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El canciller Mario Lubetkin, cuando concurrió a la comisión de Presupuesto integrada con la de Hacienda, el 21 de julio. · Foto: Alessandro Maradei

El canciller Mario Lubetkin, cuando concurrió a la comisión de Presupuesto integrada con la de Hacienda, el 21 de julio.

Foto: Alessandro Maradei

Reunión contra el terrorismo político de izquierda: “un error político” que no es “fácil de digerir” en las bases frenteamplistas

En el FA entienden que se “podía intuir” el tono del encuentro liderado por Marco Rubio, ya que es la “línea política” del gobierno de Estados Unidos; el senador Gustavo González llamó a “cuidar” a los militantes frenteamplistas.

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Durante la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reconoció que entre la “coalición” de más de 60 países que convocó había representantes “de una amplia variedad de gobiernos, partidos y corrientes políticas”, algunos de los cuales “discrepan públicamente” con el gobierno del presidente Donald Trump. “Ninguno ha venido aquí hoy porque se haya convencido de todos y cada uno de los aspectos de la visión estadounidense del mundo”, les dijo Rubio. Sin embargo, afirmó: “Están aquí porque esto es real, está empeorando y ya no se puede negar ni ignorar. Es hora de aplastar este mal para siempre”. Ese “mal”, señaló, es un viejo conocido para el hemisferio occidental: el terrorismo político de izquierda, que en la década de 1970, en América del Sur, tuvo el rostro “de los Tupamaros, de los Montoneros, de las FARC, del ELN”.

El encuentro estaba entre los planes de Rubio desde marzo, según consignó la agencia Reuters en su momento. Se preveía como una cumbre internacional para discutir estrategias contra Antifa, el movimiento antifascista de extrema izquierda que Trump calificó como una organización terrorista nacional y que es uno de los principales objetivos de la estrategia de contraterrorismo de su administración. El gobierno de Trump ubica a Antifa detrás de las protestas en contra del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). De hecho, el encuentro recibió el sobrenombre de “cumbre Antifa”.

Entre los países presentes estuvo Uruguay, representado por su embajador en Estados Unidos, Daniel Castillos. El nivel de la representación uruguaya cambió en función de la información que recibió la cancillería sobre la convocatoria, que, en un primer momento, fue “muy confusa”, según explicó el canciller Mario Lubetkin durante la semana. Inicialmente, el evento estaba dirigido a los cancilleres y el canciller evaluó ir. Pero, ante señales ambiguas “sobre el terrorismo”, se decantó por no hacerlo y enviar a Castillos junto con el “segundo” de la embajada “a tomar nota, a escuchar”, dijo Lubetkin el miércoles en el programa En clave país.

Los países participaron con variados niveles de representación. La Argentina de Javier Milei, por ejemplo, envió a su canciller Pablo Quirno. Así también lo hicieron Bolivia, Perú y Paraguay; Chile envió a su secretario general de Política Exterior, Frank Tressler. Otros países que asistieron fueron España, Canadá, Alemania, Italia e Israel. Entre los que declinaron la invitación estuvieron Brasil, México, Colombia y China. Acerca de por qué México no asistió, la presidenta Claudia Sheinbaum explicó que consideraron “que era mejor no asistir”, ya que era un tema “más político que un asunto realmente relacionado con el combate a los grupos delincuenciales”. “En este caso, y por el nombre del evento, consideramos que no era prudente asistir”, afirmó.

Se “podía intuir” el contenido de la reunión y “siempre se puede decir que no”

El razonamiento de México estuvo presente en las posturas críticas que surgieron desde el Frente Amplio (FA), que fueron la mayoría. La declaración de la fuerza política que repudió la reunión fue aprobada por unanimidad en la Mesa Política, según supo la diaria. El exsenador del Movimiento de Participación Popular e integrante de ese ámbito del FA Charles Carrera dijo a la diaria días atrás que, “sin lugar a dudas, esta era una actividad política e ideológica” que el FA no puede “compartir de ninguna manera”.

Antes de que El Observador informara el martes que Castillos había asistido, se creía que la representación uruguaya había sido de menor rango. Desde cancillería solo habían confirmado la presencia de un funcionario de la embajada. Carrera consideró que “no fue feliz” la comunicación que se hizo. Por su parte, el presidente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del FA (Carifa), Fernando Gambera, dijo a la diaria que “es evidente” que la fuerza política se enteró “mal y tarde”.

