sustituirlos por palmeras ornamentales desató un debate sobre la planificación urbana, la gestión del espacio público y la preservación del arbolado en el centro de Maldonado. El arquitecto Mauricio Tejera, subdirector de Planeamiento de la Intendencia de Maldonado (IDM), salió al cruce de ediles de la oposición, expertos y organizaciones ambientalistas, para defender la medida enmarcada en el proyecto de remodelación del centro fernandino. Sin embargo, al exponer detalles abrió otro flanco para la controversia.

Tejera argumentó en medios locales que el objetivo es reemplazar los árboles retirados por 43 palmeras pindó –de al menos ocho metros de altura– para darle a la calle Sarandí “un carácter de avenida”. Tras destacar el valor ornamental de esta especie autóctona, sostuvo que el daño a los pavimentos “es mucho menor”, ya que las raíces de los ejemplares anteriores habían destruido veredas y tuberías sanitarias, y se habían expandido incluso debajo de locales comerciales.

Además, adelantó que la plantación se hará en noviembre para aprovechar la tierra cálida que requiere esta especie. Aclaró también que la probabilidad de que las pindó sean afectadas por el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) es muy baja, pese a que la plaga motivó la declaración de emergencia en la zona oeste del departamento por el impacto en otras variedades de palmera.

Falta un enfoque más amplio, dice experto

Las aclaraciones de Tejera se contraponen a un estudio académico que plantea la necesidad de planificar la vegetación urbana de Maldonado desde una concepción de “infraestructura verde”, para no perder servicios socioecológicos clave. La investigación, titulada “Aporte a una planificación territorial incorporando el marco de infraestructura verde en la aglomeración central de Maldonado” –que el licenciado en Gestión Ambiental Germán Taveira desarrolló en 2020 y que se actualizó este mes para integrar una publicación de la Fundación María Díaz de Guerra–, ofrece un diagnóstico de los espacios verdes y fundamenta la importancia de pensarlos con un enfoque integral.

Mediante el análisis espacial y la teledetección satelital, el estudio evidenció dos realidades opuestas en la Aglomeración Central de Maldonado (ACM), compuesta por la capital departamental, Punta del Este y San Carlos con su zona balnearia. Por un lado, áreas de barrio jardín y zonas periféricas donde aún persisten parches densos de vegetación que permiten articular “corredores” para consolidar una red ecológica funcional (como Pinares, Las Delicias o San Rafael, en Punta del Este); por otro, cascos históricos como el centro fernandino, que presentan menos áreas verdes, más fragmentadas.

En ese contexto, Taveira plantea el valor de la “infraestructura verde” como una red interconectada de parques, arbolado callejero, jardines y humedales, que provee servicios de regulación térmica, amortiguación de inundaciones, filtrado de aire y bienestar sociocultural. Entiende que la vegetación de la ciudad debe equipararse con los servicios básicos tradicionales, como la infraestructura de agua potable y alcantarillado, la red vial o la infraestructura para la educación o atención de salud.

Abordar las ciudades desde la infraestructura verde implica “un cambio significativo en la forma en que los gobiernos y las comunidades en general conciben los espacios verdes y su planificación, para verlos como una tipología de uso que entrega múltiples beneficios sociales, económicos y ecológicos y que, por lo tanto, son un eje estratégico en el desarrollo urbano”, indica en su estudio. Sin embargo, en diálogo con la diaria, el investigador confirmó que las reformas planteadas para la expeatonal Sarandí no consideraron ese criterio.

Árboles de copa versus palmeras decorativas

Desde la perspectiva socioecológica expuesta en su investigación, el reemplazo o retiro de árboles de sombra en zonas consolidadas agrava los problemas estructurales del microclima urbano. El experto señaló que los árboles de copa ofician como “un parche en forma de isla” cuya conectividad con otros aumenta o ayuda a mantener servicios ecosistémicos.

“Aunque sean pequeños, si los parches están conectados fungen de corredores biológicos y pueden formar parte del hábitat para muchas especies. En este caso, hablando de servicios ecosistémicos, el cambio de follaje de copa hace perder espacio para las especies y también los servicios de sombra o de evapotranspiración que son clave para mantener un ambiente más regulado a nivel climático”, observó Taveira.

La elección de las palmeras pindó, además, disminuye la capacidad de mitigación del microclima debido a su bajo volumen de follaje, sombra vertical reducida y escasa biomasa. En este punto, el investigador enfatizó que la vegetación no debería cumplir un rol meramente paisajístico.

“En Maldonado y en la mayoría de las ciudades, la gestión de la vegetación tiene un componente más de embellecimiento o de acompañar a nivel estético, y creo que la elección de palmeras responde claramente a eso. De planificar teniendo en cuenta una conectividad con otros parches de vegetación, no he visto nada”, indicó.

A su juicio, las decisiones de planificación territorial determinan la disponibilidad futura de los servicios ecosistémicos y “solo integrando el enfoque de infraestructura verde de manera explícita es posible avanzar hacia una sustentabilidad efectiva de los territorios”.

Ediles del FA pidieron informes a la IDM: “Había alternativas”

El licenciado y docente en Diseño de Paisaje Leonardo Moreira y el arquitecto Jorge Pieri, ambos ediles del Frente Amplio (El Abrazo), objetaron la medida de la IDM apenas vieron los troncos talados en el centro. “¿Este es el Maldonado que queremos para los próximos 20 o 30 años? ¿Menos sombra, menos verde y más autos? El progreso necesita planificación. Y planificar también significa cuidar”, advirtió Pieri desde sus redes sociales.

Por la misma vía, Moreira consideró que “el urbanismo debería partir de lo que una ciudad tiene, reconocerlo y mejorarlo; no destruirlo cada vez que cambia una idea”. Y sentenció: “Un árbol adulto no se reemplaza plantando otro. Se pierden años de sombra, de paisaje, de biodiversidad y de identidad urbana”.

Luego, considerando los argumentos del subdirector de Planeamiento de la IDM, Moreira dijo a la diaria que existen alternativas tecnológicas para controlar las raíces sin talar los ejemplares. Como las podas periódicas de raíz, que evitan la expansión subterránea y pueden combinarse con un diseño de “pavimento móvil” para facilitar el corte.

En cuanto a la elección de las palmeras pindó como reemplazo, consideró que hay “muchísimas” especies nativas ornamentales, más frondosas y con raíces acotadas para no levantar las veredas. Además, dijo que al incorporar una especie pueden aplicarse técnicas para encauzar las raíces, como ocurrió años atrás con “espumillas” plantadas en las calles de la ciudad.

Por último, advirtió que la altura de las pindó exigirá instalarles tutores o “muletas” para darles estabilidad inicial. Dado el ancho de la calle Sarandí y sus veredas, estos soportes podrían representar un inconveniente temporal para la circulación peatonal, consideró.

Este miércoles, Moreira y Pieri cursaron un pedido de informes a la IDM para conocer los criterios técnicos de la obra, los detalles de la compra de las 43 palmeras de entre ocho y diez metros de altura, la identidad del proveedor y el monto total de la inversión.