La Cámara de Senadores, por unanimidad, aprobó este martes el acuerdo de libre comercio Mercosur-EFTA, que permitirá el acceso de los bienes y servicios del bloque regional a Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. Los cuatro países del EFTA, que no integran la Unión Europea (UE), albergan una población de casi 14 millones de personas y acumulan 4,3 billones de dólares de producto interno bruto. El acuerdo, que se negoció desde 2017 y fue firmado en setiembre de 2025, será considerado este miércoles por la Cámara de Diputados, y está previsto que sea ratificado definitivamente con un amplio apoyo partidario.
El senador frenteamplista Daniel Caggiani, miembro informante del tratado, hizo notar que el acuerdo se suscribe con países europeos que son “los top 10 de los países PIB per cápita del mundo”, con “altos estándares de ingresos medios de la población”. “Es oxígeno puro, más en estos momentos del mundo que estamos viviendo”, cuando “el derecho internacional y el multilateralismo no parecen estar en boga” y hay “una visión más ideologizada del comercio”, afirmó Caggiani. Consideró que el acuerdo implica “un avance estratégico en materia de inserción internacional”, que va a generar empleo y consolidar la participación de empresas del bloque en las cadenas de valor, así como “ampliar y diversificar los destinos de exportación”.
El tratado prevé la liberalización del 97% del comercio birregional. Los países de EFTA liberalizan de manera inmediata los productos industriales y el Mercosur tiene un plazo de 15 años para hacerlo. Además, el EFTA brinda cuotas de acceso exclusivo para el Mercosur: Suiza, Noruega y Liechtenstein brindan 3.665 toneladas de carne bovina libres de arancel y 2.090 toneladas de miel en esas condiciones, mientras Suiza y Liechtenstein dan una cuota de 50.000 hectolitros de vino tinto para el Mercosur.
Caggiani aseguró que el tratado permitirá tanto al Mercosur como al EFTA “una diversificación de sus alianzas, una reducción de las dependencias de otros bloques regionales” y “proyectar influencias positivas en términos de un comercio más libre y jurídicamente protegido”. Estimó que también tendrá impactos positivos en la atracción de inversiones en sectores “clave como la agroindustria, la infraestructura digital y las manufacturas de alto valor agregado”.
Por otra parte, el senador frenteamplista consideró que la ratificación de este acuerdo es también “una señal para aquellos que en algún momento se presentaban como mercoescépticos o pensaban que el Mercosur era un lastre”, que hoy han sido “vencidos por la realidad”. “Nadie habla del escepticismo del Mercosur. Mercosureños como los blancos, pocos”, le respondió a su turno el senador nacionalista Sebastián da Silva. “No me vengan a dar clases de que ahora son los adalides del libre comercio”, complementó la senadora nacionalista Graciela Bianchi, y puntualizó que “la izquierda nunca estuvo de acuerdo con la apertura”.
La senadora frenteamplista Liliam Kechichian le respondió a Bianchi que los gobiernos del Frente Amplio mantuvieron relaciones comerciales con más de 150 países. Recordó que si bien no se firmó un tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos, sí se firmó un acuerdo marco de comercio e inversiones con ese país, y al mismo tiempo se priorizó la negociación desde el Mercosur. Bianchi le respondió que ella no hizo referencia a los gobiernos del FA sino a “concepciones ideológicas” dentro de la izquierda.
La oposición pidió fortalecer la presencia diplomática en países del EFTA
El Partido Colorado y el Partido Nacional, al igual que lo habían hecho en comisión del Senado, votaron a favor del acuerdo. El senador colorado Andrés Ojeda destacó que “no es el trabajo de la política de un solo partido, de un solo gobierno, sino la continuidad de una vocación nacional, la confirmación de una línea de política exterior” que apunta a ampliar mercados. Señaló que es la primera vez que en una negociación comercial el EFTA otorga cuotas de acceso exclusivas, y remarcó que el acuerdo no resigna soberanía regulatoria porque “preserva el derecho del Estado a regular sus servicios públicos” y “resuelve las diferencias por la vía del arbitraje sin incorporar mecanismos inversor-Estado”.
De todos modos, Ojeda consideró que el país precisa “una agenda concreta de implementación por parte del gobierno”, así como fortalecer la presencia diplomática de Uruguay en los países del EFTA, que hoy es “particularmente limitada”. El senador Da Silva coincidió en que es necesario tener una presencia diplomática mayor en ese espacio.
La frenteamplista Kechichian recordó que la embajada de Uruguay en Suecia cubre Noruega e Islandia, y la de Suiza cubre Liechtenstein. Consideró que “no se justifica” una embajada de Uruguay en Islandia, por ejemplo, pero sí anunció que la cancillería tiene previsto “reforzar las partidas que tienen esas embajadas para poder tener una presencia más permanente y hacer un seguimiento más cercano”.
Da Silva destacó la conducta del sistema político en estos casos: “Ante temas importantes, acá no hay pelea, no hay ringui-ringui, sino el empuje, el hombro, la espalda para aprovechar estas oportunidades”. Consideró que la firma del acuerdo es “un logro importante para la política exterior de Uruguay” y “un puente al corazón de Europa sin Bruselas”, en referencia a que las negociaciones con la UE tienen otras complejidades.