El senador y secretario general del Partido Comunista Óscar Andrade, entrevistado en el canal de stream Dopamina, fue categórico: “A mí me dio vergüenza, yo pensé que era una fake”. El primero en marcar la posición del FA fue su presidente, Fernando Pereira. El domingo, en una entrevista con el programa Legítima defensa, manifestó: “Si me preguntás cuál es la posición del FA en torno a esto: [es] un ‘no’ rotundo. Si me preguntás cuál es la posición del gobierno: también [es] un ‘no’ rotundo. ¿Por qué se estuvo? Bueno, fue una decisión de escuchar y claramente también un rechazo a ese tipo de aseveraciones que solo hacen daño y generan polarización en la sociedad”.

Gambera consideró que, más allá de que quizás el discurso de Rubio “fue peor de lo que uno hubiera podido esperar”, se “podía intuir que iba a ser así” desde la convocatoria. “Se sabía de antemano que esa línea política es la que está llevando el gobierno de Estados Unidos adelante y por eso no debió haber estado Uruguay”, afirmó. En esa línea, el senador socialista Gustavo González señaló a la diaria que “todo lo que diga un elemento como este fascista internacional [en referencia a Rubio] hay que leerlo tres veces, cuatro veces, porque es el hombre que está impulsando una propuesta de guerra para el mundo”. “Hay que abrir los ojos frente a eso, no podemos sumar a este tipo de actividades”, señaló.

González consideró que Uruguay podría haber declinado la invitación. “Siempre se puede decir que no”, señaló. Aclaró que no se trata de no mantener relación con Estados Unidos, pero “ir a una reunión de alto nivel de la antiizquierda mundial es un error político”. Andrade afirmó que el gobierno no está “obligado a ir a una cumbre donde el centro es el combate a la izquierda”. “¡Estamos locos! No tenés ninguna obligación”, remarcó. Agregó que, si bien está claro “que la fuerza de Uruguay no da para enfrentarse, mínimo tenés que estar reclamando todos los días respeto al orden internacional”.

El presidente de la Carifa sostuvo que, si efectivamente existe un trasfondo de presiones sobre Uruguay, debería “ser evaluado y problematizado”. En caso contrario, consideró necesario “discutir cómo debe posicionarse Uruguay frente a este orden internacional que pretende imponer el gobierno de Trump”. A raíz de esta situación, la Carifa está organizando una reunión ampliada con la dirección del FA, militantes, académicos y “actores calificados” en temas de política internacional para abrir un debate sobre “la situación de la gobernanza global” y cómo se inserta Uruguay en el escenario internacional.

En general, en el FA se interpretó la participación de Uruguay como un error. El diputado Sebastián Valdomir dejó constancia de eso durante la comparecencia de cancillería en el Parlamento por la Rendición de Cuentas. Allí expresó que la participación en una instancia de ese tipo resulta incongruente con “uno de los ejes vertebradores de nuestra política exterior en este período”, que es que Uruguay sea un país conciliador y promotor de negociaciones. “Creemos que no nos sirve, que no sirve a nuestros objetivos, que no sirve a la defensa de nuestros intereses nacionales y que, claramente, en un momento como el actual de nuestra región, que requiere certezas y tratar de pacificar y desescalar aquellas controversias y conflictos que están en ciernes, pensamos que fue un error haber participado”, afirmó.

Gambera dijo que el contenido de la reunión “es rechazable de punta a punta, no solo porque es una referencia a una fuerza política histórica, sino también porque, de alguna manera, va en contra de nuestro principio democrático de no injerencia”. Gambera agregó que le “consta” que hechos como este “generan malestar” en la base del FA, porque también lo genera en sus actores políticos. González señaló que, para la base del FA, no es “fácil de digerir” esta situación. “Yo creo que hay que cuidar a nuestra gente, los mensajes que damos y demás”, advirtió.

El canciller, no obstante, volvió a aclarar que “el partido político tiene el rol del partido político y el gobierno tiene el rol de llevar adelante la orientación del partido político de gobierno con las características propias de la gestión que lleva adelante diariamente”, señaló en el Parlamento.

La acusación a Cuba

Al argumentar sobre el carácter transnacional de grupos como Antifa, Rubio habló de “redes clandestinas de refugio y financiamiento” que sostienen estas organizaciones para que sus integrantes puedan moverse entre los países y “participar en los ataques de los demás, distribuir propaganda, materiales de capacitación e información”. Además, “colaboran con Estados extranjeros hostiles que comparten su misión”. El secretario de Estado apuntó contra Cuba, cuya “extensa red ideológica y de inteligencia” ayudó a “construir la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio, y sigue estando indisolublemente vinculada a los grupos y movimientos de extrema izquierda en todo Occidente y más allá”.

