
Fuera de sección
Pesadilla psicolaboral
En mi tierna infancia supe someterme al famoso test de Rorschach. Una psicóloga me mostró unas láminas con distintas manchas de tinta que tenía que describir según mi imaginación. Para mí no requirió demasiado esfuerzo, ya que tenía vasta experiencia viendo figuras en una mancha de humedad que adornaba mi cuarto de Santa Lucía del Este (aunque en esas instancias de veraneos largos no sentía la presión por contestar). Recuerdo que aquel test fue casi como un juego. Imaginaba que por ese lado podía venir una prueba psicolaboral para un puesto estatal: miro unos dibujitos, escribo el primer divague que se me ocurre, y afuera y bailando. Qué esperanza.