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Opinión Posturas

La ultraderecha genera un terremoto político en Alemania

Los resultados de la reciente elección en el Estado alemán de Sajonia Anhalt para el parlamento estadual han provocado un verdadero terremoto político en Alemania y en toda Europa.

El resultado otorgó a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) un 44% de los votos emitidos; la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido del jefe de gobierno se derrumbó y obtuvo menos de la mitad de los votos de la anterior elección, mientras que la socialdemocracia también perdió apoyo y el Partido Verde mantuvo su votación. El partido de izquierda obtuvo un resultado importante y habría alcanzado más de tres parlamentarios estaduales.

Con ese panorama, el candidato a gobernador por la ultraderecha, Ulrich Siegmund, quedó con 39 votos propios de un total de 83 y a tres votos de poder ser electo por el parlamento, lo que requiere mayoría absoluta. Más allá de que todo indica que con este resultado sería muy difícil impedir que la ultraderecha gobierne el Estado, los efectos sísmicos sobre el sistema político alemán son enormes. Por ejemplo, si las elecciones federales fuesen hoy, todas las encuestas están otorgando un porcentaje similar al partido, que es liderado a nivel nacional por Alice Weidel.

El partido neonazi -así calificado por la Comunidad de Inteligencia Alemana- tocó todas las carencias de una Alemania sumida en una profunda crisis, gobernada por la CDU en coalición con los socialdemócratas y otros partidos. En particular, el país cuenta con un desempleo enorme, una crisis industrial mayúscula, muy graves enfrentamientos con la inmigración y una disminución de las políticas sociales debido a la concentración del gasto público en una frenética carrera armamentista. Por ejemplo, una de las plantas de automóviles más grande de Volkswagen, ubicada en Baja Sajonia, ha sido vendida y transformada en fábrica de armas y ha pasado a integrar el complejo militar industrial transnacional.

Podría decirse que el gobierno de centroderecha ha hecho virar al país hacia la derecha, perdiendo prácticamente su histórico carácter centrista.

La economía está en crisis, con una pobreza de más del 16%, mientras Alemania es el país que lidera el gasto europeo en defensa y disminuye su gasto social. Con este panorama es muy difícil encontrar algún responsable de este descalabro fuera de los partidos de gobierno.

El partido neonazi -así calificado por la Comunidad de Inteligencia Alemana- tocó todas las carencias de una Alemania sumida en una profunda crisis, gobernada por la CDU en coalición con los socialdemócratas y otros partidos.

La ultraderecha no tiene responsabilidad alguna en que varios de sus postulados hayan sido tomados por el propio gobierno, lo que resulta indiscutible en el caso de la inmigración.

La AfD tiene un particular énfasis en conceptos valóricos fascistas, entre ellos, el supremacismo racial, la discriminación con la diversidad, la eliminación del matrimonio igualitario y la expulsión de la mayoría de los inmigrantes. Siegmund, el posible gobernador de Sajonia Anhalt, explica su inquebrantable decisión de introducir cambios en el programa de historia de la educación para corregir aspectos que no “respetan la verdad real de lo ocurrido en el periodo del Tercer Reich”.

Resulta muy claro que el programa económico de la AfD se centra en una reactivación del sector industrial y la creación de puestos de trabajo para “los de adentro y no para los de afuera”. Para recuperar trabajo, salario, y nivel de acceso a la vivienda y servicios sociales, incluso mayor seguridad y menor delincuencia, el camino que se plantea es la expulsión de los inmigrantes .

Esta realidad demuestra la altísima capacidad de elaboración del programa, las consignas y la comunicación política. Sin embargo, la inequívoca responsabilidad es de los otros partidos que en muchos casos, como el de la centroderecha y la propia socialdemocracia alemana, fueron adoptando el camino suicida de acercarse a varias de las propuestas de la ultraderecha . Incluso importantes líderes de la CDU, el principal partido de gobierno, han llegado a acompañar propuestas discriminatorias y degradantes.

El mundo mira ahora con mucha mayor atención el devenir de la política alemana. Llama la atención también la ostentosa hipocresía que practican la ultraderecha, la derecha y la centro derecha. Lucharon por la eliminación del gobierno igualitario y como Alice Weidel están casadas o casados con personas del mismo sexo. Incluso la lidereza de la AfD, casada con una inmigrante de Sri Lanka y con dos hijos adoptados, tiene su vivienda permanente en Suiza.

La AFP plantea una normalización de las relaciones con Rusia, lo que le da credibilidad a sus programas de re industrialización con una fuente de energía mucho más económica.

Se realizarán infinidad de análisis sobre este terremoto político alemán en el futuro. Ni que hablar de lo que esto significa para la vigencia de la Unión Europea. Ahora se profundiza la duda, no ya de su inexorable pérdida de relevancia, sino de su propia existencia.

La salida de la actividad política activa de Ángela Merkel dejó un vacío que nadie pudo siquiera disimular.

Carlos Pita fue embajador de Uruguay en Chile, España y Estados Unidos.