El Departamento de Estado publicó esta semana un informe en el que se extiende por más de 100 páginas sobre cómo Cuba, desde la década de 1960, ha conseguido “reclutar, formar y movilizar una coalición global de activistas, intelectuales y grupos políticos” para así tejer “una extensa red revolucionaria que dio forma a una porción desproporcionada de los movimientos extremistas más famosos e influyentes de los Estados Unidos, desde las Panteras Negras y el Weather Underground hasta Antifa”. Asegura que esa red continúa a día de hoy vinculada a “organizaciones sin fines de lucro de izquierda, colectivos anti ICE, grupos socialistas y organizaciones militantes marxistas en todo Estados Unidos”.

Al igual que Rubio en la reunión, el informe repasa cómo “la Cuba comunista ha sido el principal patrocinador del izquierdismo revolucionario en las Américas”. En Uruguay, señala, “Cuba entrenó y armó a los Tupamaros, grupo guerrillero marxista que llevó adelante ataques mortales contra funcionarios nacionales y extranjeros, incluido el secuestro y la ejecución de un asesor de seguridad estadounidense”. “Las huellas de esta era de terror respaldado por Cuba todavía son visibles en la política”, afirma el documento, que recuerda que el presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, integró la guerrilla urbana M-19.

Durante su discurso, Rubio se refirió a un “punto ciego” de la doctrina antiterrorista “cuando se trata de violencia extremista de la izquierda política”. A su criterio, hay un “prejuicio ideológico” que hace que “la idea misma de que el terrorismo de extrema izquierda podría ser una grave amenaza se trata como un sueño de fiebre de derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista”. A su turno, el asesor de Seguridad Nacional Stephen Miller –arquitecto de la política migratoria de Trump– dijo a los presentes que la “apelación a las libertades civiles” de los grupos de izquierda debe “caer en oídos sordos”, ya que “es la táctica que la izquierda siempre utiliza para tratar de protegerse de enfrentar sanciones penales”.

“Cuando el izquierdista –que no cree en la libertad, que no cree en los derechos civiles, que no cree en ninguna noción ordenada de justicia– protesta diciendo que estamos violando sus derechos, hay que entender que está mintiendo para tratar de persuadir a quienes no siguen de cerca la escena política de que se ha cometido alguna injusticia en su contra”, afirmó.

El “laboratorio de control sobre América Latina”

La categorización de estos grupos de izquierda, para Gambera, es “el camino de la justificación”. “Es una forma de calificar y de armar una narrativa, un discurso que justifique cualquier intervención en donde sea”, sostuvo.

En diálogo con la diaria, el politólogo Carlos Luján analizó que “es parte del laboratorio de control sobre América Latina que se ha desplegado” desde la asunción de Trump. Ve este discurso antiterrorista como “un paso más” respecto del que se dio con la categorización de los grupos de crimen organizado como narcoterroristas.

“Cuando pasás del combate al crimen organizado, que es un tema policial, al terrorismo, empezás a pensar estos asuntos en términos de lucha antiterrorista y contraterrorismo, con el despliegue de las Fuerzas Armadas y la militarización de la sociedad”, señaló. Esa estrategia, consideró, “es muy coherente con ir al pasado histórico y decir que este ya no es solo un problema de bandas criminales, sino de terroristas que no solo están vinculados al crimen organizado, sino a los grupos de izquierda”.

Bajo esa política, afirmó, Estados Unidos empieza “a tener puntas para la intervención” ya no “solo en los países latinoamericanos, sino en el propio Estados Unidos”. Analizó que “el peligro” es que, en el marco de “una política de presiones” –primero económicas, como los aranceles u otras medidas–, llegado el caso, “si eso no alcanza”, se recurra a otro tipo de presiones. En ese marco, también advirtió por las “intervenciones por invitación”, es decir, la eventual asistencia de Estados Unidos a gobiernos de derecha que acusen a “la izquierda como un grupo terrorista”. “Ahí transformás a los adversarios, porque ponés el mote de ‘terroristas’ en enemigos, y a los enemigos se los destruye”, señaló.

Partido Colorado citará a Lubetkin

El senador colorado Andrés Ojeda solicitó la comparecencia del canciller ante la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado para aclarar “el alcance de la participación de Uruguay” y la postura del gobierno.

El senador se refirió a la primera declaración de Lubetkin sobre el tema, cuando afirmó: “No admitimos que se trate a ninguna fuerza de este gobierno de esa manera”, en referencia al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

“Lo que no entendemos es cómo puede ser que, después de haber hecho eso y haber enviado a un funcionario, el canciller de la República, hablando en nombre del Estado uruguayo, enfrente públicamente al mayor funcionario diplomático de los Estados Unidos para defender a un grupo terrorista uruguayo, porque nada de lo que dijo Rubio es mentira”, sostuvo Ojeda en rueda de prensa.